3.9.17

Lena Yau: "Siendo dueños de nuestra historia culinaria también se hace resistencia"


Foto: Emilio Kabchi


Entrevista: Rubén Darío Rojas.
Contrapunto.
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Especialista en vincular literatura y gastronomía, la autora venezolana residenciada en España, cuenta en exclusiva para Contrapunto su especial relación con los sabores venezolanos y sus ideas sobre la "literatura gastronómica"
La conversación telefónica con la escritora gastronómica venezolana Lena Yau, derivó en un cuestionario que le permitió a la escritora, desde su espacio de confort, responder pausadamente, sin preocupación de husos horarios ni distancias, las preguntas que le hicimos desde Caracas.
–Cuentos, novelas, poemas, ensayos se inspiran o tienen como protagonistas a cocineros, platos, ingredientes o sensaciones referidas a sabores y olores, algunos textos son realmente recetarios “dramatizados”, ¿en qué casos tú crees que se puede hablar de "literatura gastronómica"?
–Se entiende como literatura el arte de la expresión verbal, el conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género y el conjunto de las obras que versan sobre una determinada materia. Esas son las tres primeras acepciones que maneja el diccionario de la Real Academia Española cuando consultamos el término. Hablamos entonces de literatura gastronómica desde esos y muchos más ángulos. Desde el punto de vista verbal, todo contenido de transmisión oral y escrita que gire alrededor del universo gastronómico es literatura. 
Desde el punto de vista de un cuerpo que engloba lo que se produce en esa materia en un territorio determinado (en el caso que nos ocupa, nuestro país) es literatura gastronómica venezolana y, en el caso de los géneros, se abre de nuevo el abanico de opciones: los recetarios y manuales, los textos que recogen las biografías de los cocineros y restauradores, los diccionarios y glosarios culinarios, los libros de antropología e historia de la alimentación, las guías de restaurantes, las reseñas y críticas a platos y productos en publicaciones periódicas impresas y digitales.
También los que enfocan el tema de manera lateral: los diarios, los diarios de viajes, las crónicas de Indias, los textos sagrados, los libros que dan cuenta de la presencia de convites, banquetes y bodegones en la obra pictórica de un determinado artista, los estudios que analizan los usos y costumbres en la alimentación y la mesa y su evolución en el tiempo, en fin, todo aquello que se centre en o rodee al alimento, a la mesa, a la cocina, a lo culinario, es literatura gastronómica.
A esto hay que sumar los trabajos de ficción: novelas, cuentos, poemas, micro cuentos, gastroficciones. En estos trabajos, el discurso gastronómico puede ser central y descriptivo, soterrado y simbólico o una mezcla de lo evidente y lo cifrado. En el primer caso se encuentran "Como agua para chocolate", de Laura Esquivel; "El festín de Babette", de Isak Dinesen; "El Gourmet", de Lu Wenfu. En el segundo caso las novelas de Coetzee, de Herta Müller o la poesía de Juan Gelman. Y en el tercer caso, "Réquiem", de Antonio Tabuchi; "Una mosca en la sopa", de Charles Simic y "El Rodaballo" de Gunter Grass.

                 Hormigas en la lengua" ha inspirado a cocineros y artistas interesantes propuestas.

–El tema sensorial es fundamental en tus escritos, al menos así lo percibo yo ¿Cómo entra a tus letras ese tema?
–No fue una decisión consciente. Traduzco la vida desde lo onírico, y lo onírico es el relato derruido y yuxtapuesto de lo que ocurre en vigilia. El sueño busca recomponer un puzzle, armándolo con algunas piezas boca arriba y otras boca abajo. El intento de conexión da lugar a un tejido sinestésico. Al despertar el remanente de ese código de lectura entinta al código de vigilia y ya no somos capaces de percibir la realidad en su naturaleza inmediata, ya no queremos lo fáctico. Eso es lo que me sucede a mí. Al no encontrar un interlocutor que maneje esa lectura, sólo me queda el papel. Por eso escribo. Por eso me comunico desde la escritura. Siempre filtro la realidad desde la comida. Desde que tengo conciencia, la mesa, los platos, los sabores, tanto en lengua como en letras, me dicen al mundo. Al dormir y soñar, la presencia de lo sensorial permanece. Lo interesante es que en vigilia lo sensorial es un espacio de libertad. En los sueños esa libertad se eleva a potencias sin número posible.
"Comencé a escribir y no sabía que los elementos relacionados con los sabores, con el paladeo, con la oralidad, con la lengua que lame, que gusta, que pronuncia, vertebraban mi trabajo. Sólo cuando comencé a leerme, a conversar con amigos, a analizar mis lecturas y la forma de hacer esas lecturas y a repasar mi diario, me di cuenta que mi cartografía se movía en esos vértices. Escribir y leer son memoria y la memoria es caprichosa", explica Lena.

        La escritora venezolana ojea desde la distancia los sabores de Venezuela. Foto: Emilio Kabchi

–¿Cuál es el plato de infancia que más recuerdas, o extrañas, y del que quisieras escribir?
–Más que platos, recuerdo y extraño dos cosas: la reciedumbre de los ingredientes y la posibilidad de comerme al paisaje directamente desde el paisaje. Lo primero no es necesariamente sublime, estético, ensoñador. Pero para mí es la perfección: la tierra húmeda que llena las raíces del cilantro y en las se puede oler la lluvia, la resina acre y pegajosa que lloran los mangos, los huevos de gallina con plumitas y caca, la piña que rebanas y te agua los ojos, que muerdes y te rompe el velo del paladar, el jugo de caña que deja poso en el vaso de plástico, la carne de Santa Bárbara: llevarte un trozo a la boca es sentir el calor, es escuchar los pasos de las reses. En cuanto a lo segundo, echo de menos el placer de comerme al paisaje en el paisaje: comerme una lapa recién despegada de la piedra, sorber un erizo abierto recién sacado del mar y abierto en dos mitades por las manos de mis padres.
El azar me ha premiado con amigos que son genios de los fuegos y que me hacen volver a esos lugares de infancia. Crean platos que, sin ser los mismos, y muchas veces sin tener los ingredientes de mi añoranza, me trasladan a esos lugares que mi memoria gustativa reclama. Intuyen mis querencias y las calman. Pero sólo lo justo. La querencia siempre debe estar viva. Me queda pendiente escribir sobre esto. También sobre el huevo que no llegó a ser pollito y regalarle el texto a Sumito. Me queda por escribir sobre muchos goces y sobre muchos “no goces”. Los alimentos hacen un diccionario y los diccionarios son una invitación constante a crear.

–La escritura es una forma de resistencia, ¡ahora insistimos que la cocina también los es!, ¿cómo hacemos resistencia desde las ollas?
–Entendiendo que la alimentación es nuestro derecho y que preservarla es nuestro deber. Comprendiendo que si bien nos secuestraron el alimento tangible no podemos permitir que nos secuestren el alimento simbólico. 
El alimento simbólico es aquel que nos explica como cultura. Para proteger la historia de nuestra alimentación y el futuro devenir de la misma, tenemos la palabra. El día que dejemos hablar de comida, olvidaremos las palabras que designan a los alimentos que no están, y si olvidamos esas palabras, perdemos los recursos para reclamar su regreso. Asumiendo que elegir lo que comemos, sentir placer mientas se cocina y frente a la mesa, glosar el disfrute, golosear el paladar, alimentarnos como decidamos, son acciones inherentes a la libertad.
Haciéndonos dueños de nuestra historia culinaria; leyendo textos que explican por qué somos maíz, ají y casabe; siendo conscientes de la ruta de nuestras preparaciones; descifrando qué ingredientes de nuestro mapa tienen una receta, qué ingredientes vinieron en barco.
Apoyando a nuestros productores, a nuestros cocineros, a nuestros cronistas, a nuestros emprendedores, a nuestros centros de enseñanza, desde los primeros años educativos hasta la universidad, desde la señora que enseña a hacer tortas y postres en su casa hasta las escuelas culinarias; cuidando nuestros fondos bibliográficos; atendiendo actividades en centros culturales y librerías; asistiendo a los festivales y concursos populares de comida; siguiendo el trabajo que hacen los gestores de la cultura gastronómica y la Academia.
Comiendo lo que leemos y leyendo lo que comemos; defendiendo a nuestras recetas de cualquier intento de falseamiento e ideologización; no permitiendo que se haga de nuestra comida un vehículo de propaganda; cocinando siempre, registrando las recetas que se han inventado para paliar la crisis; documentando cada cambio en nuestras costumbres; conociendo el nombre de nuestros frutos, de nuestros peces, de nuestras legumbres; ubicando la responsabilidad de la crisis alimentaria a quien corresponde. 
El cocinero hace su trabajo. Él no creó el hambre. Por el contrario, su hacer busca mantener el hambre a raya, no sólo atendiendo comensales sino como fuente de trabajo para un grupo importante de trabajadores. Agarrando la sartén por el mango para guisar cuando toca, y para protestar haciendo de ella un tambor, tantas veces como sea necesario. Diciendo comida con la misma fuerza que decimos sol cuando llueve. Así. Sigamos diciendo comida.




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16.8.17

Romántico


                                              Foto de Miguel Vallinas


Ciegos de hambre pidieron, con la amabilidad que la urgencia les permitía, una mesa.

El maître iba a despacharlos sin miramientos cuando reparó en el amor que proyectaban sus ojos extraviados, en el sudor frío de la mano del chico y en la tormenta de truenos del estómago de la chica.

Ella jugaba al equilibrio sobre sus tacones de aguja para así poder simular que tropezaba.

Era una excusa para dejar caer sus pechos tibios sobre la espalda de su novio.

Él buscó su mano, la apretó fuerte, exhaló un ¿estás bien? casi inaudible.

Estamos completos. Pero tengo un reservado, una mesa para dos. Es muy íntimo y poco iluminado, añadió con un guiño cómplice.

Noche romántica para dos amantes de verano.

Por orden del maître no se encendieron las velas de la mesa.

Retiren las briseras, tomen nota y no los molesten.

Ordenaron ensalada de bogavante, fondue de carne y champagne rosado.

Él pidió descorchar.

El mesonero trajo la comida, la bebida y los dejó a solas.

Ella tanteó el aire buscando su mano.

Él agitó la botella para que el corcho saliera con arte.

Tras el plop de costumbre se escuchó un sonido mullido seguido de un sollozo.

¿Qué tienes, gatita?

Estoy un poco emocionada, dijo entre lágrimas.

Trenzaron sus brazos y brindaron. 

Él mojó su piel en la de ella. Esa humedad lo confundía, ave de vuelo desorientado, derrotado apenas por un roce. Pero el hambre…

Ella se hizo con el bogavante.

Separó la cola y las pinzas.

Tomó las tenazas y atacó el caparazón.

Le pareció que estaba suave.

Tal vez no era bogavante sino cangrejo de concha blanda.

Decidió callar. La velada seguiría siendo perfecta.

Escarbó el interior de las pinzas con la espátula y trinchó lo que pudo de la carne del bogavante/cangrejo. 

Sintió que su novio se estremecía.

¿Qué tienes, brujete?

Muero por tus huesos, rubia, le dijo con voz atiplada.

Ciegos de amor comían desde el otro y en el otro, se tocaban, tragaban, se decían y bebían, se leían con las yemas de los dedos, con la respiración, con la punta de la lengua. Se nutrían mutuamente, alternaban bocados, besos y mordiscos.

Un sonido les indicó que el aceite hervía.

Ensartaron la carne en los pinchos y la sumergieron en la cazuela.

Un olor muy dulce invadió la mesa.

Les gustaba poco hecha.

Cada quien tomó su pincho, liberó la carne cocida en el plato y la salseó.

Ella en Dijon para él, él en finas hierbas para ella.

El tenedor de él apuntó hacia ella, el de ella hacia él.

A cada bocado un gemido, un escalofrío, una caricia líquida, ahogos, susurros gangosos que acabaron en el silencio más puro.

Cuatro horas más tarde, Isidoro, el maître, gritaba a la policía su inocencia. Sólo quiso hacerlos felices, se veían muy enamorados, ¿cómo iba a saberlo?

Mi único pecado es ser un romántico.

Los encargados taparon los cuerpos con una sábana.
A ella le faltaba un ojo.
En su lugar había un corcho Dom Ruinart Rosé del 96.
Tenía el rostro y el cuello perforados.
Un tenedor se había clavado innumerables veces.
Tocó la yugular en cuatro ocasiones.

Él tenía los dedos de las manos destrozados.
Las tenazas para cascar el bogavante los habían triturado.
Estaban descarnados.
Exponían sin pudor sus falanges.
No tenía nariz. Tampoco boca.
El torso de tan agujereado parecía un colador.
La poca sangre que le quedaba en el cuerpo la contenía el pene.
Tenía y mantenía una erección mayúscula.
Los forenses, entre risas, no daban crédito.

Murieron desangrados.

Ciegos de hambre.
Ciegos de amor.
Ciegos totales.

¡Eran ciegos, idiota! ¿cómo no te diste cuenta? ¿a quién se le ocurre dejar cenar a una pareja de ciegos sin supervisión?


A un romántico, contestó Isidoro, el maître, cuando el estupor se lo permitió.



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3.7.17

El vídeo de la charla "La cocina venezolana en tiempos de resistencia; palabra, oficio e identidad. Miro Popić | Héctor Padula | Lena Yau". Resumen de 21 minutos.





Muchas gracias a Alfonzo Iannucci y a su página Diáspora Venezolana por un entusiasta apoyo y por un trabajo pulido y preciso.

El vídeo de la charla "La cocina venezolana en tiempos de resistencia; palabra, oficio e identidad. Miro Popić | Héctor Padula | Lena Yau",  está abajo.

Son 21 minutos que resumen muy bien el evento.

Finaliza con las conmovedoras palabras de Miro Popić :

Las calles están llenas de muchachos jóvenes vestidos con filipinas.
Ellos llevan con orgullo su blanco uniforme de cocineros mientras que otros sienten vergüenza de vestir un uniforme verde olvida.

Todo este #sigamosdiciendocomida es el preámbulo de un libro en el que estamos trabajando.









27.6.17

Charla La cocina venezolana en tiempos de resistencia: palabra, oficio e identidad, Miro Popic, Héctor Padula y Lena Yau.





Este jueves 29 de junio de 2017 estaré conversando junto a Miro Popić y Héctor Padula sobre "La cocina venezolana en tiempos de resistencia: palabra, oficio e identidad".

Cocineros, escritores, periodistas, fotógrafos, empresarios del mundo de la alimentación, empleados de restaurantes y afines, emprendedores, gen
eradores de contenidos culinarios, todo un conjunto de voces y manos que ejercen un oficio con verdadera vocación en un momento sumamente complejo para ello.

¿Debemos apagar los fuegos, soltar el teclado o debemos enfrentar el temporal y seguir haciendo y diciendo comida? 

¿Cómo es la resistencia desde este espacio? 

¿Por qué debemos insistir?

Este es el trabajo que me ocupa y que desembocará en un libro porque lo que no se escribe, no existe y de estos años aciagos tiene que quedar un registro que nos impida olvidar y que nos acompañe en el camino de la reconstrucción.

Mientras este libro va escribiéndose, los invito a esta charla en esa plaza fantástica para el cruce de pensamiento y para el intercambio de ideas que es Cesta República

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16.6.17

Recital "Poesía de ida y vuelta para un Solsticio de Verano" Carmelo Chillida y Lena Yau







"Poesía de ida y vuelta para un Solsticio de Verano".

Participan los poetas hispano venezolanos Carmelo ChillidaLena Yau y el editor David Alejandro Malavé

Se leerán poemas de los libros "Lo que contó la mujer canalla" de Lena Yau y "Desde el balcón" de Carmelo Chillida, y oiremos los comentarios del editor sobre la emigración y las fiestas del solsticio, como fuentes imaginales de la Poesía.

Desde el balcón. Kálathos ediciones Caracas, 2016:

"Para Alfredo Pérez Alencart, poeta y profesor de la Universidad de Salamanca, “la poesía de Carmelo Chillida (en Desde el balcón) busca alejarse de la lengua pontificia para habitar el instante de la pura erosión hasta expresar lo que posiblemente vea cualquier caraqueño inmerso en una ciudad donde retumban la belleza y el disparate mayor. Chillida desesconde su historia y también testimonia las dimensiones verdaderas de su entorno, siempre presidido por el imponente Ávila."

Lo que contó la mujer canalla. Kalathos ediciones, Caracas 2016:

Elisa Lerner apunta que "La autora parece escribir sobre un escritorio de páginas atlánticas movibles. En las cuartillas de su poemario o de su primera novela cuida del jabillo que dio jardín a su infancia. La montaña caraqueña en Lo que contó la mujer canalla se convierte en exacto poema porque en Lena el intertexto no es solo bella arbitrariedad que sigue fidedigna a la frase original sino una forma de dar luz a su corazón mientras se cumple el arraigo oceánico . Sucede el milagro. Se es poeta en Caracas y escritora en Madrid o viceversa. En suma, es la arboleda desangrada en la emigración que Lena Yau cura a través del poema".

Centro De Arte Moderno-Madrid
C/Galileo, 52
28015 Madrid
España
Miércoles 21 de junio, 20 h
Entrada libre y gratuita hasta completar aforo



2.6.17

Sumito Estévez me entrevista para Diario de un chef



Hace mucho que quiero narrar la mesa que se hace en Venezuela.
Dadas las circunstancias de nuestro país, lo he ido posponiendo.
Ese letargo ha dejado espacio para reflexionar sobre el tema.
¿Debo callar?
¿Me estoy autocensurando?
¿Es justo el silencio en torno al trabajo de nuestros cocineros?
De madrugada leo y encuentro respuestas.
No, no debemos callar.
No, no es autocensura: lo que quieres contar pide páginas de libro.
No, no es justo con esos creadores y hacedores que trabajan en medio de una crisis de grandes dimensiones, en escasez, en hambre, en un contexto altamente sensible.
Escribiré largo, glosaré los fuegos de los maestros, contaré sus lecturas y traduciré en palabras la poesía de sus platos.

En dictadura la autenticidad es subversiva y peligrosa.

Todo lo que sea libre y creativo ejercicio es una amenaza para el autoritario, el que constriñe, el que impone rigidez lingüística y pensamiento seriado.

La gastronomía es nuestro patrimonio.

Tenemos que defenderlo.
¿Aún en ausencia?
En ausencia más que nunca.

Mi querido Sumito Estevez es uno de esos magos de los que quiero escribir con largura.

Hoy me nombra madrina de un plato que amo y lo hace con el cariño y con la complicidad de la amistad.

Me reservo esa historia para las letras que aspiro en papel.

También desde ese mismo cariño y con la complicidad amistosa, me hizo la entrevista más bella.

No sé si merezco todo el detalle y todo el cuido que le puso a la misma.

Sé que me hizo muy feliz y sé que es un regalo que jamás voy a olvidar.
Sumo y el equipo de producción me hicieron sentir en el cielo.
Quizás eso querían y quizás por eso escogieron un telón de fondo inigualable.
Gracias a todos por un trato exquisito.
Una hora de conversación deliciosa, de risas, de amistad en ejercicio, de literatura, de gastronomía, de esa ciudad-país que amo tanto.
La entrevista se emite este domingo a las 11:00 am (Reloj Caracas).
Para verla en Venezuela: DirectTV 235 y 14 ínter cable.
Para verla en USA: DirectTV 427.


El domingo haré un recordatorio y seguramente Sumo también.

Por favor, si alguien en Caracas me la puede grabar me haría muy feliz!

6.4.17

Entrevista en Caracas vuelta y vuelta






Agradecida por la conversa feliz en una mañana caraqueña.
Ir a Caracas vuelta y vuelta y compartir con Faitha NahmensInés Espinall y Ocarina Castillo, siempre es un gusto.
Continuar la charla fuera de cabina entre cervezas fue un regalo.
Dejo por aquí los enlaces un programa de una hora (24 minutosaproximadamente cada parte) en el que se habló de Terra de otra voz (Terra Gráfica + Hormigas en la lengua), de mi infancia y mis regresos a Caracas, de Filcar, de Cubagua, de Literatura y Gastronomía.





PRIMERA PARTE PINCHANDO EL ENLACE:



SEGUNDA PARTE PINCHANDO EL ENLACE:


https://soundcloud.com/lena-yau/vuelta-y-vuelta-2da-pte-faitha-nahmens-ines-espinal-y-ocarina-castillo-conversan-con-lena-yau

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