22.8.14

Dejar de fumar: Venezuela en clave de angustia



Imagen: Arthur Tress





Hace más de 10 años dejé el cigarrillo.

La decisión no fue el resultado de largas reflexiones.

Un día descubrí que fumar me aburría, que ya no había nada placentero en el cigarrillo que seguía al café, que acompañaba una conversación, que se iba de marcha conmigo.

Al dejarlo tuve tres días difíciles.

El segundo fue el peor.

Sentía corrientazos en las manos, en los brazos.

Las piernas me temblaban.

Rozaba un estado de angustia cercano al pánico.

Dejé el hábito "a rin pelado": sin hipnosis, terapias o ansiolíticos.

Fuerza de voluntad pura y dura.

El cuarto día salió el sol y me sentí divinamente,

Los niveles de ansiedad que me produce Venezuela tienen la misma intensidad que los que viví en mi segundo día sin nicotina.

La diferencia es que un país no es una colilla que puedes olvidar aplastándola contra un cenicero.

Llevo años esperando un cuarto día de paz.

Nunca he soñado que fumo.

A Venezuela en clave de angustia la sueño siempre.

Yordano




A Yordano* lo conocí hace muchos años en casa de Aroldo Betancourt**.

Eran los días de Por estas calles***.

Esa noche hablamos muchísimo.

Estaba remodelando su apartamento y comentamos sobre cocinas.

Bebimos muchas cervezas.

O yo bebí muchas cervezas con María Alejandra, en ese entonces su esposa, y el resto bebió whisky.

Yordano, tímido, levemente tartamudo, culto.

Después de tanta charla, al filo de la madrugada, nos dimos cuenta de que estábamos lejana y políticamente emparentados.

Nos vimos en otras ocasiones pero nunca compartimos tantas horas como en aquel apartamento de La Boyera.

Tengo recuerdos nublados de fiestas, de partidos de baseball, grabaciones.

Todo tan lejos como el país.

Hoy abro el facebook y me encuentro que tiene problemas de salud en una Venezuela que es incapaz de corresponderle.

La crisis sanitaria (una más del infinito espectro de las crisis) abarca lo leve y lo severo.

No hay hilo para suturas, no hay escayolas, no hay anestesia, no hay jeringas, no hay medicamentos, no hay tratamientos para enfermedades crónicas, no hay cómo hacer frente a un cáncer, al sida, a la diabetes.

No hay.

Dos palabras que podrían ser las estrellas de la bandera.

Este post es para abrazar a Yordano y a todos los pacientes.

Y es también un mensaje en una botella: no sabemos quién nos lee.

Si alguien tiene cómo echar una mano a la gente de un país en jirones, no dude en hacerlo.

Hay tantas instituciones, fundaciones, filántropos buscando causas.

Ésta es una: Venezuela.

_______________

* Yordano: http://es.wikipedia.org/wiki/Yordano

** Aroldo Betancourt: http://es.wikipedia.org/wiki/Aroldo_Betancourt

*** Por estas calles: http://es.wikipedia.org/wiki/Por_Estas_Calles

2.8.14

Isa Dobles

                                  Imagen: Isa Dobles por Rayma.  Prodavinci.





Son muchísimas las anécdotas que guardo de Isa Dobles.

Ella fue de algún modo el deseo de una niña convertido en realidad.

Con Isa viví momentos felices, momentos de enfado, momentos duros.
También momentos muy difíciles en los que tuve todo su apoyo.

En los que me guió.

Nos llevábamos muy bien y de vez en cuando nos tirábamos de los pelos.
Recuerdo una tarde en el Cada de Las Mercedes. 

Habíamos discutido por alguna estupidez (siempre era así).

Isa odiaba manejar y me pidió que la llevara al súper.

Yo estaba furiosa con ella.

En el súper me pidió que le escogiera un kilo de papas.

Me ardían las orejas de la rabia y escogí las más feas.

Sentí alivio inmediato con el gesto.

La bravura se me pasó, devolví las papas pochas y busqué unas bonitas.

De camino a su casa no le dirigí la palabra.

Sube, me dijo.

- Esta me va a dejar trabajando toda la noche, pensé, mientras ponía papeles en la mesa y revisaba pendientes.

Escuché ruidos en la cocina.

Isa salió con una sonrisa y un plato.

Hummus. El hummus de Isa. Lo preparaba con garbanzos y ají dulce y lo acompañaba con casabe.

Ese Hummus era mi perdición y ella lo sabía.

Hicimos las paces.

Era bravía, noble, incondicional.

Trabajaba por vicio, no podía evitarlo, latía periodismo, no se estaba quieta nunca.

Paralelamente era una anfitriona impecable.

Un oído. Un libro. Un hogar.

Isa fue mi día a día muchos años.

Estuvo en mi tiempo antes de yo saberlo.

También en un destino que luego corregí.

Parte de ese paisaje ya no está: mi padre, mi mejor amigo, un ex amor, todos fugados prematuramente.

Ahora ella.

Con la partida de Isa se cierra un círculo.

Y yo tan lejos, con tantas ausencias en mi cuerpo, con tanta gente sin poder despedir.

Me siento en deuda con la tierra, con mis idos.
Isa me conectó con una Venezuela que miraba de lejos.

Una Venezuela que hoy está soterrada.

Necesitaría una barra y tres cajas de vino para contarte, Isa.

He pensado en Margot, en Julieta, en Beatriz, en Alejandra, en Martín, en tus hijos, en tus sobrinos, en tu gente.

Te he pensado.

Como no hay bar 24 horas ni cuerpo que resista tantos riberas, dejo aquí un artículo pequeñito para despedirte o "bienvenirte"...ya no sé.


Isa

autro image
— ¡Tengo 25 años y no he hecho nada!

— ¿Cómo que no has hecho nada? Estás frente a una máquina de escribir. Sé paciente.

(De una conversación con Isa Dobles hace algunos años).


Las letras me han perseguido desde siempre.Y yo, tauro terca, me empeñé en evitarlas hasta que ellas, tercas también, me hicieron comprender que había un camino por escribir juntas.

Mi primer recuerdo de la negación fue una tarde a caballos. Tendría siete años. Pregunté cómo se llamaba un potro. Me contestaron “Canelo”.

Un niño dijo:

—¡Será Canela! ¡Canelo no existe!

Me apresuré a responder:

—¡Claro que sí! ¡Tú acabas de decir Canelo! ¡Si lo dices existe!

Los adultos que nos escuchaban estallaron en risas.

—¿Cómo te llamas?, me preguntó alguien.

—Lena, le dije.

—Lena, tú vas a ser escritora.

—¡No! Yo voy a estudiar derecho.

—Créeme. Vas a escribir.

Me enfadé muchísimo y me fui sin montar a Canelo.

Hay personas que nos anuncian el destino. Hay otras que tropezamos y nos cambian la vida. Personas que sin saber, involuntariamente, nos llenan de enseñanzas, de regalos.

Conocí a Isa Dobles, otra vez, por terca. De pequeña sentía fascinación por esa mujer menuda, rubia, de voz  misteriosa que aparecía en la pantalla. Aunque mi yo niña se veía de adulta vestida con un traje sastre impartiendo justicia, mi otro yo niña se encerraba en el baño para imitar la voz de la señora de la tele.

Esa niña vivía en dos aguas: compraba compulsivamente códigos y leyes orgánicas que jamás abría porque estaba muy ocupada leyendo Julio y Salvador Garmendia, a Miguel Otero Silva, a Ludovico Silva, a Hesnor Rivera, a José Rafael Muñoz, a Teresa de la Parra, a Antonieta Palacios, a Ida Gramcko, a MiyóVestriní. Y también a Kotepa Delgado, a Cuto Lamache, a Igor Delgado Senior, a Tecla Tofano, a Sonia Sgambatti, a Isa Dobles. Las letras y la comunicación siempre me rondaban. Cuando cumplí 18 años supe que Isa iba a dar una charla en el pedagógico de Maracay.

Un impulso me llevó a asistir, a esperarla en la salida, a saludarla, a conversar con ella.

Lo que se suponía iba a ser un encuentro de cinco minutos se convirtió en una charla de horas y luego en una relación laboral y de afecto de muchos años.

Isa me preguntó si quería acompañarla en un proyecto. Dije sí sin pensarlo. Ese proyecto se abrió en racimos. Primero fue un libro, luego llegaron unos guiones sobre la vida de Sucre, después dos programas de radio.

Isa, siempre inquieta, siempre preocupada por lo que ocurría en el país.

Un día se le ocurrió lanzarse al ruedo político.

- ¿Y si inscribo mi candidatura?

Otro le entusiasmó la idea de abrir su restaurante. Las estrellas siempre la complacían. Pasados los años descarté del todo estudiar derecho. Me había licenciado en letras y seguía huyendo de ellas.

En mi cabeza se había metido la idea de ser productora de radio y de televisión.Isa me miraba cuando le contaba mis planes y se reía.

- Hazte locutora y estudia el Master en Comunicación Social pero no dejes de escribir.

Me encantaba visitarla en su apartamento de Cumbres. Las molduras azules de ese hogar me daban tranquilidad. Me gustaba ver a Margot, su mamá, sentadita en el sofá. Tan mayor, tan frágil y tan arreglada siempre. El perrito dando saltos. Las visitas incesantes.

Una tarde vino Trina Araujo.  Qué delicia escucharla hablar de Orlando, de su escritura, de lo mucho que echaba de menos sus manías. Otra llegó Chelique Sarabia.

Yo temblaba de la emoción pensando que tenía delante de mí al autor de la canción con la que aprendí a tocar cuatro y tarareaba Ansiedad mentalmente mientras intentaba tomar el café sin que se me notaran los nervios.

O el día que entró Soledad Bravo, toda batola, sonrisa y voz. Isa me conectaba con una Venezuela que yo había visto de lejos, en los libros, en el periódico, en la radio, en los cuatros, las guitarras y las bandolinas de mi escuela de música en Chacao.

Una tarde le anuncié que me casaba. Me miró cálida y me contestó: tengo el regalo perfecto para ti.

Me casé, volví de la luna de miel, murió mi padre, hubo un cataclismo.

Isa me llamó.

- Supe. Ven a verme.

Conversamos la tarde largo. Agotada por el duelo me despedí.

- Espera.No te he dado tu regalo.

Lo acepté desganada y le di un abrazo. En casa guardé el paquete en un armario y lo olvidé. Meses después tropecé con la caja. Al rasgar el papel que lo envolvía me encontré una grabadora de periodista. Tenía un casette adentro. En la tarjeta se leía: Como verás, no es una licuadora. Dale al play, está a tiro. Obedecí.

La voz de Isa comenzó a sonar. Me habló de lo difíciles que son las pérdidas.
Me explicó lo mucho que enseñan los fracasos amorosos. Me contó de su padre, del padre de Aníbal, del fuego de una avioneta, de las llamas en un coche presidencial. Me dijo de la piel que se nos pone dura para seguir. Y me dio una última instrucción:

Hagas lo que hagas nunca dejes de escribir.

7.6.14

Juan Montemayor, the explorer, illustrated.






By Lena Yau

Translation: Elisa Montemayor



Juan Montemayor looks like an illustrated character that traveled in a time machine to land in Caracas today.

He is passionate about learning, full of enthusiasm for anything that involves knowledge and language.

He studied architecture: his hands traced on models, projects, layouts.

Translated ideas into lines then lifted as buildings.

Centuries ago, he could have devised a beautiful cathedral.

Today, a swift running pencil on paper is like an airplane searching upwards towards its dreams.

Explorers sailed abroad with botanicals. In each port an expert touched down, took samples, named and drew each one of them and loaded the boat with copies and information to be processed upon it’s return.

In one of those trips, sweet peppers reached other lands. People learned to face their heat and incorporated it into their meals.

Juan looked at the plants. What do these sweet peppers have to say? What can sweet peppers sing? Why are they not present in our everyday tablecloths?

And as Goethe and Wittgenstein studied the color, Montemayor studied the heat.

Looking at the Scoville scale he realized that heat, warmth, color and mood were braid and translatable into notes.

With a cauldron ahead of him, he got down to business: calibrate every aspect of the sweet chilli pepper to make it sound cantatas on the tip of the tongue.

The sweet and acid fruits made the variations.

The mixture of sweet peppers with exponential rise in heat felt suitable for experienced acute sensitivities.

Pure, earthy, sweet chili pepper paste tells stories about our grandmothers and great grandmother’s meals.

Sweet carrots and their porosity make us smile at the sunshine of the yellow sweet pepper.

The plum mixed with spicy wood gives us a frond on the palate.

Each jar of Montemayor chilli peppers is like edible music.

Each jar of Montemayor chilli peppers is a story about to be told: The title reads in the label.

When you unscrew the cap, a fairy flies out with the aromas and the palate is left to narrate.

Juan Montemayor is a demiurge of daring, crackling and expressive flavors.

He knows the secrets of the gods: Names, steals the fire, seals it in a glass jar and offers it to all those who have a passion for the cheerful spark on the tongue’s tip.

The number of Montemayor chillies is like a rainbow full of color, rhythm, temperature, taste , history and letters.

A work that encompasses wisdom, elegance and taste.

And as a good illustrated explorer, Juan continues to travel with his samples.

Happiness is often times a suitcase.


Especially, if it has Montemayor chilli peppers an in it.


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6.6.14

¿Cómo viví Manifiesto País? la convocatoria, la espera, la inauguración, el intercambio y la lectura.


                      Imagen: Manifiesto de Elías Pino Iturrieta para Manifiesto País. ®Lisbeth Salas


Aquí dejo la crónica de cómo viví Manifiesto País: la convocatoria, la espera, la inauguración, el intercambio entre el allá y el aquí y la lectura los primeros manifiestos que aparecieron en las redes.

Gracias a Paula Cadenas y a Guaritoto González por invitarme a escribir mi experiencia.
Gracias a Lisbeth Salas por facilitarme el material que acompaña a mis letras.


Gracias a Alejandro Sebastiani que me hizo hablar sin saberlo.


Gracias al público asistente, a todos los que se tomaron el tiempo de subir fotos a las redes: ustedes acercaron la exposición a todos los que estamos lejos (aunque siempre cerca) de Venezuela.


Gracias de nuevo Lisbeth Salas, a Patricia Velasco, a la Sala Mendoza, a Cesar Jara y a Pedro Quintero.




MANIFIESTO PAÍS: 66 VOCES, LETRAS, IMÁGENES…

Por Lena Yau
Para infovnzla -
Publicado el 03/06/2014
El 18 de mayo se inauguró en Caracas Manifiesto País: una exposición en la que las palabras de 66 escritores venezolanos se hicieron imágenes. Literatura y artes gráficas para abordar la respuesta a una pregunta: ¿Qué dice País?
A pedido de la Sala Mendoza, Lisbeth Salas, fotógrafa y editora venezolana residente en Barcelona ideó un proyecto ambicioso, hermoso, aglutinante, movilizador.
Tengo la fortuna de estar entre los autores participantes.
Recibí un correo electrónico en el que se me invitaba a escribir en no más de media cuartilla un texto a partir de la palabra país. Se rogaba discreción. No tenía más información que esa. Sabía que iban a participar más de 50 escritores pero desconocía sus nombres. Sabía que los textos iban a ser convertidos en imágenes, que se iba a usar tipografía que remite a distintos momentos históricos. La idea de participar en un proyecto colectivo que integra literatura y diseño me entusiasmó de inmediato. El hecho que el motivo del proyecto fuera Venezuela me llenó de emoción.
Después de 16 años fuera de mi tierra, después de 8 años sin volver,Manifiesto País era una forma de regreso. Trabajé llena de alegría y al entregar el texto tocó tamborilear los dedos sobre mi escritorio, tachar los días en el almanaque, buscar pistas que me adelantaran algún dato que satisficiese mi curiosidad casi infantil: ¿Cómo habrá quedado mi texto? ¿Cómo será el montaje? ¿Quiénes son el resto de autores invitados?

Más pinchando este enlace a Info Venezuela: Manifiesto País: 66 voces, letras, imágenes.

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27.5.14

Juan Montemayor, explorador ilustrado






Hace unas semanas hablé de el plato como espacio de resistencia.

Hay que ver cómo persisten los artesanos de productos gourmet en su lucha por desarrollar su trabajo en Venezuela.

Cómo buscan mantenerse a flote en un país lleno de dificultades, con un régimen que ahoga a todo aquel que intenta caminar, en un ambiente que puede llegar a ser muy agresivo.

Este 31 de mayo es DegustAvila Market: "Más de 50 talentosos artesanos gourmet serán los protagonistas de un especial día de sabores".

Desde Madrid todo mi apoyo para ellos y muy especialmente para mi amigo Juan Montemayor y sus MontemayoR Ajies Artesanales.

Si sus botes coloridos vienen en una maleta la fiesta está garantizada.

Escribí con todo el cariño del mundo esta nota para acompañar su trabajo:





Juan Montemayor, explorador ilustrado.


         Lena Yau



Juan Montemayor parece un personaje de la ilustración que viajó en la máquina del tiempo para aterrizar en la Caracas de nuestros días.

Es un apasionado del conocimiento, lleno de entusiasmo por todo lo que implique saber y lenguaje.

Estudió arquitectura: sus manos trazan sobre planos, proyectan, maquetan.

Traduce ideas en líneas que luego se levantaran como edificaciones.

Siglos atrás pudo haber ideado una hermosa catedral.

Hoy el lápiz que corre raudo sobre el papel es un avión que alza vuelo buscando sueños.

Los exploradores navegaban con botánicos a bordo. A cada puerto tocado el experto bajaba, tomaba muestras, las nombraba, las dibujaba y luego cargaba el barco con ejemplares e información que se procesaba a la vuelta.

En uno de esos viajes llegó el ají a otras tierras. La gente aprendió a enfrentar su picor y lo incorporó a sus comidas.

Juan miró a las plantas. ¿Qué me cuenta esta guindilla? ¿Qué cosas canta este ají? ¿Por qué no está presente en la fiesta diaria de nuestros manteles?

Y así como Goethe y Wittgenstein estudiaron el color, Montemayor estudió el picor. 

Mirando la escala de Scoville se dio cuenta de que picor, calor, color y humor eran conceptos trenzados y traducibles en notas.

Marmita en frente se puso manos a la obra: calibrar cada aspecto del ají para hacer cantatas que suenen en la lengua.

El dulce y el ácido de las frutas dan lugar a las variaciones.

La mezcla de guindillas con picor exponencial suben a agudos apropiados para sensibilidades experimentadas.

La pasta pura del ají dulce de la tierra cuenta historias de mesa de abuelas y bisabuelas.

La zanahoria con su azúcar y su porosidad nos hace sonreír frente a luz solar del ají amarillos.

La ciruela mezclada con picante nos regala fronda y madera en el paladar.

Cada bote de ají Montemayor es música degustable.

Cada bote de ají Montemayor es una historia a punto de ser contada: El título se lee en la etiqueta. 

Al desenroscar la tapa un cuento vuela en los aromas y se deja narrar en boca.

Juan Montemayor es un demiurgo de sabores atrevidos, chisporroteantes, comunicantes.

Conoce los secretos de los dioses: nombra, roba el fuego, lo encierra en tarros de cristal y ofrece a todo el que ama la chispa alegre y gustosa en la punta de la lengua.

La serie de ajíes Montemayor es un arcoíris lleno de colorido, ritmo, temperatura, sabor, historia y letras.

Un trabajo que condensa sabiduría, elegancia y gusto.

Y como buen explorador ilustrado, Juan sigue viajando con sus muestras.

La felicidad es muchas veces una maleta.

Especialmente si en ella vuelan los ajíes Montemayor.


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