7.4.14

Venezuela: Seis grados de separación con personas a las que les roban la vida.


                               Imagen: Q-TA



Siento cada asesinado como familia.

Seis grados de separación con personas a las que les roban la vida.

Seis grados de separación con los nombres que aparecen en las esquelas publicadas estos 15 años.

Iba a subir un sueño.

No puedo.

Necesito decir esto aunque a nadie le importe, aunque me hagan "buuuuuu", aunque me endilguen apelativos de esos que la izquierda cuchi siempre tiene a mano.

Izquierda, derecha, centro: los opinólogos cuchis que miran la tragedia venezolana con un cristal de por medio: así la sangre no mancha, así los olores no llegan.

La distancia y asepsia son necesarias para ejercer el oficio del condescendiente.

Cuando te están cayendo a golpes, cuando te tienen inmovilizado y te dan sin piedad en la mandíbula, en la cabeza, en el diafragma, en los genitales, cuando te escupen, cuando no te dejan decir, cuando no te permiten pensar, cuando disentir es punible, cuando decidir no es una opción, cuando te envían al rincón a punta de patadas y te cubres con una mano y te defiendes con la otra, no hay polarización.

Hay crimen, vileza, ruindad.

Hay dictadura.

Yo no dialogo con asesinos.
Yo no dialogo con secuestradores.
Yo no dialogo con violadores.
Yo no dialogo con verdugos.
Yo no dialogo con dictadores.



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6.4.14

Soñar con bombas lacrimógenas



                  Imagen: Ophelia. Ellen Kooi




Esta mañana desperté pensando en Fogwill.

Él creía ciegamente que es imposible soñar olores.

Yo olí bombas lacrimógenas toda la noche.

El humo marcaba mi camino.

Tosía imparable.


Alguien me dijo: Eres alérgica. No deberías estar aquí. ¿Has traído tu inhalador?

Pensé: mi asma es emocional, hace mucho que no me da. Mi alergia también.

Hice el camino contrario al rastro de lenguas blancas que dejaban las bombas.

Llegué a lo que pensé el mar pero el agua era negra.

Río Guárico. ¿Que hago aquí? ¡No entres! ¡Hay babas!

Vi una madeja de hilos dorados que se movía al ritmo de la corriente.

No avanzaba, estaba enredada en las raíces de un árbol.

Me acerqué: un cuerpo semi hundido, una mujer muy blanca.

Ofelia, eres ofelia, este río no te corresponde, tu sitio está en los poemas que escribe la bestia.

El humo de las bombas regresó y llevó al sueño a un fundido en blanco.

Desperté con dolor de garganta.




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4.4.14

Despertar con la imagen de un estudiante desnudo


Despierto con la imagen de un estudiante desnudo.

La humillación y el abuso en extremo: le arrancan la ropa y lo golpean dentro de la Universidad Central de Venezuela.

Lo acosan hienas encapuchadas, lo mancillan, lo pisotean.

O eso intentan porque cuando vuelvo a la foto veo tanta dignidad en esa piel forzosamente expuesta que me erizo, me sobrepongo, el estómago se me hace impulso y el llanto se vuelve dientes apretados.

Despierto también con una noticia: "España suspende la venta de material antidisturbios al Gobierno venezolano".

Siento un alivio parcial.

La primera lectura me dice: comienzan a abrir los ojos.

La segunda lectura dice: esto va para largo.

La tercera lectura tropieza con la frase "espiral de violencia": echo de menos palabras como "acoso", "asedio", "violaciones", "vejaciones", "asesinatos". Echo de menos que se hable de "derechos humanos", de "torturas", de "secuestros".

¿Cuánto falta para que esta jauría que humilla y atropella se autodenomine escuadrones de la muerte?

¿Cuánto falta para que se asesine en masa en nombre de una pretendida revolución?

Una palabra en la prensa del día me angustia: la cabeza del régimen, el spin off del militar fallecido, habla de secesión.

Alimenta el discurso extravagante, delirante y dislocado de estos 15 años con un viejo término que encierra en sus letras guerra civil, fratricidio, una excusa justiciera para disparar. Entre las mil y una diferencias es que sólo una parte del país está armada.

Secesión suena a pistoletazo de salida.

Saltan las bestias a la pista en una carrera enloquecida.

¿Cuál será la meta?

¿Matar (más)?

¿Cuánto tardaremos en escuchar "secesión" seguida de "abolición de la esclavitud del siglo XXI"?

¿Cuándo dirá este hombre que los del bando secesionista son oligarcas amos de esclavos?

¿Cuánto tardará toda esta locura en ser la invitación a degollar a los empleadores?

Hay días en que el miedo le gana a la esperanza.

Por fortuna, la piel del niño desnudo y su dignidad, nos llena de fuerza.




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3.4.14

Juan Carlos Chirinos, Karina Sáinz y Lena Yau: experiencias y visiones, reunidos en El Ávila Gourmet, en Pozuelo de Alarcón. Entrevista de Annie Van Der Dys. Fotos de Lisbeth Salas.

Escritores venezolanos en Madrid

Karina Sainz, Juan Carlos Chirinos y Lena Yau /Lisbeth Salas
Karina Sainz, Juan Carlos Chirinos y Lena Yau /Lisbeth Salas
El pasado 21 de febrero, "Papel Literario" organizó el encuentro con tres escritores venezolanos que residen en Madrid. Juan Carlos Chirinos, Karina Sáinz y Lena Yau compartieron sus experiencias y visiones, reunidos en El Ávila Gourmet, en Pozuelo de Alarcón
Lena Yau: Llegué a Madrid el 13 de noviembre de 1999. El año anterior vivía en Fort Lauderdale. Mi esposo tenía un proyecto de trabajo allí. Cuando el proyecto terminó, pensamos que volver a Venezuela no era una opción. Caracas entonces nos parecía muy insegura. Valoramos varios países y  Madrid fue la ciudad escogida. El idioma y la oferta cultural inclinaron la balanza.
Lena Yau / Lisbeth Salas
—Juan Carlos Chirinos: Yo no sé cuál es el caso de ustedes pero yo era de esos que tenía mil trabajos en Caracas y siempre estaba sin dinero. Había tomado una decisión: tenía que irme de Caracas para poder escribir. O me regresaba a Valera o salía del país. Y aquí estoy.
—Karina Sainz: Yo llegué aquí con veinticuatro años. No quería venir. Ni a España ni a Madrid. Mi experiencia de inmigrante es la misma que vivió mi abuelo pero a la inversa. Él se fue a Venezuela con veinticuatro años y ahora yo regresaba asu edad. Entre las primeras personas que  me encontré cuando llegué a Madrid estaban Juan Carlos Méndez Guédez y Juan Carlos Chirinos, dos narradores venezolanos. A Juan Carlos Chirinos lo detesté por la visión que me dio de Madrid.
—JCC: Hice el papel de policía malo.
—LY: La verdad es que mi experiencia de llegada a Madrid fue todo lo contrario. Juan Carlos Chirinos es lo mejor que me ha pasado.Fue un soporte invalorable.
—KS: Pero sí lo entiendo, ahora. Pero en ese momento fue muy rudo. Juan Carlos me hablaba de las dificultades. Adaptarte es un proceso de extrañamiento porque quieres volver al país que tuviste, al país que conociste y también a quien tú eras en ese país. Una de las pocas cosas que mantengo desde que llegué, es mi blog,Crónicas barbitúricas. No puedo comprender mi experiencia vital sin ese blog.
Aprender, desaprender
Evidentemente el proceso de adaptación ha sido distinto para Karina Sainz Borgo, nacida en Caracas en 1983, narradora y periodista especializada en temas culturales, para Juan Carlos Chirinos (Valera, 1967) narrador y Licenciado en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello, y para Lena Yau, Licenciada en Letras en la misma universidad, quien actualmente trabaja en el Instituto Cervantes.
—AV: ¿Cómo ha sido el proceso de formación de ustedes? ¿Se sentían ya con un bagaje como escritores o fue Madrid donde conformaron sus respectivas identidades?
—JCC: La verdad es que yo tengo que decir que yo llegué formado.
Juan Carlos Chirinos / Lisbeth Salas
—LY: Diría que mi carrera literaria comenzó aquí. Madrid fue el punto de partida. Antes de Madrid escribía, pero mi escritura estaba más enfocada hacia el periodismo. Aquí me reuní con Juan Carlos Chirinos. Él me presentó a Juan Carlos Méndez Guédez. Ambos leyeron mis textos y me estimularon a seguir adelante. Su apoyo se tradujo en escritura.
 —AV: ¿Al llegar a España aparece en ustedes la necesidad de sumergirse en la narrativa española o europea, o prevaleceuna voluntad de releer la literatura venezolana?
—JCC: Estudié en la Universidad Católica, y la Escuela de Letras de esa universidades una carrera panóptica. Es decir, yo ya estaba leyendo literatura española desde que comencé en la carrera.
—LY: También estudié en la UCAB. Me pasó lo mismo que a Juan Carlos: ya tenía una conexión con la literatura de aquí.
—JCC: Cuando se anunció el programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho, mi hermano estaba estudiando en Estados Unidos. Me rogaba:“Vente a Columbia University”. Yo le contesté que no, me voy a España. “¿Pero tú estás loco?”, me dijo. “¿Si quieres estudiar literatura, no es mejor aquí en Estados Unidos?” Pero yo tenía que seguir, que despejar todo eso que ya había aprendido en la Católica. Y así llegué a Salamanca. Por eso, cuando digo que yo llegué formado, lo digo sin soberbia.
—KS: Yo no llegué formada. No lo estaba y tuve que reinventarme. A lo bestia. Hice un Máster en la Universidad Complutense de Madrid y un Master en el Diario El Mundo. Cuando entrevistas a Rafael Chirbes y no te has leído a Benito Pérez Galdós, no te enteras de nada. O a Juan Benet, por ejemplo, que está muy juzgado porque en el franquismo huyó a Francia. Hay cantidad de matices políticos y culturales, por ejemplo, que no conoces aun cuando hayas leído a los autores. Hace falta involucrarse con el medio literario.
Karina Sainz Borgo / Lisbeth Salas
—AV: Lena, tú venías de vivir en Estados Unidos, ya tenías la experiencia de ser extranjera. ¿Qué te dio Madrid como escritora?
—LY: Una de las cosas que más me impresionó cuando llegué a Madrid fue que uno podía hallar libros donde quiera. Lo primero que hice aquí fue leer a los autores españoles, europeos y asiáticos, que me resultaban inalcanzables en Venezuela. Conseguir ediciones bilingües fue el regalo mayor. Eso fueron los primeros años. Ahora mismo mi momento es al revés: me digo, Dios mío, quiero leer el libro de Humboldt que editó la Fundación Mendoza y no lo consigo. Aquí consigo todo el mundo literario, menos el venezolano.
 ¿Existe la literatura venezolana en España?
—AV: ¿El lector español tiene interés por la literatura que se escribe en nuestro país? ¿Circula  alguna idea de lo que es la literatura venezolana?
—JCC: Cuando llegué aquí en el año 1997 la literatura venezolana no significaba nada. O significaba en lugares muy precisos. Por ejemplo, la cátedra Ramos Sucre de la Universidad de Salamanca se encargaba de hacer ver que Venezuela era algo más que petróleo y misses.  Poco a poco la literatura venezolana ha ido ganando espacio. Pero el espacio que tenemos es pequeño porque, además, hay mucha competencia. 
—AV:¿Cuál es la reacción de la inteligencia española con respecto a la irrupción de la cultura de América Latina en la actualidad de España?
—KS: Yo lo veo desde el punto de vista del mercado editorial. Hace una semana estaba hablando con un editor canario y me dijo: “Le digo a los escritores latinos que quieren venir a España que triunfen primero en México, en Colombia, en Argentina, y luego triunfarán en Madrid. España mira ahora a América Latina como un mercado. Y en el caso de Venezuela, aquí han hecho un trabajo de hormiga los dos Juan Carlos, Chirinos y Méndez Guédez, que mucho han contribuido a promover la literatura venezolana.
—JCC: Lo que ha pasado con la literatura venezolana ‒y está dejando de pasar‒ es que no había escritores venezolanos exiliados aquí en España. La literatura venezolana se autoabastecía porque teníamos muchas editoriales: Fundarte, Biblioteca Ayacucho, Monte Ávila, Pequeña Venecia. Escritores de gran calidad como Ednodio Quintero y Eduardo Liendo escribían para el país donde estaban. Mientras que escritores como Rodrigo Rey Rosa, Juan Villoro o Carmen Boullosa andaban por el mundo buscando dónde publicar.
—KS: Siento que la literatura venezolana aún no ha salido a medirse afuera. Nuestra realidad era, antes del chavismo, prácticamente desconocida fuera de nuestras fronteras.

23.3.14

Avena sobre Kafka: homenaje a los bravíos estudiantes venezolanos.*

                Mensaje de los estudiantes a la nación: Libertad o nada.          
                                                     
                     



A todos los estudiantes.
A Bassil y Robert que siempre estarán.


El mundo ancho y ajeno convive con el mundo pañuelo.

Dos frases que se persiguen.

Saltan una sobre la espalda de la otra para desdecirse que es, al mismo tiempo, su forma de confirmarse.

Una especie de juego de pelota lingüístico: atrápame para que no me atrapes.

Estos días los países del globo terráqueo se van pintando de tricolor con estrellas.

Los mapas se encienden con puntitos amarilloazulyrojo que dicen: aquí vive un venezolano, a este venezolano le importas, somos tu voz.

Escribo esto desde seis mil kilómetros que no son distancia.

Basta encender el ordenador para hacer de él mi balcón al país.

Corro la cortina y veo a María Eugenia, a Carlos, a Gabriela, a Pepe, a Johnny, a Gladys, a Venancio, a Lucía, a Felipe, a Coromoto, a Joao, a Jessica, a Franklin, a Pili, a Gorka, a Fátima, a Paolo.

Cuando cantan asoman sus dientes blancos, algunos llevan un piercing en la nariz, en la lengua, en el labio.

Tienen días sobre el asfalto pero se les ve frescos.

Pulso un botón y corren para esconderse de los perdigones.

Pienso: ayer eran niños jugando al escondite.

Pincho un enlace y se llevan la camiseta a la nariz luchando contra los gases.

Pienso: tendrían que estar en clase esquivando taquitos de papel.

Empiezo mi día con ellos muy temprano y lo acabo con ellos también.

Todos están en mi casa.

Quiero marchar con ellos.

Lo hago tecleando.

Como ahora.

Cada tecla presionada es un paso que va acompañándolos.

Es la hora del cole.

Vuelvo a mi aquí.

Dejo mi marcha de letras y apuro a Adrian:

- Come rápido, te deja el transporte, hoy tienes exámenes, aliméntate bien.

Su bigote de leche me pregunta por los chicos de “allá”.

Están, le digo. Siguen.

Lo dejo en el bus y de regreso reanudo mi marcha frente al plasma.

Miro mi escritorio.

Sobre un libro de Kafka descansa mi desayuno: un cuenco de avena.

Avena sobre Kafka.

Es un buen título para muchas cosas: para un cuento, para una paradoja, para una carta de amor.

Para la ucronía:

¿Qué piensa Kafka estudiante de lo que ocurre en Venezuela?

O para una angustia más:

¿Estos chamos estarán desayunando?

Hoy mis pisadas tecleadas siguen hablando poesía y comida, de palabras y alimentos.

Los estudiantes nos nutren con una literatura que escriben en la calle.

Los venezolanos que vivimos fuera de ese casi millón de kilómetros cuadrados vibramos con ellos.

Los aplaudimos, abrazamos el aire para hacerlos nuestros.

Admiramos su gallardía, nos rendimos ante el ejemplo, aprendemos al verlos.

Sentirlos es recuperar la esperanza en la reconstrucción de Venezuela.

Nuestra gratitud cubre todos las formas coloreadas del mapamundi.

Todos los cielos.

Toda el agua.

No hay kilómetros que nos separen de ellos.



* Columna publicada en el diario El Nacional**  el 18 de febrero del 2014

**Pinchar.


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20.3.14

Venezuela: Escuchar y comer. Una charla almuerzo para sanar a través de la palabra y los sabores.


                                      Foto: Ángeles Martín Retortillo




Mi amiga querida, Mariela Michelena, psicoanalista, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Madrid, autora entre otros libros de Un año para toda la vida, Saber y no saber y Mujeres malqueridas, ofrecerá una charla para orientarnos en estos días de obscuridad que se viven en Venezuela: "Cómo sobrevivir a la inmigración en tiempos de crisis".
La charla será este domingo 23 de marzo a las 12:00 en el restaurante La Panamericana*




Emiliano Reyes, creador incansable, anfitrión exquisito y también, por fortuna, amigo del alma, ha preparado un menú cerrado para la ocasión.


Entrantes:

Croquetas de Cangrejo con salsa tártara
o
Churros parecen... (Churros de harina de Maíz rellenos de queso, acompañados de frijoles negros refritos)
o
Tiradito de oil fish (pez mantequilla) bañado en salsa de tamarindo.

Segundos:

Causa Azteca (Timbal de patata con salsa chipotle mexicano, relleno de calamares rebozados. 

Ceviche de salmón, acompañado de nachos y guacamole) .
o
Parrilla caribeña (corte de entraña a la parilla con yuca frita, y cebolla, acompañado de un mojo de cilantro y mermelada de cebolla).

Postres:

Cafe, Infusión
o
Dulces hostias (obleas de dulce de leche)
o
Crepe de dulce de leche o chocolate.

Incluye una bebida: Refresco, Agua, Copa de Vino.



Para reservar mesa (imprescindible): 915 62 66 60
La Panamericana*: calle Antonio Pérez, 26.


*Pinchar.


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12.3.14

Venezuela: un tren se nos descarrila por dentro





                  Imagen: My forked tongue. Annila Quayyumm Agha.





A los que resisten allá y aquí, aquí y allá.


Desde hace un mes un tren se nos descarrila por dentro.

Las palabras que somos estallan en el aire.

Pacientemente ordenamos vocablos.

Recomponemos nuestra fractura oral.

Nos abrazamos en pedazos.




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