11.5.16

Lena Yau: “Hay que dirigirse a las editoriales especializadas en tu tema”





Lena Yau: “Hay que dirigirse a las editoriales especializadas en tu tema”

La escritora, narradora, periodista, investigadora y también poeta, Lena Yau, asegura que publicar en España no es sencillo, pero reconoce que para ella resultó rápido y fácil. “Un día me llamó un editor y me preguntó si yo tenía poesía. Creo que me conoció a través de mi columna en El Nacional”. Así nació su poemario, de la mano de Editorial Gravitaciones. Sin embargo, confiesa que con Hormigas en la lengua, editada en Estados Unidos, no sucedió igual. “Estuve dos años trabajando duro, recibí muchos no, y un día recibí el sí”. Recomienda en estos casos hacer un resumen, seleccionar las mejores páginas, “y dirigirse a las editoriales especializadas en tu tema, así ahorras tiempo, dinero y esfuerzo”. Sobre la difusión de la obra aconseja hacer uso de las redes sociales, “a mí me han servido muchísimo. Yo he tenido lectores antes que libros, gracias a mi blog”.

Más en: Diez escritores, diez caminos para publicar, una encrucijada: “una buena historia que contar”

Reportaje que reseña el 1er encuentro de escritores venezolanos en Madrid convocado por Venezuelan Press

La foto es de Silmar Jiménez y el reportaje lo firma Carleth Morales.

El texto completo está en este enlace que copio también en los comentarios:

http://www.venezuelanpress.com/2016/05/11/diez-escritores-diez-caminos-para-publicar-una-encrucijada-una-buena-historia-que-contar/ 





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2.5.16

Dos poemas de mi manuscrito Caracas ampliada en la voz de Daniela Jaimes Borges

Un enlace que lleva dos poemas de "Caracas ampliada" en la voz de Daniela Jaimes-Borges para su bello proyecto de ‪#‎VozdeOtraVoz‬ en SoundCloud‪#‎poesíavenezolana‬ 

¡Mil gracias, Daniela, por llenar de vida a mis letras! ¡Mil gracias por invitarme a ser parte de un proyecto tan lindo! 

Pueden escuchar "La conjura de la necia" e "Instrucciones apócrifas. I Para escoger a un hombre" en el enlace:

https://soundcloud.com/danielajaimesbo/lena-yau

26.4.16

Todos los bebés son nuestros.

Todos los bebés son nuestros.

A las madres.
A los padres.
Al personal de los hospitales, clínicas y ambulatorios.

Había una vez un alma voluntariosa.
Una tarde, en medio de una reunión, dejó clara su posición. L sentí en mis adentros: un pequeño nadador giró sobre sí y se puso de cabeza. Tres meses antes de lo debido Adrián abrió los ojos al mundo. Lo vi apenas segundos. Escuché su voz y se lo llevaron.
Nació con buen peso para el tiempo de gestación pero sus pulmones estaban aún muy tiernos y toda la terquedad que albergaba ese pequeño no era suficiente para respirar. Se agotó, lo entubaron, lo llevaron a un incubadora y yo pasé mi primera noche como madre escuchando el llanto de los hijos de mis vecinos a través de la pared. Mi habitación estaba vacía.
Lo vi al día siguiente encerrado en la caja de plástico que es la incubadora, enredado en cables y sondas, con un pañal desechable que le sobraba, quería escucharlo pero sólo oía los bips de una máquina que vigilaba todos sus impulsos vitales.
Era todo piel y huesos, podía contar una a una las vértebras de la columna, se marcaban como una ristra de perlas, su barriguita abombada parecía una lechosa, era el espinazo de un pez sobre una fruta y una carita que quería vivir, niño pez, niño fruta, mi Pez Fruta.
Yo posaba mi mano sobre la transparencia que nos separaba y le preguntaba ¿qué hago con todo este amor? ¿cómo me voy a casa sin ti? Sus ojos parecían querer decirme cosas pero yo seguía hablando: pórtate bien, crece, por favor, lucha, por favor, no me abandones.
Pez Fruta luchó. El amor que lo envolvía era una fuerza inmedible. Pero eso no es suficiente. Tuvo todos los recursos para que la vida ganara. La electricidad estuvo puntual para que los aparatos que lo ayudaban a crecer funcionaran, los medicamentos y los instrumentos que necesitó para superar las dolencias propias de su estado no faltaron, una leche con fórmula especial para prematuros lo alimentó.
Un día encontré un chupón en su incubadora. Adrián tiene 13 años ahora. Miro sus ojos que siguen siendo habladores, lidio con su alma voluntariosa, me miro en su terquedad. No hay día que no recuerde que este adolescente espigado y moreno pesaba lo mismo que una mano de cambur cuando nació.
Eso no se olvida.

II
Leo con estupor unas cifras. El grito desesperado de médicos y personal sanitario de un hospital venezolano. Entre tres y cuatro bebés prematuros fallecen diariamente en nuestras instalaciones. No hay insumos, no hay medicamentos, no hay luz, no hay agua. Las incubadoras están rotas y no hay como repararlas. Entre la impotencia y la piedad, médicos y enfermeras, ubican a los pequeños en las pocas cunas térmicas que funcionan.
Es un intento desesperado, es una lucha que echa mano de lo que tiene. Apuestan por un milagro sabiendo que la ciencia deja algunos espacios al azar. Pero no son ciegos. Por eso llaman al área de las cunas el cementerio. La lija en la lengua que nombra es lo que los ata a la cordura, lo que intermedia entre el dolor y el trabajo tan duro que les ha tocado desempeñar en estos tiempos de anomia, de desidia, de desamparo. Imagino esas cunas como balsas, los bebés sobre ellas a la deriva, los ojitos de los niños que no serán buscando entender las nubes guardando el solo como un recuerdo para el que nunca tendrán una palabra con qué pronunciarlo.
Busco la fecha de la noticia. Leo febrero. Estamos en abril. Calculo las cifras de hoy, hago una cuenta rápida de los hospitales, clínicas y ambulatorios que podrían existir en Venezuela, uso mis dedos como ábaco, intento ser conservadora, sumo y siento que me desmayo. Se nos mueren como pollitos, dice el médico en la nota. Se nos mueren a todos. Porque todos esos bebés son nuestros. Esas madres, esos padres, somos nosotros. Escribo para subir a la balsa que se lleva a los nacidos antes de su tiempo. Escribo para acompañarlos en un viaje que no pidieron. Escribo para acompañar a sus padres en el llanto, en el abrazo, en la impotencia y en el seguir.
Escribo para vencer al vacío al que nos obligan desde hace 17 años. Escribo para hacernos un nosotros que grita, que repudia, que lucha, que no se deja vencer. Escribo exhausta intentando infructuosamente devolver la vida. Buscando otra oportunidad para la vida.

III
Esa oportunidad salta también de la prensa. Un motorizado es una presencia temida. Uno de ellos, uno de los miles que raspa el asfalto caraqueño, se detiene ante algo que escucha. La ciudad es una marabunta acústica.
Quienes tienen oído son capaces de aislar los sonidos que se concentran en un todo. El hombre baja de la moto, pesquisa, halla una vida en medio del monte, pide ayuda, no puede llevarlo a un hospital en la moto, no puede conducir con un bebé abandonado que llora de hambre, de sed, de frío, de miedo.
Llegan manos y brazos y voluntades y la vida de acaso tres kilos y dos horas en esta tierra no se interrumpe, sigue contrariando lo condena que le habían impuesto, brilla en el regazo de quienes lo atienden, come, bebe, agarra temperatura, acepta el regalo de un nombre, recibe sin ser consciente la voluntad desprendida de gente que no navega en su ADN. Una avalancha de medicamentos, ropa, juguetes, enseres, comida, llega para darle la bienvenida, para acompañarlo en el punto de partida, para animarlo a seguir que lo que viene es difícil pero vale la pena.
En pleno desabastecimiento dan lo poquito que tienen.
Ese poquito el todo de muchos.
Yo pienso en el motorizado.
También fue bebé.
Sabe que todos los bebés son nuestros.
Desde aquí le doy las gracias.

IV
Escribo por las razones que enumeré arriba.
Y escribo para decirle a los responsables de esto que vive Venezuela, que los juicios existen, que las penas se dictan, que la justicia llega.
Que vamos a luchar desde la palabra: la que cuenta, la que denuncia, la que no se achica ante amenazas, la que no acepta la violencia, la que entiende de libertad, de derechos, de garantías.
Tanto pesar, tanto dolor, tanto abuso, tanta inquina, no han podido minar la fuerza de quienes creen y luchan.
Aparto los sentires como quien intenta atravesar un bosque tupido. Busco un claro, un espacio por donde se cuele un halo que nos guíe.
Alumbrar tiene que ver con iluminar, con dar a luz, con acompañar, con descubrir el agua subterránea y dejarla salir a la superficie, con liberar las raíces de la tierra para que el riego les llegue.
Hay una luz que no pueden ni podrán robarnos. Lo obscuro siempre termina retrocediendo ante lo que resplandece.


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8.4.16

Presentación de Hormigas en la lengua en Madrid



                               Diseño cartel noche de los libros: Rifle. / Foto autora: Efrén Hernández Arias


"La empanada, en realidad, " es un capítulo de Hormigas en la lengua.Hormigas en la lengua
En él bailan dos empanadas: la empanada gallega y la empanada venezolana.
El 22 de abril, en el marco de La Noche de los Libros , presento "Hormigas en la lengua" en Madrid.
Me acompañará Thamara Pereira, ex profesora y coordinadora de Arte y Ciencia en la Gastronomía en la Universidad Metropolitana, especialista en Artes culinarias, Psicología del consumo y en Comunicación alimentaria.
Habrá vino y cata, como no, de empanadas gallegas y empanadas venezolanas.
Será en Librería Gastronómica Aliana, General Varela, 6, a las 19: 30.
¡Los espero!

Dejo el enlace al capítulo de las empanadas en Hormigas en la lengua en el enlace. Gracias a Ideas de Babel por el respaldo:

Hormigas en la lengua LA EMPANADA, EN REALIDAD, por Lena Yau.




"Los sábados la familia come paella en la Tasca.
Los padres de Pino, su hermanita, los tíos, los primos, los abuelos.
Pino Chica odia la paella. Pino Chica come aire.
A veces come pan. Aceitunas. Litros de agua.
La tarde de la empanada se anunció torcida desde el principio.
Al llegar a la Tasca descubrieron que había cambiado de dueños. A Pascasio lo venció la morriña, empacó cuatro cosas y se subió en un avión sin despedirse.  Dejó una caja de vino y una cesta de pestiños para los padres y para los tíos de Pino con una nota en la que agradecía tanta amistad.
(Si cruzáis de nuevo, id a Galicia y buscadme en Cambados).
Al padre de Pino Chica la noticia le descompuso el rostro. Posó una mirada de cráter sobre la niña y dijo en un ronquido:
—Hoy vas a comer.
La madre mintió:
—Es alérgica al azafrán. Deja que pida otra cosa.
Las dos Pinos estudiaron la carta. Deliberaban en voz baja para que Padre Volcán no se activara.
Eso de que no te gusta la tortilla es nuevo, siempre te comes la que te pongo en la lonchera, no quieres paella porque tiene pimiento, no sirve que se lo quite porque dices que el arroz está contaminado, sopa no, que tiene garbanzos, la carne te sabe a vaca y el pollo tiene una bacteria negra, tenemos que decidirnos Pinito, que papá nos está mirando y ya le sube el magma, mira su pecho, se le hincha, en buena hora se le ocurrió irse a Pascasio,  ¿empanada?, ¿estás segura?, ¿cómo sabes que te gusta?, ¿cuándo la probaste?, ¡qué bien!, ¡una sonrisa!, ¡vamos a pedirte la empanada entonces! (...)"

El capítulo completo en este enlace: http://www.ideasdebabel.com/home/hormigas-en-la-lengua-la-empanada-en-realidad-por-lena-yau/




7.4.16

Emigrantes venezolanos: construir país desde afuera. Mi entrega más reciente para la Revista Climax



    Composición fotográfica: Andrea Tosta.

Aunque emigrar es un proceso doloroso y difícil, no es menos cierto que la llamada “diáspora criolla” está dejando muy en alto el nombre de Venezuela. Hay miles de ejemplos de éxito que reivindican al país y que comprueban que se puede construir nacionalidad incluso desde la ausencia

El fenómeno de la emigración es reciente para los venezolanos. En décadas anteriores hubo pequeños flujos marcados por eventos puntuales: viernes negro, Caracazo, los golpes de febrero y de noviembre de 1992 y la crisis bancaria de 1994. Pero el gran movimiento de salida se da los últimos 17 años. Tomás Páez, sociólogo venezolano, se ha dedicado a estudiar el tema. Él, desde Madrid, Chipilo Pulido, en París, y un equipo de trabajo en ambas ciudades encuestaron y trabajaron con un vasto número de venezolanos arraigados en cinco continentes. Los resultados quedan recogidos en un libro: La voz de la diáspora venezolana. Más de un millón de venezolanos se ha asentado en 40 países del mundo. Allí trabajaban, estudian, hacen familia. A muchos les ha tocado reinventarse profesionalmente. ¿Quiénes son los miles de hombres y mujeres que lejos de sus casas también construyen país? ¿Cómo se vive la venezolanidad desde afuera con éxito y dejando una bandera en alto? A continuación algunos ejemplos.


El artículo completo en este enlace: http://elestimulo.com/climax/emigrantes-venezolanos-construir-pais-desde-afuera/

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4.4.16

Cierta distancia de Miguel Sanfelui: Lena Yau - Cuestionario básico



Miguel Sanfeliu me invitó a contestar su cuestionario básico: ¿Por qué escribo? ¿Cuáles son mis manías? ¿Sigo algún consejo? ¿Quiénes son mis autores de cabecera? 
Contesto todas sus preguntas y cuento del santo al que me encomiendo.
¡Mi gracias, Miguel!

¡Un gustazo estar en tu página!
¡Me divertí muchísimo con tu cuestionario!
La foto es en Plaza Caracas y la hizo Efrén Hernández Arias.




1.- ¿Por qué escribes?

Todo lo que veo es un motivo para escribir. Cada instante demanda escritura: los coletazos de una conversación apurada en el metro, la estampa fugaz que recoge un hombre que limpia pescado en el mercado y mira con deseo a una mujer, un olor en la calle que traslada a un recuerdo remoto, una palabra cuya acepción se desenrolla como un pergamino, la temperatura interior que necesitamos articular en líneas para entender, el milagro de crear algo que antes no existía. 
Respirar. Escribo para respirar.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Escribo en dos espacios: en mi casa y en la Biblioteca Nacional de España. En casa tengo un despacho pequeño y caótico. Antes de comenzar a escribir necesito ordenar el escritorio. En la Biblioteca Nacional sucede lo contrario. Para hacer del escritorio algo mío, una mesa que me pertenece, repito lugar y combato la desnudez. Siento que si no ocupo el 101 y si no lleno la mesa con mis tres libretas, la caja de libros que leo (también tres y la caja con número par), dos bolígrafos y un folio en blanco para garabatear, la jornada no irá bien. Necesito las manos desnudas (sin anillos). También los brazos (sin reloj, sin pulseras, con las mangas recogidas). En casa necesito tener un vaso grande lleno de agua aunque no beba. Escribo por la mañana. Suelo encomendarme a San Ernesto Hemingway antes de escribir. Escribí una oración canalla. En ella suplico que me permita escribir conservando algunos vicios. Que me mantenga aferrada al bolígrafo, en amistoso equilibrio con la botella y alejada de la escopeta.



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22.3.16

Presentación de Hormigas en la lengua y Trae tu espalda para hacer mi mesa en Barcelona, España.




Próxima estación: ¡Barcelona!

Los espero en la librería Documenta, el jueves 31 de marzo a las 19 horas.






PRESENTACIÓN LIBRO  I LITERATURA

Poesia i prosa de Lena Yau: Hormigas en la lengua y trae tu espalda.

La autora estará acompañada por Diana Medina Meléndez, caraqueña y riojana, Dra. en Teoría Literaria y Literatura Comparada.

4.3.16

Presentación de Hormigas en la lengua en Ginebra, Suiza.







El sábado 12 de marzo las Hormigas viajan a Ginebra.

Presentamos en Librería Albatros.

Dirección: Rue Charles-Humbert 6, 1205 Genève, Suiza
Teléfono:+41 22 731 75 43


¡Los espero!

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29.2.16

Lena Yau: "Yo no creo en la literatura femenina"

Lena Yau: "Yo no creo en la literatura femenina"

"Soy una escritora con manías horrorosas: no puedo comer en platos de plástico o los famosos asquerositos", señala la escritora.


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La autora de "Hormigas en la lengua" participa en la Filcar 2016 (Cortesía Efrén Hernández Arias)


DULCE MARÍA RAMOS |  ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
domingo 28 de febrero de 2016  10:48 AM
Pino adora las empanadas, Douglis las hormigas de azúcar, Carolina ama la comida pero quiere ser flaca como su madre, Lena, la creadora de estos personajes, necesita sentir en su paladar el sabor de un asado negro, las arepas con queso, el pulpo o una sopa de auyama. Es así que la novela "Hormigas en la lengua" retrata el universo femenino a través de unas niñas cuya amistad perdura en el tiempo y la merienda fue la razón que las unió en las horas de recreo en el colegio.

La escritora Lena Yau nació en Caracas, pero sus padres son canarios. Pertenecen a esa generación de inmigrantes que encontró un futuro en los años 70 y 80 en la famosa Venezuela saudita. Su infancia transcurrió por las calles de Chacao y el colegió Teresiano, creció entre dos universos gastronómicos: la comida española de su casa y los platos típicos venezolanos que degustaba cada vez que visitaba a sus amigas. Si bien cuando niña leía a escondidas por las noches, en un principio quería estudiar Derecho, cuestión que su padre le reclamó porque conocía su pasión por los libros; luego se cambió a la carrera de Letras.

El resto de la entrevista en este enlace:


10.2.16

Cuba / Venezuela : una denuncia que son mil y un SOS ídem.

                                   Foto: Juan Montemayor.


Fui a Cuba desde Caracas en el 92.

En la maleta llevaba café, leche en polvo, jabón de ducha, jabón de lavar, desodorantes, tubos de pasta dental, maquinillas de afeitar, tiritas, algodón, medicamentos cotidianos y medicamentos especializados.

Voy a Venezuela desde Madrid en el 2016.

En la maleta llevo café, leche en polvo, jabón de ducha, jabón de lavar, desodorantes, tubos de pasta dental, maquinillas de afeitar, tiritas, algodón, medicamentos cotidianos y medicamentos especializados.

La Cuba del 92 vivía un "periodo especial" "consecuencia directa" del cese de la Unión Soviética, de la caída del muro y su efecto dominó y del bloqueo de Estados Unidos.

La Venezuela del 2016 vive en la anomia, en el desabastecimiento absoluto, en una alarmante crisis sanitaria sin precedentes, en la inopia, "consecuencia directa" de la "guerra económica" con el "imperio", de los malévolos empresarios que no producen, de los aviesos comerciantes que esconden los productos, de los pacientes caprichosos que se enferman a propósito para comprar más medicinas de las que necesitan, de los enfermos con espíritu saboteador que llenan las urgencias para colapsar los hospitales, de los habitantes que comen en exceso y se niegan a usar los maceteros de sus hogares para cosechar patatas y tomates y de los ciudadanos irresponsables que se quieren duchar a diario y que pretenden lavarse los dientes después de cada comida.

A esto hay que sumar el espíritu aventurero y osado de los venezolanos: les encanta salir a la calle porque la posibilidad de bala en la piel es un subidón de adrenalina de goce glorioso.

Si yo no fuera venezolana se me caería la mandíbula cada vez que leo un correo en el que se me pide un medicamento "que tengo que tomar de por vida desde que me asaltaron y la bala me penetró el hígado, el pulmón, el bazo".

Nada de esto es exageración y lo que se lee como sarcasmo tampoco lo es.

El discurso del régimen pone las culpas en los lugares que enumeré.

Sirva esta información para los que desconocen lo que sucede en mi amado y golpeado país.

El Ávila en Caracas y me la envía mi querido @maestroajicero 

El amor, la amistad y la belleza persisten allí. 

Dulcear



Esta foto me llena de recuerdos dulces. 

Somos mi hermana y yo y cabalgamos felices hacia una carabela. 

La niña mayor siempre guardaba la espalda de la pequeña y le contaba cuentos para hacerla sonreír, para quitarle el miedo, para asombrarla, para entretenerla. 

Y también para quererla: algunos amamos desde la palabra que crea. 

Es una imagen perfecta para anunciar el nacimiento de una página golosa y bella: se llama Dulcear* y es el Reino de los dulceros. 

Los contenidos son deliciosamente trabajados: recetas, consejos, glosarios, trucos, calculadoras de conversión y cinco columnistas entre los cuales tengo la dicha de estar. 

Mi ejercicio gustoso se mueve dentro del territorio de la ficción aunque ya sabemos que la escritura tiene sus momentos y sus desvíos. 

Dejo mi primera entrega, Sister Soul, invitándolos a que se den una vuelta larga y exploradora por una página rica-rica. 

El enlace es éste: http://dulcear.com/?p=171  


*Enlace a la página.


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9.2.16

Librería Gastronómica Aliana anuncia a "Hormigas en la lengua" entre sus novedades.







Librería Gastronómica Aliana anuncia a "Hormigas en la lengua" entre sus novedades.

Me hace muy feliz que las hormigas estén allí por muchas razones.

Mi relación con esta librería y con sus libreras nace antes de de que me mudara a Madrid.

Escogieron para el post una foto que no recordaba.

Me encanta porque es Lanzarote con mar al fondo (y no se ve pero desde ese lugar siempre miro hacia Lobos y a Fuerteventura).

Ahora siento que las hormigas también miran desde Madrid hacia mi isla.
Gracias, queridas Arantza, Ana y Pepi.

El enlace al catálogo de la librería es éste: http://www.alianagastronomia.com/libros/hormigas-en-la-lengua/9781938978975/

Presentación de "Hormigas en la lengua en Madrid: 22 de abril también en Aliana. Daré más información según la fecha se acerque.


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24.1.16

Próximas presentaciones: Margarita, Ginebra, Barcelona.





Próximas presentaciones: Margarita, Ginebra y Barcelona. Aviso tempranero.

26 de febrero: 
Presentación de Hormigas en la lengua con Fernando EscorciaFilcar Vzla. Margarita, Venezuela.

27 de febrero:
Recital poético.Eleonora Requena y Lena Yau. Filcar. Margarita, Venezuela.

12 de marzo:
Presentación de Hormigas en la lengua y de Trae tu espalda para hacer mi mesa. Albatros Librería. Ginebra, Suiza.

31 de marzo: 
Presentación de Hormigas en la lengua y de Trae tu espalda para hacer mi mesa con Diana MedinaLlibreria Documenta. Barcelona.

¡Los espero!


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3.1.16

Mi cuento "Camino de los españoles" publicado en la revista Mitologías hoy.



© Fotografía de la cubierta: “Coquero” o “Vendedor de Cocos”, Maurice Sánchez   |  www.theoldsystem.tumblr.com   |  @theoldsystem


Dejo por aquí "Camino de los españoles", cuento que me publica la revista Mitologías hoy en el número que coordinan María Teresa Vera-Rojas y por Fernanda Bustamante Escalona.


Mil gracias a la revista, a Fernanda Bustamante Escalona y a María Teresa Vera-Rojas por la invitación.



Camino de los españoles
Lena Yau
A Gabriela Keller que guarda y vela al mar caribe por mí
A Alejandro Medina que sueña con Tucacas en la calle Ríos Rosas.


¿Sabes? Yo tenía arpón buenísimo que me traje de Caracas pero le di tanta rosca que llegó roto y no quise comprar otro. Madrid no tiene mar pero no importa, chico, la M-30 es como la Francisco Fajardo, imagina que el Guaire está soterrado y piensa que Madrid se divide en dos, de la M-30 para allá y de la M-30 para acá. Igualito que Caracas: del río para allá y del río para acá. No tiene Ávila, es cierto, pero puedes pensar que la sierra es como si fuera el cerro. Y esa nieve no es nieve, son nubes. Y la plaza Santa Ana es La Candelaria aunque nadie entienda por qué pides aceite de oliva y Tío Pepe para bañar la paella. Madrid trasmutada en Caracas para consolarme, para aliviar el despecho por el arpón perdido, el guayabo por lo que dejé (...)



El cuento completo en este enlace:  http://revistes.uab.cat/mitologias/article/view/v12-yau/pdf_20



El número completo en este enlace: http://revistes.uab.cat/mitologias/issue/view/v12


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