10.12.14

Presentación de Redescubriendo la exótica cocina de las Américas de Emiliano Reyes





Emiliano Reyes es un cocinero de mapas.

Investigador sesudo, explorador incansable, observador de sabores, catalogador de expresiones, viajero de ida y vuelta, se dio cuenta de que el ejercicio práctico de sus pasiones y saberes necesitaba ser registrado.

Cambió el fuego por la tinta para escribir una cartografía gastronómica.

Así nace "Redescubriendo la exótica cocina de las Américas", una bitácora que recoge cómo Emiliano reinterpreta platos emblemáticos.

Cada plato es un viaje que viene acompañado de fotos bellísimas: un lujo de imágenes firmadas por Thomas Gerlach.

Gracias a la generosidad de Emiliano, amigo de puertas abiertas, participé en su hermoso proyecto: un libro delicioso que espero sea el primero de muchos.

Me emociona presenciar el vuelo de estas páginas.

Emiliano querido, de nuevo y como tantas veces, gracias por alegrarnos los paladares, gracias por esta amistad infinita, gracias por la invitación a un viaje en letras.

¡Muchísima vida para el libro!

El martes 16 de diciembre acompañaré a Emiliano en la presentación de este libro.

Los esperamos el 16 de diciembre a las 19:30 en La Panamericana*. Calle Pelayo, 27, Madrid.


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3.12.14

Letras al vuelo. Juan Carlos Bertorelli / Amalia Pereira. Poesía + collages.

Imagen: Amalia Pereira.









Hace algo más de un año conversaba en la terraza del Círculo de Bellas Artes con Juan Carlos Bertorelli.

Hablábamos de literatura, de creación, de poesía.

Me comentó que tenía un poemario, que llevaba muchos años escribiendo, que no estaba seguro de publicar.

Esto último me sorprendió muchísimo.

- ¿Por qué?, le pregunté. Quien escribe desea ser leído.

- Es que hay tanto publicado, tanta letra rotunda, bella, tanta poesía enajenante...¿para qué? 

-Para que te lean. Para que enajenes también.

Para entonces conocía algo del trabajo de Juan Carlos. 

En los meses que siguieron continué leyendo sus poemas. 

Me sorprendieron y me siguen sorprendiendo. 

Juan es un comunicador vinculado a la imagen. 

Su escritura abraza lo visual, el movimiento, la palabra como objeto precioso, tangible, comestible. 

El arte llama al arte siempre.

En la búsqueda constante de expresión y belleza Juan se encontró con Amalia Pereira.

Amalia es una artista visual con una sensibilidad única. 

Sus fotos son delicadeza y sus collages un cosmos lleno de mensajes. 

Pájaros, dirigibles, transportadores, caracolas, horizontes de tierra y mar, casas, gimnastas, mujeres etéreas, hombres meditabundos, transparencias, melancolía y el corazón como músculo que impulsa y hace circular cada elemento para ser una totalidad. 

Del encuentro entre la poesía de Juan Carlos y los collages de Amalia nace un libro precioso: Letras al vuelo. Un homenaje al blanco y negro.

Es un libro joya, un libro que hace feliz, un trabajo hecho con mística y cariño.

26 poemas de Juan Carlos Bertorelli / 27 collages de Amalia Pereira. 

La edición es español / inglés.

Para verlo y comprarlo dejo el enlace: 


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1.12.14

El Atlántico, el Caribe, el jabillo.

                                Foto:  Roberto Echeto. Mi jabillo en Chacao. (1)



                                Foto: Roberto Echeto. Vistula. El edificio de mi infancia. Chacao. (2)







A Roberto Echeto* este texto que, como el jabillo, seguirá creciendo.
Gracias muchas veces.


Preparé un texto para la Mesa Redonda Venezuela en la distancia.

El texto incluía fragmentos de la novela Hormigas en la lengua que será publicada próximamente por Sudaquia Editores*, un cuento que forma parte de un libro de relatos en el que trabajo y un sueño. 

La actividad fue tan bien que hablamos muchísimo y leímos poco.

Se nos preguntó cómo nos sentíamos respecto a la situación de Venezuela: inmigrantes /exiliados /desterrados y cómo esa experiencia ha transformado / influenciado /condicionado lo que escribimos.

Yo contesté que no me siento inmigrante, exiliada, desterrada. 

Si tuviera que definirme diría que estoy en suspensión. Y que desde esa suspensión escribo.

Copio el texto que escribí incluyendo únicamente el sueño.

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Soñé que caminaba por Chacao. 

Todo estaba muy cambiado.

Los edificios antes habitados por inmigrantes eran ahora gastronomía vertical: locales con propuestas ligeras, desenfadadas, lúdicas y en algunos casos confusas.

Subí a la azotea del edificio Coro y me senté en una mesa.

Cuando hice mi pedido una pareja que ocupaba la mesa vecina me preguntó:

- ¿De dónde eras? 

- De aquí, les dije. Era y soy de aquí.

- ¿Con ese acento? 

- ¿Qué acento? Los venezolanos no tenemos acento. Eso lo sabe todo el mundo. Yo soy venezolana. No tengo acento.

- Tienes un acento marcadamente diacrítico.

- No tengo acento. Soy caraqueña.

- Tienes que demostrarlo.

- ¿Por qué?

- Porque hicimos una apuesta. Gane quien gane repartimos contigo.

- Yo lo único que quiero es comer silencio.

- Prueba esta pizza. Si te gusta, olvidamos tu acento. 

- ¿De qué es la pizza?

- De frunas.

- Vale. Tengo un ligero acento diacrítico. Pero soy de aquí. Y no pienso probar esa pizza. Odio las frunas.

- No eres de aquí, no eres de aquí, no eres de aquí. Oigan todos: esta mujer no es de aquí, no es de aquí, no es de aquí.

Me desperté con taquicardia.

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Un verano miraba el horizonte.

Estaba en el sur de Lanzarote.

Desde allí se ve una primera isla, Lobos y detrás otra, Fuerteventura.

Pensé en los cayos, los recité de memoria, le conté a mi hijo las palabras y los sabores que recordaba del mar.

Él me escuchó atento y cuando terminé de hablar me dijo:

- Mamá, yo nunca he visto un árbol de cocos.

Sentí una especie de dolor dentro de mí.

¿Cómo esa lengüita tan brillante y dulce no sabía pronunciar cocotero?

¿Le costaría decir chaguaramo? 

¿Qué secretos esconden nuestras lenguas que una vuela para pronunciar la zeta y saborear el cocido madrileño y otra para aspirar eses y ser feliz frente a la yuca frita?

Desde el habla y la ingesta convertidos en mapa y barco a la vez, desde los árboles que son raíz y cielo, desde los mares, el Atlántico de relojes perdidos más allá de sí y el Caribe con su luz de soles a paso bueyes que diría Montejo, parte mi escritura.

Cuando era niña vivía en una calle en la que un jabillo, todopoderoso, se levantó.

Ahora adulta, escapada, retenida, suspendida, descubro que lo que extraño con más fuerza, es ese árbol.

Tres veces he regresado al país, tres veces he intentado verlo, acercarme, visitarlo, y las tres han sido fallidas.

Mientras escribía el libro me di cuenta de que el árbol simbolizaba todo: el habla, las raíces, los sabores, incluso el mar.

Las copas de los árboles en las noches de viento suenan como las olas.

Por eso tenía (y sigo teniendo) terror ante la idea de morirme sin volver a verlo. 


Debe ser porque de pequeña aprendí que la savia de los árboles es la sangre. 
____

Hace unos días Roberto Echeto publicó unas líneas hermosas sobre el paisaje*
En ese paisaje los grillos diciéndonos eres de aquí, eres de aquí, contradecían mi sueño. 

Hablaba también del sonido perdido de la lluvia y de la posibilidad de un jabillo.

Le escribí de inmediato para explicarle lo que esa palabra significa en tanta ausencia. 

Le conté el miedo que me da no volver a tocar mi árbol.
Está en tal calle, a tal altura. 

Roberto me contestó que Caracas es un jabillo gigantesco con todo y espinas.


Los jabillos no se olvidan; nos acompañan siempre. Un beso, Lena.

Y luego, en una postdata, añadió: 

Lena, el jabillo está donde lo dejaste

Desde ese día tengo dos mares chocando en la garganta.


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(1) El tiempo que iba al cole en bus lo esperaba junto al árbol.

Recuerdo mirar hacia arriba para ver hasta dónde llegaba la fila de bachacos culones.

No me alcanzaba la vista.

Competía con los niños de la cuadra para ver quién recogía más zarcillos de madera: los zarcillos del árbol.

El tronco está lleno de pinchos.

Me gustaba apoyar la mano y dejarme caer en peso para medir mi resistencia al dolor.

Me gustaba mirar la marca que el tronco dejaba en mí.

El árbol es inmenso.

Sólo hay que ver la foto.

El árbol está, no se ha ido, sigue levantando la acera.

Yo lo abracé casi todos los días que viví en esa calle.

Lo abracé de niña y lo abracé de adulta.

Nunca me importó lo que pensara la gente que me veía.

Tengo años buscando una foto del árbol en internet.

Gracias a Roberto la tengo.

Estoy emocionada...extremadamente emocionada.

Con ganas de volver.


(2) Aquí fui feliz.

Las rejas eran azules.

Cuando era pequeña las primeras rejas no existían.


Al lado del edificio había un colegio y una tintorería.

Los dueños de la tintorería eran chinos.

(O eso yo creía).

Se llamaba tintorería Oriental.

Recuerdo que de niña pensaba: ah...los chinos del refrán son los de mi tintorería. "Más caliente que plancha de chino". ¿Ellos sabrán que son tan conocidos?

En aquel entonces los chinos no tenían tantos restaurantes.

El edificio del sueño, el Coro, queda justo delante del Vistula.

Algo de Vistula escribí en mi columna de El Nacional 


http://www.el-nacional.com/opinion/Conversacion-improbable-Adam-Zagajewski_0_400160142.html



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24.11.14

Juan Carlos Chirinos, Eduardo Sánchez Rugeles y Lena Yau: Venezuela en la distancia.




Este viernes Juan Carlos ChirinosEduardo Sánchez Rugeles - Oficial y yo estaremos participando en la Mesa Redonda "Venezuela en la distancia".
Será el cierre del III Congreso del Caribe: Nuevos sujetos y subjetividades en el Caribe Hispano.
Será como dije el Viernes 28 de noviembre, 19.00 hrs en la Librería Iberoamericana Vervuert (c/ Huertas 40)
Los esperamos para participar en esta mesa y conversar luego con los autores, acompañados de una copa de vino.
Entrada libre hasta completar aforo.

MESA REDONDA: VENEZUELA EN LA DISTANCIA


Estimados amigos:
Del 26 al 28 de noviembre se celebra en la universidad Carlos III de Madrid el Congreso Nuevos sujetos y subjetividades en el Caribe Hispano. Librería Iberoamericana ha querido colaborar con este evento ofreciendo su espacio para celebrar la actividad de clausura. Se trata de la mesa redonda:
Venezuela en la distancia: literatura y experiencias de/desde la diáspora
Intervienen: Juan Carlos Chirinos, Eduardo Sánchez Rugeles y Lena Yau
Modera: María Teresa Vera-Rojas (Universitat Barcelona / YoSoyElOtro)
Viernes 28 de noviembre, 19.00 hrs
Los esperamos en nuestra librería para participar en esta mesa y conversar luego con los autores, acompañados de una copa de vino.
Entrada libre hasta completar aforo
Saludos cordiales,
Librería Iberoamericana

Juan Carlos ChirinosJuan Carlos Chirinos vive desde 1997 en España. Estudió literatura en Caracas y en Salamanca. Ha publicado los libros de relatos Leerse los gatos(1997), Homero haciendo zapping(2003) y Los sordos trilingües (2011); las novelas El niño malo cuenta hasta cien y se retira (2004, Finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos), Nochebosque(2011) y Gemelas (2013); y las biografías La reina de los cuatro nombres: Olimpia, madre de Alejandro Magno (2005), Miranda, el nómada sentimental (2006), Alejandro Magno, el vivo anhelo de conocer (2004) y Albert Einstein, cartas probables para Hann (2004). Colabora regularmente con diarios y revistas de Venezuela y España. Sus relatos han sido inluidos en numerosas antologías publicadas en Venezuela, España, Estados Unidos, Francia, Canadá, Cuba y Argelia. Es profesor de creación ilteraria en Madrid.
Eduardo Sánchez RugelesEduardo Sánchez Rugeles ha publicado las novelas Blue Label/Etiqueta azul (Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri, 2010/Finalista del Premio de la Critíca de Venezuela, 2010); Transilvania, unplugged(Alfaguara 2011. Finalista del Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri, 2010), Liubliana (Ediciones B, 2012, Premio Letras del Bicentenario, Sor Juan Inés de la Cruz, México, 2011/Premio de la Crítica de Venezuela, 2012); Jezabel (Ediciones B, 2013) y Julián (Ediciones B, 2014). Licenciado en Letras (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2003), Licenciado en Filosofía (Universidad Central de Venezuela, 2005), Magister en Estudios Latinoamericanos (Universidad Autónoma de Madrid, 2010) y Magister en Estudios Literarios (Universidad Complutense de Madrid, 2011). Mantiene la página web: http://sanchezrugeles.com/
Yau LenaLena Yau es Licenciada en Letras y Máster en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas. Periodista, investigadora, especialista en el vínculo entre literatura e ingesta. Asesora literaria de El sabor de la eñe. Glosario de literatura y gastronomía, publicado por el Instituto Cervantes. Columnista del diario El Nacional. Ha dictado conferencias sobre literatura digital y sobre ficción e ingesta en las sedes del Instituto Cervantes de Pekín, Shanghai, Beirut, Utrech, Palermo y Madrid. Autora del blog Mil Orillas. Autora participante en la muestra colectiva Manifiesto País. Autora del libro Hormigas en la lengua, que será publicada este año por Sudaquia. Reside en Madrid.



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10.11.14

Un círculo de sal



                                           Imagen: László Moholy Nagy


A Corina Michelena.



Transito en Madrid una calle comercial.

Entre tiendas y avisos luminosos veo una trampilla.

Halo un cordón entorchado y la trampilla baja haciéndose escalera.

Subo y al atravesar el umbral piso un jardín que no parece tener fin.

A mi derecha descubro un castillo de piedra oscura y con légamo.

Poso la mano sobre el muro y siento un cosquilleo.

Son voces traspasando mi piel.

Acerco la oreja.

No comprendo el barullo.

Entro.

El castillo es una biblioteca.

Abro un libro.

Sobre mi lengua hormiguean las letras que leo.

Traduzco a viva voz páginas escritas en idiomas que jamás he pronunciado.

Las piedras del castillo me imitan.

Recuerdo el cosquilleo bajo mi mano.

Pienso: aquel barullo era mi eco interior.

Corro hacia el muro.

Es un espejo.

Miro al suelo.

No hay jardín.

Tampoco trampilla.

Bajo mis pies un círculo de sal.


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30.10.14

Manifiesto País: el libro.






Queridos todos: ya está disponible en la  Librería de la Sala Mendoza el catálogo de la exposición Manifiesto País. 

Un libro hermoso que recoge los 66 carteles que integraron la muestra. 

El diseño de esta publicación estuvo a cargo de Pedro Quintero quien tradujo en imágenes, junto a César Jara, los manifiestos escritos por los autores. 

Para adquirirlo sólo tienen que acercarse a la Sala Mendoza.

Mis catálogos vienen por avión gracias a la generosidad de dos amigas.

Aprovecho para agradecer nuevamente a la Sala Mendoza , a Patricia Velasco Barbieri, a Lisbeth Salas, a la La Cámara Escrita, a los diseñadores, al equipo completo que hizo realidad un proyecto que me emociona muchísimo y a los autores, amigos y compañeros, queridos todos.

Gracias también a Paula Cadenas y a Guaritoto González por abrirme un espacio* para contar cómo se vive la experiencia de formar parte de Manifiesto País fuera de sus fronteras.


Imágenes: Manifiesto País. Sala Mendoza



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22.8.14

Dejar de fumar: Venezuela en clave de angustia



Imagen: Arthur Tress





Hace más de 10 años dejé el cigarrillo.

La decisión no fue el resultado de largas reflexiones.

Un día descubrí que fumar me aburría, que ya no había nada placentero en el cigarrillo que seguía al café, que acompañaba una conversación, que se iba de marcha conmigo.

Al dejarlo tuve tres días difíciles.

El segundo fue el peor.

Sentía corrientazos en las manos, en los brazos.

Las piernas me temblaban.

Rozaba un estado de angustia cercano al pánico.

Dejé el hábito "a rin pelado": sin hipnosis, terapias o ansiolíticos.

Fuerza de voluntad pura y dura.

El cuarto día salió el sol y me sentí divinamente,

Los niveles de ansiedad que me produce Venezuela tienen la misma intensidad que los que viví en mi segundo día sin nicotina.

La diferencia es que un país no es una colilla que puedes olvidar aplastándola contra un cenicero.

Llevo años esperando un cuarto día de paz.

Nunca he soñado que fumo.

A Venezuela en clave de angustia la sueño siempre.

Yordano




A Yordano* lo conocí hace muchos años en casa de Aroldo Betancourt**.

Eran los días de Por estas calles***.

Esa noche hablamos muchísimo.

Estaba remodelando su apartamento y comentamos sobre cocinas.

Bebimos muchas cervezas.

O yo bebí muchas cervezas con María Alejandra, en ese entonces su esposa, y el resto bebió whisky.

Yordano, tímido, levemente tartamudo, culto.

Después de tanta charla, al filo de la madrugada, nos dimos cuenta de que estábamos lejana y políticamente emparentados.

Nos vimos en otras ocasiones pero nunca compartimos tantas horas como en aquel apartamento de La Boyera.

Tengo recuerdos nublados de fiestas, de partidos de baseball, grabaciones.

Todo tan lejos como el país.

Hoy abro el facebook y me encuentro que tiene problemas de salud en una Venezuela que es incapaz de corresponderle.

La crisis sanitaria (una más del infinito espectro de las crisis) abarca lo leve y lo severo.

No hay hilo para suturas, no hay escayolas, no hay anestesia, no hay jeringas, no hay medicamentos, no hay tratamientos para enfermedades crónicas, no hay cómo hacer frente a un cáncer, al sida, a la diabetes.

No hay.

Dos palabras que podrían ser las estrellas de la bandera.

Este post es para abrazar a Yordano y a todos los pacientes.

Y es también un mensaje en una botella: no sabemos quién nos lee.

Si alguien tiene cómo echar una mano a la gente de un país en jirones, no dude en hacerlo.

Hay tantas instituciones, fundaciones, filántropos buscando causas.

Ésta es una: Venezuela.

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* Yordano: http://es.wikipedia.org/wiki/Yordano

** Aroldo Betancourt: http://es.wikipedia.org/wiki/Aroldo_Betancourt

*** Por estas calles: http://es.wikipedia.org/wiki/Por_Estas_Calles

2.8.14

Isa Dobles

                                  Imagen: Isa Dobles por Rayma.  Prodavinci.





Son muchísimas las anécdotas que guardo de Isa Dobles.

Ella fue de algún modo el deseo de una niña convertido en realidad.

Con Isa viví momentos felices, momentos de enfado, momentos duros.
También momentos muy difíciles en los que tuve todo su apoyo.

En los que me guió.

Nos llevábamos muy bien y de vez en cuando nos tirábamos de los pelos.
Recuerdo una tarde en el Cada de Las Mercedes. 

Habíamos discutido por alguna estupidez (siempre era así).

Isa odiaba manejar y me pidió que la llevara al súper.

Yo estaba furiosa con ella.

En el súper me pidió que le escogiera un kilo de papas.

Me ardían las orejas de la rabia y escogí las más feas.

Sentí alivio inmediato con el gesto.

La bravura se me pasó, devolví las papas pochas y busqué unas bonitas.

De camino a su casa no le dirigí la palabra.

Sube, me dijo.

- Esta me va a dejar trabajando toda la noche, pensé, mientras ponía papeles en la mesa y revisaba pendientes.

Escuché ruidos en la cocina.

Isa salió con una sonrisa y un plato.

Hummus. El hummus de Isa. Lo preparaba con garbanzos y ají dulce y lo acompañaba con casabe.

Ese Hummus era mi perdición y ella lo sabía.

Hicimos las paces.

Era bravía, noble, incondicional.

Trabajaba por vicio, no podía evitarlo, latía periodismo, no se estaba quieta nunca.

Paralelamente era una anfitriona impecable.

Un oído. Un libro. Un hogar.

Isa fue mi día a día muchos años.

Estuvo en mi tiempo antes de yo saberlo.

También en un destino que luego corregí.

Parte de ese paisaje ya no está: mi padre, mi mejor amigo, un ex amor, todos fugados prematuramente.

Ahora ella.

Con la partida de Isa se cierra un círculo.

Y yo tan lejos, con tantas ausencias en mi cuerpo, con tanta gente sin poder despedir.

Me siento en deuda con la tierra, con mis idos.
Isa me conectó con una Venezuela que miraba de lejos.

Una Venezuela que hoy está soterrada.

Necesitaría una barra y tres cajas de vino para contarte, Isa.

He pensado en Margot, en Julieta, en Beatriz, en Alejandra, en Martín, en tus hijos, en tus sobrinos, en tu gente.

Te he pensado.

Como no hay bar 24 horas ni cuerpo que resista tantos riberas, dejo aquí un artículo pequeñito para despedirte o "bienvenirte"...ya no sé.


Isa

autro image
— ¡Tengo 25 años y no he hecho nada!

— ¿Cómo que no has hecho nada? Estás frente a una máquina de escribir. Sé paciente.

(De una conversación con Isa Dobles hace algunos años).


Las letras me han perseguido desde siempre.Y yo, tauro terca, me empeñé en evitarlas hasta que ellas, tercas también, me hicieron comprender que había un camino por escribir juntas.

Mi primer recuerdo de la negación fue una tarde a caballos. Tendría siete años. Pregunté cómo se llamaba un potro. Me contestaron “Canelo”.

Un niño dijo:

—¡Será Canela! ¡Canelo no existe!

Me apresuré a responder:

—¡Claro que sí! ¡Tú acabas de decir Canelo! ¡Si lo dices existe!

Los adultos que nos escuchaban estallaron en risas.

—¿Cómo te llamas?, me preguntó alguien.

—Lena, le dije.

—Lena, tú vas a ser escritora.

—¡No! Yo voy a estudiar derecho.

—Créeme. Vas a escribir.

Me enfadé muchísimo y me fui sin montar a Canelo.

Hay personas que nos anuncian el destino. Hay otras que tropezamos y nos cambian la vida. Personas que sin saber, involuntariamente, nos llenan de enseñanzas, de regalos.

Conocí a Isa Dobles, otra vez, por terca. De pequeña sentía fascinación por esa mujer menuda, rubia, de voz  misteriosa que aparecía en la pantalla. Aunque mi yo niña se veía de adulta vestida con un traje sastre impartiendo justicia, mi otro yo niña se encerraba en el baño para imitar la voz de la señora de la tele.

Esa niña vivía en dos aguas: compraba compulsivamente códigos y leyes orgánicas que jamás abría porque estaba muy ocupada leyendo Julio y Salvador Garmendia, a Miguel Otero Silva, a Ludovico Silva, a Hesnor Rivera, a José Rafael Muñoz, a Teresa de la Parra, a Antonieta Palacios, a Ida Gramcko, a MiyóVestriní. Y también a Kotepa Delgado, a Cuto Lamache, a Igor Delgado Senior, a Tecla Tofano, a Sonia Sgambatti, a Isa Dobles. Las letras y la comunicación siempre me rondaban. Cuando cumplí 18 años supe que Isa iba a dar una charla en el pedagógico de Maracay.

Un impulso me llevó a asistir, a esperarla en la salida, a saludarla, a conversar con ella.

Lo que se suponía iba a ser un encuentro de cinco minutos se convirtió en una charla de horas y luego en una relación laboral y de afecto de muchos años.

Isa me preguntó si quería acompañarla en un proyecto. Dije sí sin pensarlo. Ese proyecto se abrió en racimos. Primero fue un libro, luego llegaron unos guiones sobre la vida de Sucre, después dos programas de radio.

Isa, siempre inquieta, siempre preocupada por lo que ocurría en el país.

Un día se le ocurrió lanzarse al ruedo político.

- ¿Y si inscribo mi candidatura?

Otro le entusiasmó la idea de abrir su restaurante. Las estrellas siempre la complacían. Pasados los años descarté del todo estudiar derecho. Me había licenciado en letras y seguía huyendo de ellas.

En mi cabeza se había metido la idea de ser productora de radio y de televisión.Isa me miraba cuando le contaba mis planes y se reía.

- Hazte locutora y estudia el Master en Comunicación Social pero no dejes de escribir.

Me encantaba visitarla en su apartamento de Cumbres. Las molduras azules de ese hogar me daban tranquilidad. Me gustaba ver a Margot, su mamá, sentadita en el sofá. Tan mayor, tan frágil y tan arreglada siempre. El perrito dando saltos. Las visitas incesantes.

Una tarde vino Trina Araujo.  Qué delicia escucharla hablar de Orlando, de su escritura, de lo mucho que echaba de menos sus manías. Otra llegó Chelique Sarabia.

Yo temblaba de la emoción pensando que tenía delante de mí al autor de la canción con la que aprendí a tocar cuatro y tarareaba Ansiedad mentalmente mientras intentaba tomar el café sin que se me notaran los nervios.

O el día que entró Soledad Bravo, toda batola, sonrisa y voz. Isa me conectaba con una Venezuela que yo había visto de lejos, en los libros, en el periódico, en la radio, en los cuatros, las guitarras y las bandolinas de mi escuela de música en Chacao.

Una tarde le anuncié que me casaba. Me miró cálida y me contestó: tengo el regalo perfecto para ti.

Me casé, volví de la luna de miel, murió mi padre, hubo un cataclismo.

Isa me llamó.

- Supe. Ven a verme.

Conversamos la tarde largo. Agotada por el duelo me despedí.

- Espera.No te he dado tu regalo.

Lo acepté desganada y le di un abrazo. En casa guardé el paquete en un armario y lo olvidé. Meses después tropecé con la caja. Al rasgar el papel que lo envolvía me encontré una grabadora de periodista. Tenía un casette adentro. En la tarjeta se leía: Como verás, no es una licuadora. Dale al play, está a tiro. Obedecí.

La voz de Isa comenzó a sonar. Me habló de lo difíciles que son las pérdidas.
Me explicó lo mucho que enseñan los fracasos amorosos. Me contó de su padre, del padre de Aníbal, del fuego de una avioneta, de las llamas en un coche presidencial. Me dijo de la piel que se nos pone dura para seguir. Y me dio una última instrucción:

Hagas lo que hagas nunca dejes de escribir.

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