26.5.15

Miami: Presentación de la novela Hormigas en la lengua. Lena Yau. Editorial Sudaquia.





Hormigas en la lengua - Expuesta como un collage literario compuesto por cartas, poemas, narraciones quebradas y anécdotas familiares, Hormigas en la lengua se adentra en los juegos, las heridas, las cavilaciones, los placeres y temores de la infancia. La particularidad de este retrato se encuentra en la decisión narrativa por la que ha optado Yau: relatar desde lo gastronómico. Desde y a través de la comida se dibujan, con pluma ágil, graciosa y sin adornos, las transformaciones de cada uno de sus personajes. Esta primera novela revela una de las más prometedoras voces de la narrativa venezolana.
Foto de la portada: Juan Carlos Bertorelli.




Foto: Lisbeth Salas


Lena Yau ( Caracas, 1968)Narradora, poeta, periodista e investigadora.Especialista en el vínculo entre literatura e ingesta.Licenciada en Letras y Master en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello. Asesora literaria de El sabor de la eñe. Glosario de literatura y gastronomía publicado por el Instituto Cervantes en Madrid. Autora del poemario Trae tu espalda para hacer mi mesa (Gravitaciones, 2015). Columnista en el diario El Nacional. Cuentos, poemas y artículos suyos han aparecido en publicaciones periódicas. Reside en Madrid. Hormigas en la lengua es su primera novela.

La presentación será el 11 Junio de 2105 a las 6:30 pm en Books & Books
265 Aragon Ave
Coral Gables, Florida
33134-5008
United States


________________________

14.5.15

Acabo de soñar esto:


                       Imagen: Serie La casa. Collage. Lena Yau



Estaba en el mar. 

Navegaba en un barco grande.

Vi que.los cordones de mis zapatos estaban sueltos así que le dejé los mandos a alguien y me agaché para atarlos.

Al subir mi espalda para recuperar mi posición frente al timón veo una ola gigante. 

La montaña de agua avanza hacia nosotros.

No puedes abandonar el control, le digo a la persona que me acompaña. 
¿Cómo es posible que no hayas tomado medidas para sortear esa ola?
Nos va a partir el barco, nos va a voltear.

Pero el yate flota, sube con tesón el coloso de agua, llega a la cresta, popa y proa quedan segundos en el aire haciendo equilibrio hasta que la nariz del barco busca la ladera y baja a toda velocidad.

Siento el vacío en mi estómago, pienso en la bajada de una montaña rusa, cierro los ojos y el mareo me recorre hasta llegar a los pies, se me aflojan las rodillas, resisto y espero un momento que no llega: el crac anunciando la rotura del barco, un golpe de mar que me lleve al fondo.

Cesa el movimiento, abro los ojos, estamos varados en un banco de arena.
A pocos metros una playa y dos hombres.

¿Dónde estamos?, les pregunto.

Me contestan en un inglés muy cerrado que no logro entender.

Les pido que me repitan la respuesta.

Escucho y comento: dicen que estamos en Dovershield, un islote cercano a Barbados.
No les entendí porque hablan en inglés colonial.
Tenemos que pedirles que nos ayuden a liberar la nao.
Todavía estamos muy lejos de Zanzíbar.

Pronuncié Zanzíbar en voz alta.

La palabra en mi boca me despertó.


–––––––––––––––––––––––––––––

22.4.15

Venezuela: Irse, quedarse. Un papagayo, una tapia, un álamo, un país.

Un papagayo, una tapia, un álamo, un país

Lo elocuente es el instante pasajero
y el instante que le sucederá.Maurice Blanchot.

A Fabiola Arroyo.
A Chipilo Pulido.


1.
Hace muchos años, más de los que yo imaginé que iban a transcurrir entre lo que voy a contar y este tecleo, tomé un taxi.
Fue en Madrid, en una calle que me asombraba y me sigue asombrando.
La calle se llama Costa Rica y yo, recién aterrizada, organizaba en mi cabeza la ciudad que todavía no manejaba.
Le pregunté al taxista el porqué del nombre de la calle y despachó mi curiosidad con un: ¡A ver… se llama Costa Rica porque se llama Costa Rica!
Yo le contesté que se nombra por alguna razón y le conté que en mi país las esquinas cuentan historias desde sus nombres.
Nombres que le recité sin que me invitara a hacerlo.
Cuando pronuncié Peligro y Pajaritos bajó el volumen de la radio, me miró desde el retrovisor y me soltó: Peligro y Pajaritos. Vuestras esquinas os cuentan. Venís volando, huís con miedo. ¿Vais a vaciar vuestros países?
Contrariada le pregunté: ¿De dónde soy?
“De donde no estás”, contestó y volvió al fútbol en la radio.

2.
Ya no cuento.
Cuento historias, sí, pero ya no cuento el tiempo.
El transcurrir entre la vida que sigue sin mí, allá, mientras me veo como un holograma, como una imagen congelada, como algo que vaga en sueños.
Esa medida pertenece a los números crueles, cifras que guardan lecturas complejas. Algo que se abre en púas como un puerco espín antipático.
Escindida siempre, superpongo planos geográficos.
Leo en las redes sociales a un joven autor español, Matías Candeira, que describe cómo una pescadera alza su brazo y lo deja caer decidida sobre un atún.
La mano es precisa en su manejo del machete.
Rueda la cabeza del animal, da tres saltos sobre el mesón de madera y cae al piso.
La luz irisa las escamas y un ojo mira hacia adentro.
La mujer observa el reflejo de las escamas en su delantal.
Lenguas coloridas acompañan a las manchas de sangre.
Mira a su marido llena de ternura y le pregunta ¿te acuerdas?
(La belleza está en donde menos pensamos).

3.
“¡Claro que me acuerdo!”, le digo al amigo que también se fue y que vive en un país vecino.
“Pero acepto el trato”.
“Tú me enseñas a volar papagayos y yo te escribo un cuento”.
Hablamos, nos reímos, nos reconocemos en la base de un acento que nos une con exponentes que nos enmarcan geo-biográficamente.
Compartimos amor y preocupación por la tierra.
La cuna.
Esta es la historia de una niña que no sabía volar papagayos.
Su papá la llevó a un descampado, “corre”, le dijo, y no sueltes el hilo.
La niña corrió, “no mires al piso, no mires hacia atrás, corre”, le dijo el papá.
Pero la niña vio que el horizonte guardaba una pendiente que entendió como abismo, frenó en seco, se torció un tobillo, se cayó y se hizo la desmayada.
El papagayo la acompañó.
“No puedes frenarte frente a un obstáculo”.
“Míralo, calcúlalo y enfréntalo”.
“Solo así podrás volar”.
La niña no escuchó el consejo porque tenía la oreja pegada a la tierra midiendo un sonido.
Regresó a la casa con dos raspones en las rodillas y un gato que se escapó en silencio días después.

4. 
Víctor Klemperer escribió un diario que tituló: La lengua del III Reich. Agenda de un filólogo. 
Lo escribió a escondidas.
Despojado de su título universitario se vio obligado a trabajar en una fábrica. Pero la identidad es terca, el alma es terca, el espíritu es terco.
En su jornada laboral analizó el habla del poder.
El régimen atrofió la lengua alemana para forzarla a la ideología.
El descubrimiento más terrible fue comprobar que la neolengua permeó en la población sin óbices.
Cuestionar la torcedura lingüística es resistir, concluyó.

5. 
Quedarse. Irse. Los que permanecen. Los que se marchan. Los que luchan con fiereza desde adentro. Los que luchan con pasión desde afuera. Los que se revuelven de indignación haciendo colas. Los que se llenan de ira viendo cómo se depaupera imparable el mapa.
“Quédate. Vete. No regreses. Ven, vale, con cuidado te lo pasas bien. Tampoco es para tanto, se exagera mucho. Si vienes tráete la vida. No critico a los que nos dejan. Es muy fácil sufrir en comodidad. Quien tiene bodega que la atienda. ¿No querías quedarte? ¡Pues no te quejes! ¿Y quién te mandó a agarrar ese avión? Aquí se sufre pero se goza. Me quedo por mis principios. Lo dejo por mis hijos. Aquí están enterrados mis muertos, no puedo dejarlos. Me quiero ir porque me harté. Si estás afuera no tienes derecho a opinar”. 
¿De verdad el problema está en estas frases?
Son palabras escritas sobre una tapia.
La tapia que nos dejamos poner.
La tapia que no queremos saltar.
Hay que mirar lo que hay detrás del muro: albedrío.
Un territorio sano no señala a sus habitantes por permanecer o partir.
Tampoco exige o valida razones.
Los países democráticos entienden que el flujo es crecimiento y cultura.
Las personas libres dejan vivir porque viven.
Creo que Víctor Klemperer diría que estamos hablando como aquello que rechazamos.
6.  
Un papagayo se mueve entre el lejos y el cerca por una cuerda que la mano maneja con destreza.
Si tensa mucho la cuerda se rompe y el papagayo cae haciendo círculos hasta estrellarse en el suelo.
Si se suelta sin medir el papagayo se aleja descontrolado y puede venir una corriente de aire y llevárselo lejos.
Quizás hasta la estratosfera.
Un papagayo roto en el piso como un pájaro muerto es una cosa triste.
Un papagayo que vaga suspendido sin posibilidad de retorno también.
7. 
Vasko Popa habla de un álamo.
Del álamo dice que un día llegó un bulldozer y como un toro embistió al árbol.
Un hombre mayor que por allí pasaba se detuvo se quitó el sombrero, saludó las raíces, el tronco, las ramas, las hojas, la copa.
Agitó el paraguas y gritó a todo pulmón: No te dejes vida mía.
El poema se llama “Álamo y transeúnte”.
Pero también podría llevar el nombre del país junto al nombre de cada uno de nosotros.
No nos dejemos.





El enlace a El Nacional: http://www.el-nacional.com/lena_yau/papagayo-tapia-alamo-pais_0_614338677.html

21.4.15

Gastrosueño para Luis y Javier


                             Imagen: Monica Van Asperen




Para Luis Arévalo.
Para Javier Prats Koudhary



Conversaba con Luis sobre sus proyectos, los míos y la posibilidad de hacer alguna cosa juntos.

Lee la carta, me dice, mientras me extiende un libro precioso que se titula Saint Tropez.

Leo fascinada una lista de platos.

Todos los platos son creativos, elegantes e inteligentes.

Siento hambre.

Luis me acerca un plato.


- Estoy ensayando esto para la cocina. Quiero que todos comamos sano, gustoso y que los platos tengan un despliegue atractivo. ¿No te parece que me pasé un poco con la acidez?


Huelo. No percibo nada ácido. Mi hambre siente que la espolean.


- No, le digo. Siento la acidez en armonía. Déjame probar.


Tomo un tenedor y lo acerco.

La pieza de atún se abre en pétalos y cae sobre la salsa de fondo.

Acuno un trozo  en el cubierto sin pincharlo y uso las púas para envolver unas tiras largas.

Me llevo el bocado a la boca.

El pescado que parece deshacerse revive al hidratarse con la salsa.

La cebolla está al dente y cruje.

Me siento feliz.


- Luis...¿cómo haces esto? ¿sabes que estoy durmiendo? ¿cómo puedo oler y saborear en mis sueños?


Luis me mira.


- Ojalá lo supiera, me contesta.




También hubo postre pero en otro escenario.

Mi casa de infancia estaba reducida.

Parecía una mini casa de campo.

Vi las paredes desconchadas y eso me preocupó un poco.

O mucho porque sentí taquicardia.

Había una cortina entre la entrada y la salita hecha de chapas de refrescos martilladas.

Qué horror, pensé, ¿de dónde salió esto?

En contraste, la mesa del comedor era bellísima.

Estaba vestida con un mantel de hilo y decorada con mucho gusto.

Veo macarrones en todos los matices posibles.


- ¡Violetas! ¡Quiero los de violetas!


Tomo uno, lo calibro, hablo: esto es una interpretación del macarrón.

Los macarrones no son de bizcocho.

Retiro la tapa superior: el relleno tradicional comparte espacio con diamantes de gelatina color ámbar.


- Esto es una reducción de Sauternes en gelatina.


En la esquina de la mesa mi padre me observa.


- Papá, qué manía, tú estás muerto.

- Ya. Pero sabía que vendrías. Y quiero macarrones.

- Solo dos y te vas.

- Vale.


Comió, me miró, se fue y desperté.


_______________

13.3.15

6.205 días fuera de Venezuela

                    Foto: Katerina Lomonosov


Tengo 6.205 días fuera de Venezuela sin dejar estar en ella ni un segundo.

Desde que vivo físicamente fuera de su mapa camino sobre un cable en tensión.

Mis rodillas tiemblan, mis tobillos se doblan, no tengo vara en las manos.

Vivir es evitar que la gravedad acabe conmigo.

Las circunstancias del país se hacen foso magnético.

Pies ligeros, como Aquiles, no te dejes arrastrar.

(El rezo de la que no reza). 

Pero hace unas semanas fueron más estudiantes muertos, hace dos días el embajador habló del sonido de las balas en las cabezas de los que piensan distinto, hoy un abuelo hecho preso político aparece muerto en su celda.

Cada día tengo que controlar el fuego que arde en las yemas de mis dedos.

Cada día tengo que aprender a respirar.

Por favor, miren hacia Venezuela.

Los que desde aquí hablan con admiración del "Salto el Angel", de "Isla Margarita".
Los que desde otros países nos enlazan con Misses y playas.
Los que se asombran y piensan en guerra y posguerra cuando ven en un programa de tele cómo obligan a los ciudadanos a hacer colas de horas para entrar a automercados vacíos.

Nuestra tragedia es eso.

Pero sobre todo eso, nuestra tragedia es muerte.

Muerte escogida por otros, muerte impuesta, muerte a dedo.

Necesitamos ayuda.




*Pinchar los enlaces para detalles.



_________________

11.3.15

Un chasquido (a propósito de las palabras de Roy Chaderton*)






Un chasquido

autro image
En las manos calientes
de los niños
el pájaro de madera
comenzó a vivir
Zbigniew Herbert

Un chasquido es el sonido que produce la lengua al separarse con rapidez y fuerza del paladar.
Ese alejamiento hace que el aire de la cavidad bucal reverbere convirtiéndose en sonido.
Aire no significa vacío.
Lo hueco tampoco. Hay oquedades que engañan.
La cueva que es el interior de la boca recibe, cobija, cura y ofrece.
La lengua abraza los sabores, describe una ruta sobre la piel de la persona amada, limpia una herida leve que quema al pasar la página de un libro, mide la temperatura de la sopa que invitamos.
La boca tiene que estar libre para hablar, para comer, para cuidar, para amar.
Solo así es posible que sea un afluente que sube y baja en muchas direcciones.
Somos voz, eres voz.
Papá me decía: No me chasquees la lengua pero yo no podía evitarlo. Los chasquidos son tan automáticos en mí como el gesto de arrugar la nariz para preguntar ¿qué quieres?
El chasquido es contrariedad pero también se reproduce de muchas maneras en lo cotidiano con múltiples significados.
Las coquetas, esas flores humildes que abundan tanto como el monte, esconden un cartucho bajo las hojas.
Cuando era pequeña imaginaba que esa cápsula vegetal celaba el perfume que las flores no emanaban. 
Buscaba con cuidado las bombitas verdes, las separaba del tallo con pulso de artificiera para posarlas con suavidad sobre la palma de mi mano, hacer una fila con ellas y presionarlas levemente.
Una por una estallaban en chasquidos enroscando las paredes hacia fuera y dejando al aire semillas blancas que yo frotaba detrás de mis orejas para oler a coqueta antes de sembrarlas.
¿Tienes un real entero? ¿Me cambias dos medios por un real?
Si venía un sí, deslizaba mi realito por la ranura de la máquina de refrescos.
Un puertecilla vertical y transparente mostraba variedad de bebidas.
Los sabores me eran indiferentes, lo que me importaba eran los sonidos.
La moneda caía por lo que yo pensaba como un esófago metálico hasta aterrizar en la barriga del robot de las bebidas.
Una luz se encendía y abría la puertecilla con un quejido neumático. La mano empujaba un gancho semicircular y la botella caía dando botes que se escuchaban como bolas de billar devoradas por un agujero de la mesa.
Quitarle la chapa tenía dos tiempos y una coda: un clinc y un chasquido que se derivaba en un shuuuuuuuuuuuuu que parecía mandarnos a callar.
Pero muchos chasquidos sumaban muchas chapas que se aplastaban para clavarlas en un taco de madera y hacer un sonajero dejando sin efectividad la orden gaseosa de hacer silencio.
Un chasquido rompe un mamón gordo y opulento, deja salir la pulpa que la lengua succiona hasta disolverla por completo.
El mamón es derrota en cáscaras arrugadas y en una semilla pálida y calva.
Un chasquido desviste a un libro del celofán transparente que lo envuelve y deja escapar millares de líneas, palabras libres, pensamientos al vuelo, ideas en futuro practicable.
Un chasquido es un fósforo deslizándose sobre la lija negra anunciando que un cumpleaños está a punto de cantarse.
O que una fogata va ser encendida.
Un chasquido nunca rompe el vacío.
Un chasquido abre el paso.
Un chasquido precede a lo que viene.


___________________________________________________________
*Roy Chaderton, embajador de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos (OEA), dijo la noche de este lunes 9 de marzo de 2015en el canal público Venezolana de Televisión (VTV) que cuando un proyectil impacta la cabeza de un opositor "pasa rápido" y suena hueco. Dejo el enlace al video: 




________________________________________

25.2.15

Ruego por Venezuela





                                                 Imágenes: Robert Triscoli.






En una semana la policía del régimen ha asesinado a seis estudiantes.

El más reciente tenía 14 años.

Un tiro en la cabeza cercenó su vida.

En la acera quedó una parte de lo que usaba para pensar, para memorizar operaciones matemáticas y valencias químicas, para escribir en la última hoja de su cuaderno un número de teléfono, para caminar, ver, respirar.

Los cerebros a veces se fugan.
Otras se perforan.

Los cinco restantes presentaban signos de tortura.

Sus madres tuvieron que ver en un cuerpo herido, abusado, quebrado, machacado, al bebé al que una vez dieron de mamar, al trasto que les hizo un favor rompiendo un jarrón horroroso, al adolescente que parecía una piraña frente a la nevera, al joven que festejó el día que supo que la universidad lo aceptó como alumno.

Nadie podrá reclamar, no habrá denuncias ni juicios porque la ley es clara: se puede y se debe usar armas mortales contra aquel que proteste.

Yo ruego que miren hacia mi país.
Yo ruego que se conduelan.
Yo ruego que se pongan en ese lugar.
Ruego ayuda para denunciar.


____________

7.2.15

Perfiles del chavista de ultramar: 1) chavista mimosa púdica.





                                                 Foto: Anthony Gormley.


Artista aspiracional, come flor por convicción, constructor de andamios lingüísticos imposibles.

Reside en el primer mundo.


Es green, pacifista, unicornista, arcoirista.


Como buen vegetal, no habla, no hace propaganda, no se manifiesta.

Sensible, muy sensible, hiper sensible.

El mundo ye-ye es un camuflaje que no supera pequeños estímulos.

Ante la luz se esponja y hace comentarios que intentan equiparar la situación venezolana a los tropiezos incómodos que se viven en todos los países.

Engorros cotidianos que en Venezuela se viven con reacciones exageradas:

Las colas son una pesadilla también en Nueva Orleans.

Los daneses solo tienen tres marcas de jabón de tocador.

Los escandinavos usan rodajas de limón como desodorante porque es 
biodegradable.

En Australia también hay que pedir permiso para manifestarse.

En las sociedades avanzadas nadie usa papel higiénico porque hay un respeto profundo a los árboles.

Los alemanes cuidan el agua corriente; usan más de una vez el agua en la que ponen a remojar la vajilla.

Los cortes de luz son fantásticos para reunir a la familia a la luz de las velas y despegar a sus miembros de la adictiva y deformadora internet.
Si alguien reubica el dial en la realidad, el chavista mimosa púdica contrae las hojitas.

Se repliega, contesta que no pretendía, que no quería, que no sabía, que no pensaba, que no decía.

Pero ahí se queda.

No ondea la bandera del comandante pero tampoco la cuestiona.

Deja su opinión de purpurina y se va cabalgando en algún cuadrúpedo 
mitológico.

6.2.15

Bernini y pescado frito

                                 Foto: Juan Carlos Bertorelli 



"Una imagen me traslada a mis dos incertidumbres: la rama de un árbol intentando entrar en la sala de exposiciones me recuerda al perfil montaña enmarcado en un edificio espejeado."



Bernini y pescado frito

autro image
A las voces que entrañan cuentos.

Una imagen es un alto que hace la mente entre dos incertidumbres.Djuna Barnes

Llevo días pensando en la seducción del fragmento.
Entusiasta del collage me preguntaba si la inclinación hacia ellos se debía a que los trabajos cuentan una historia a partir de trocitos de otras historias.
Un relato largo a golpe de vista.
Muchos relatos pequeños en el detalle.
¿No es así la realidad?
¿No observamos lo que ocurre como imágenes en enjambre?
¿No percibimos lo que vemos como puntos negros que se mueven enloquecidos cuando el sol nos deslumbra?
Si no nos detenemos a pensar, la vida pasa sin hacer ruido.
Pero si desglosamos lo que nos rodea cada ápice abre su interior mostrándonos un coloso.
Así el mudo transcurrir del segundero en nuestra muñeca se amplifica, nos llena el pabellón de las orejas y se desliza hasta caer en el tímpano.
Una lluvia de tic tacs rebota, traspasa membranas y navega nuestro torrente sanguíneo en forma de silencio atronador, de angustia sin contexto, de disparador de instantes felices repletos de voces, texturas, imágenes, sabores.
Esas partículas mínimas son en realidad trampolines, pértigas, resortes bajo los pies.
Nos movemos a la velocidad de la luz sin abandonar el espacio objetivo.
Georges Perec habla de “interrogar a lo habitual” en un libro llamado Lo infraordinario.
El escritor invita a hacer un inventario de lo que parece insignificante, de lo que cobija una melodía interna, una narración por despegar.
Compilador de tesoros que la cotidianidad enviste de invisibles, Perec ausculta paisajes y objetos para aproximarse a lo que somos, pregunta a una cuchara de postre o indaga sobre lo que el papel tapiz de la pared esconde para hacer hablar a las cosas comunes, arrancarlas del caparazón al que permanecen pegadas, darles un sentido, un idioma.
El alma de las cosas habla, pienso.
Seguramente Bernini se preguntó qué contaba el mármol y labró una ruta golpes suaves y precisos que llegó a la respuesta: serenidad en el rostro de el Anima beata y rabia en el del Anima dannata.
Gestos eternizados en una piedra que condensa varios relatos: el que cuenta ella per se, el que recogió el escultor, el que admira el observador, el existe en el espacio que transcurre entre la mirada de la imagen y la mirada del otro.
Conocer es comer con los ojos, apuntó Sartre y ese pensamiento me regresa al hambre de un joven Hemingway que apuraba el paso hacia Shakespeare & Co tapándose los oídos para no escuchar lo que las marquesinas de los cafés y los restaurantes circundantes le gritaban.
Hemingway que en esos años era Tatie y también un amante de la pintura comprendió que el hambre era una herramienta: el vacío le permitía comprender mejor las composiciones de Cezánne.
Esta es la parte de la historia que existe entre mis ojos y los ojos del Anima dannata.
Recojo el sedal: la expresión furiosa del busto me lleva a pensar que tengo hambre. De ahí a Hemingway, a Jean Paul Sartre, a Peret, a mi collage de lecturas.
Una imagen me traslada a mis dos incertidumbres: la rama de un árbol intentando entrar en la sala de exposiciones me recuerda al perfil montaña enmarcado en un edificio espejeado.
Hago un inventario y sigo las instrucciones; pregunta, pregunta.
¿Qué hay en los colores de ese Tiziano? Las yuntas que adornaron una mañana los puños de una camisa de tejido hermoso.
¿Qué dicen los dedos del chico que dobla y redobla el programa de la exposición? Ha ahorrado mucho para venir a Madrid, para ver El Prado, ahora está aquí y la belleza lo enmudece, lo sacude, lo que siente se acumula en sus dedos.
¿A dónde te lleva ese altavoz semiescondido? A las ciudades lejanas en las que retumba la voz de los que amo.
Eloy Tizón sostiene que el acelerador de partículas más eficaz es la palabra: la máquina del tiempo es la escritura.
Entonces gracias a la escritura en este momento siento 3 grados y 30,  disfruto unas esculturas sublimes y simultáneamente estoy sentada en un banco de madera un poco cojo, frente a una mesa vestida con un hule a cuadros, bebo cerveza espumosa, huelo salitre.
Veo a Bernini y como pescado frito.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails