25.2.15

Ruego por Venezuela





                                                 Imágenes: Robert Triscoli.






En una semana la policía del régimen ha asesinado a seis estudiantes.

El más reciente tenía 14 años.

Un tiro en la cabeza cercenó su vida.

En la acera quedó una parte de lo que usaba para pensar, para memorizar operaciones matemáticas y valencias químicas, para escribir en la última hoja de su cuaderno un número de teléfono, para caminar, ver, respirar.

Los cerebros a veces se fugan.
Otras se perforan.

Los cinco restantes presentaban signos de tortura.

Sus madres tuvieron que ver en un cuerpo herido, abusado, quebrado, machacado, al bebé al que una vez dieron de mamar, al trasto que les hizo un favor rompiendo un jarrón horroroso, al adolescente que parecía una piraña frente a la nevera, al joven que festejó el día que supo que la universidad lo aceptó como alumno.

Nadie podrá reclamar, no habrá denuncias ni juicios porque la ley es clara: se puede y se debe usar armas mortales contra aquel que proteste.

Yo ruego que miren hacia mi país.
Yo ruego que se conduelan.
Yo ruego que se pongan en ese lugar.
Ruego ayuda para denunciar.


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7.2.15

Perfiles del chavista de ultramar: 1) chavista mimosa púdica.





                                                 Foto: Anthony Gormley.


Artista aspiracional, come flor por convicción, constructor de andamios lingüísticos imposibles.

Reside en el primer mundo.


Es green, pacifista, unicornista, arcoirista.


Como buen vegetal, no habla, no hace propaganda, no se manifiesta.

Sensible, muy sensible, hiper sensible.

El mundo ye-ye es un camuflaje que no supera pequeños estímulos.

Ante la luz se esponja y hace comentarios que intentan equiparar la situación venezolana a los tropiezos incómodos que se viven en todos los países.

Engorros cotidianos que en Venezuela se viven con reacciones exageradas:

Las colas son una pesadilla también en Nueva Orleans.

Los daneses solo tienen tres marcas de jabón de tocador.

Los escandinavos usan rodajas de limón como desodorante porque es 
biodegradable.

En Australia también hay que pedir permiso para manifestarse.

En las sociedades avanzadas nadie usa papel higiénico porque hay un respeto profundo a los árboles.

Los alemanes cuidan el agua corriente; usan más de una vez el agua en la que ponen a remojar la vajilla.

Los cortes de luz son fantásticos para reunir a la familia a la luz de las velas y despegar a sus miembros de la adictiva y deformadora internet.
Si alguien reubica el dial en la realidad, el chavista mimosa púdica contrae las hojitas.

Se repliega, contesta que no pretendía, que no quería, que no sabía, que no pensaba, que no decía.

Pero ahí se queda.

No ondea la bandera del comandante pero tampoco la cuestiona.

Deja su opinión de purpurina y se va cabalgando en algún cuadrúpedo 
mitológico.

6.2.15

Bernini y pescado frito

                                 Foto: Juan Carlos Bertorelli 



"Una imagen me traslada a mis dos incertidumbres: la rama de un árbol intentando entrar en la sala de exposiciones me recuerda al perfil montaña enmarcado en un edificio espejeado."



Bernini y pescado frito

autro image
A las voces que entrañan cuentos.

Una imagen es un alto que hace la mente entre dos incertidumbres.Djuna Barnes

Llevo días pensando en la seducción del fragmento.
Entusiasta del collage me preguntaba si la inclinación hacia ellos se debía a que los trabajos cuentan una historia a partir de trocitos de otras historias.
Un relato largo a golpe de vista.
Muchos relatos pequeños en el detalle.
¿No es así la realidad?
¿No observamos lo que ocurre como imágenes en enjambre?
¿No percibimos lo que vemos como puntos negros que se mueven enloquecidos cuando el sol nos deslumbra?
Si no nos detenemos a pensar, la vida pasa sin hacer ruido.
Pero si desglosamos lo que nos rodea cada ápice abre su interior mostrándonos un coloso.
Así el mudo transcurrir del segundero en nuestra muñeca se amplifica, nos llena el pabellón de las orejas y se desliza hasta caer en el tímpano.
Una lluvia de tic tacs rebota, traspasa membranas y navega nuestro torrente sanguíneo en forma de silencio atronador, de angustia sin contexto, de disparador de instantes felices repletos de voces, texturas, imágenes, sabores.
Esas partículas mínimas son en realidad trampolines, pértigas, resortes bajo los pies.
Nos movemos a la velocidad de la luz sin abandonar el espacio objetivo.
Georges Perec habla de “interrogar a lo habitual” en un libro llamado Lo infraordinario.
El escritor invita a hacer un inventario de lo que parece insignificante, de lo que cobija una melodía interna, una narración por despegar.
Compilador de tesoros que la cotidianidad enviste de invisibles, Perec ausculta paisajes y objetos para aproximarse a lo que somos, pregunta a una cuchara de postre o indaga sobre lo que el papel tapiz de la pared esconde para hacer hablar a las cosas comunes, arrancarlas del caparazón al que permanecen pegadas, darles un sentido, un idioma.
El alma de las cosas habla, pienso.
Seguramente Bernini se preguntó qué contaba el mármol y labró una ruta golpes suaves y precisos que llegó a la respuesta: serenidad en el rostro de el Anima beata y rabia en el del Anima dannata.
Gestos eternizados en una piedra que condensa varios relatos: el que cuenta ella per se, el que recogió el escultor, el que admira el observador, el existe en el espacio que transcurre entre la mirada de la imagen y la mirada del otro.
Conocer es comer con los ojos, apuntó Sartre y ese pensamiento me regresa al hambre de un joven Hemingway que apuraba el paso hacia Shakespeare & Co tapándose los oídos para no escuchar lo que las marquesinas de los cafés y los restaurantes circundantes le gritaban.
Hemingway que en esos años era Tatie y también un amante de la pintura comprendió que el hambre era una herramienta: el vacío le permitía comprender mejor las composiciones de Cezánne.
Esta es la parte de la historia que existe entre mis ojos y los ojos del Anima dannata.
Recojo el sedal: la expresión furiosa del busto me lleva a pensar que tengo hambre. De ahí a Hemingway, a Jean Paul Sartre, a Peret, a mi collage de lecturas.
Una imagen me traslada a mis dos incertidumbres: la rama de un árbol intentando entrar en la sala de exposiciones me recuerda al perfil montaña enmarcado en un edificio espejeado.
Hago un inventario y sigo las instrucciones; pregunta, pregunta.
¿Qué hay en los colores de ese Tiziano? Las yuntas que adornaron una mañana los puños de una camisa de tejido hermoso.
¿Qué dicen los dedos del chico que dobla y redobla el programa de la exposición? Ha ahorrado mucho para venir a Madrid, para ver El Prado, ahora está aquí y la belleza lo enmudece, lo sacude, lo que siente se acumula en sus dedos.
¿A dónde te lleva ese altavoz semiescondido? A las ciudades lejanas en las que retumba la voz de los que amo.
Eloy Tizón sostiene que el acelerador de partículas más eficaz es la palabra: la máquina del tiempo es la escritura.
Entonces gracias a la escritura en este momento siento 3 grados y 30,  disfruto unas esculturas sublimes y simultáneamente estoy sentada en un banco de madera un poco cojo, frente a una mesa vestida con un hule a cuadros, bebo cerveza espumosa, huelo salitre.
Veo a Bernini y como pescado frito.

10.12.14

Presentación de Redescubriendo la exótica cocina de las Américas de Emiliano Reyes





Emiliano Reyes es un cocinero de mapas.

Investigador sesudo, explorador incansable, observador de sabores, catalogador de expresiones, viajero de ida y vuelta, se dio cuenta de que el ejercicio práctico de sus pasiones y saberes necesitaba ser registrado.

Cambió el fuego por la tinta para escribir una cartografía gastronómica.

Así nace "Redescubriendo la exótica cocina de las Américas", una bitácora que recoge cómo Emiliano reinterpreta platos emblemáticos.

Cada plato es un viaje que viene acompañado de fotos bellísimas: un lujo de imágenes firmadas por Thomas Gerlach.

Gracias a la generosidad de Emiliano, amigo de puertas abiertas, participé en su hermoso proyecto: un libro delicioso que espero sea el primero de muchos.

Me emociona presenciar el vuelo de estas páginas.

Emiliano querido, de nuevo y como tantas veces, gracias por alegrarnos los paladares, gracias por esta amistad infinita, gracias por la invitación a un viaje en letras.

¡Muchísima vida para el libro!

El martes 16 de diciembre acompañaré a Emiliano en la presentación de este libro.

Los esperamos el 16 de diciembre a las 19:30 en La Panamericana*. Calle Pelayo, 27, Madrid.


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3.12.14

Letras al vuelo. Juan Carlos Bertorelli / Amalia Pereira. Poesía + collages.

Imagen: Amalia Pereira.









Hace algo más de un año conversaba en la terraza del Círculo de Bellas Artes con Juan Carlos Bertorelli.

Hablábamos de literatura, de creación, de poesía.

Me comentó que tenía un poemario, que llevaba muchos años escribiendo, que no estaba seguro de publicar.

Esto último me sorprendió muchísimo.

- ¿Por qué?, le pregunté. Quien escribe desea ser leído.

- Es que hay tanto publicado, tanta letra rotunda, bella, tanta poesía enajenante...¿para qué? 

-Para que te lean. Para que enajenes también.

Para entonces conocía algo del trabajo de Juan Carlos. 

En los meses que siguieron continué leyendo sus poemas. 

Me sorprendieron y me siguen sorprendiendo. 

Juan es un comunicador vinculado a la imagen. 

Su escritura abraza lo visual, el movimiento, la palabra como objeto precioso, tangible, comestible. 

El arte llama al arte siempre.

En la búsqueda constante de expresión y belleza Juan se encontró con Amalia Pereira.

Amalia es una artista visual con una sensibilidad única. 

Sus fotos son delicadeza y sus collages un cosmos lleno de mensajes. 

Pájaros, dirigibles, transportadores, caracolas, horizontes de tierra y mar, casas, gimnastas, mujeres etéreas, hombres meditabundos, transparencias, melancolía y el corazón como músculo que impulsa y hace circular cada elemento para ser una totalidad. 

Del encuentro entre la poesía de Juan Carlos y los collages de Amalia nace un libro precioso: Letras al vuelo. Un homenaje al blanco y negro.

Es un libro joya, un libro que hace feliz, un trabajo hecho con mística y cariño.

26 poemas de Juan Carlos Bertorelli / 27 collages de Amalia Pereira. 

La edición es español / inglés.

Para verlo y comprarlo dejo el enlace: 


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1.12.14

El Atlántico, el Caribe, el jabillo.

                                Foto:  Roberto Echeto. Mi jabillo en Chacao. (1)



                                Foto: Roberto Echeto. Vistula. El edificio de mi infancia. Chacao. (2)







A Roberto Echeto* este texto que, como el jabillo, seguirá creciendo.
Gracias muchas veces.


Preparé un texto para la Mesa Redonda Venezuela en la distancia.

El texto incluía fragmentos de la novela Hormigas en la lengua que será publicada próximamente por Sudaquia Editores*, un cuento que forma parte de un libro de relatos en el que trabajo y un sueño. 

La actividad fue tan bien que hablamos muchísimo y leímos poco.

Se nos preguntó cómo nos sentíamos respecto a la situación de Venezuela: inmigrantes /exiliados /desterrados y cómo esa experiencia ha transformado / influenciado /condicionado lo que escribimos.

Yo contesté que no me siento inmigrante, exiliada, desterrada. 

Si tuviera que definirme diría que estoy en suspensión. Y que desde esa suspensión escribo.

Copio el texto que escribí incluyendo únicamente el sueño.

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Soñé que caminaba por Chacao. 

Todo estaba muy cambiado.

Los edificios antes habitados por inmigrantes eran ahora gastronomía vertical: locales con propuestas ligeras, desenfadadas, lúdicas y en algunos casos confusas.

Subí a la azotea del edificio Coro y me senté en una mesa.

Cuando hice mi pedido una pareja que ocupaba la mesa vecina me preguntó:

- ¿De dónde eras? 

- De aquí, les dije. Era y soy de aquí.

- ¿Con ese acento? 

- ¿Qué acento? Los venezolanos no tenemos acento. Eso lo sabe todo el mundo. Yo soy venezolana. No tengo acento.

- Tienes un acento marcadamente diacrítico.

- No tengo acento. Soy caraqueña.

- Tienes que demostrarlo.

- ¿Por qué?

- Porque hicimos una apuesta. Gane quien gane repartimos contigo.

- Yo lo único que quiero es comer silencio.

- Prueba esta pizza. Si te gusta, olvidamos tu acento. 

- ¿De qué es la pizza?

- De frunas.

- Vale. Tengo un ligero acento diacrítico. Pero soy de aquí. Y no pienso probar esa pizza. Odio las frunas.

- No eres de aquí, no eres de aquí, no eres de aquí. Oigan todos: esta mujer no es de aquí, no es de aquí, no es de aquí.

Me desperté con taquicardia.

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Un verano miraba el horizonte.

Estaba en el sur de Lanzarote.

Desde allí se ve una primera isla, Lobos y detrás otra, Fuerteventura.

Pensé en los cayos, los recité de memoria, le conté a mi hijo las palabras y los sabores que recordaba del mar.

Él me escuchó atento y cuando terminé de hablar me dijo:

- Mamá, yo nunca he visto un árbol de cocos.

Sentí una especie de dolor dentro de mí.

¿Cómo esa lengüita tan brillante y dulce no sabía pronunciar cocotero?

¿Le costaría decir chaguaramo? 

¿Qué secretos esconden nuestras lenguas que una vuela para pronunciar la zeta y saborear el cocido madrileño y otra para aspirar eses y ser feliz frente a la yuca frita?

Desde el habla y la ingesta convertidos en mapa y barco a la vez, desde los árboles que son raíz y cielo, desde los mares, el Atlántico de relojes perdidos más allá de sí y el Caribe con su luz de soles a paso bueyes que diría Montejo, parte mi escritura.

Cuando era niña vivía en una calle en la que un jabillo, todopoderoso, se levantó.

Ahora adulta, escapada, retenida, suspendida, descubro que lo que extraño con más fuerza, es ese árbol.

Tres veces he regresado al país, tres veces he intentado verlo, acercarme, visitarlo, y las tres han sido fallidas.

Mientras escribía el libro me di cuenta de que el árbol simbolizaba todo: el habla, las raíces, los sabores, incluso el mar.

Las copas de los árboles en las noches de viento suenan como las olas.

Por eso tenía (y sigo teniendo) terror ante la idea de morirme sin volver a verlo. 


Debe ser porque de pequeña aprendí que la savia de los árboles es la sangre. 
____

Hace unos días Roberto Echeto publicó unas líneas hermosas sobre el paisaje*
En ese paisaje los grillos diciéndonos eres de aquí, eres de aquí, contradecían mi sueño. 

Hablaba también del sonido perdido de la lluvia y de la posibilidad de un jabillo.

Le escribí de inmediato para explicarle lo que esa palabra significa en tanta ausencia. 

Le conté el miedo que me da no volver a tocar mi árbol.
Está en tal calle, a tal altura. 

Roberto me contestó que Caracas es un jabillo gigantesco con todo y espinas.


Los jabillos no se olvidan; nos acompañan siempre. Un beso, Lena.

Y luego, en una postdata, añadió: 

Lena, el jabillo está donde lo dejaste

Desde ese día tengo dos mares chocando en la garganta.


_____

(1) El tiempo que iba al cole en bus lo esperaba junto al árbol.

Recuerdo mirar hacia arriba para ver hasta dónde llegaba la fila de bachacos culones.

No me alcanzaba la vista.

Competía con los niños de la cuadra para ver quién recogía más zarcillos de madera: los zarcillos del árbol.

El tronco está lleno de pinchos.

Me gustaba apoyar la mano y dejarme caer en peso para medir mi resistencia al dolor.

Me gustaba mirar la marca que el tronco dejaba en mí.

El árbol es inmenso.

Sólo hay que ver la foto.

El árbol está, no se ha ido, sigue levantando la acera.

Yo lo abracé casi todos los días que viví en esa calle.

Lo abracé de niña y lo abracé de adulta.

Nunca me importó lo que pensara la gente que me veía.

Tengo años buscando una foto del árbol en internet.

Gracias a Roberto la tengo.

Estoy emocionada...extremadamente emocionada.

Con ganas de volver.


(2) Aquí fui feliz.

Las rejas eran azules.

Cuando era pequeña las primeras rejas no existían.


Al lado del edificio había un colegio y una tintorería.

Los dueños de la tintorería eran chinos.

(O eso yo creía).

Se llamaba tintorería Oriental.

Recuerdo que de niña pensaba: ah...los chinos del refrán son los de mi tintorería. "Más caliente que plancha de chino". ¿Ellos sabrán que son tan conocidos?

En aquel entonces los chinos no tenían tantos restaurantes.

El edificio del sueño, el Coro, queda justo delante del Vistula.

Algo de Vistula escribí en mi columna de El Nacional 


http://www.el-nacional.com/opinion/Conversacion-improbable-Adam-Zagajewski_0_400160142.html



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24.11.14

Juan Carlos Chirinos, Eduardo Sánchez Rugeles y Lena Yau: Venezuela en la distancia.




Este viernes Juan Carlos ChirinosEduardo Sánchez Rugeles - Oficial y yo estaremos participando en la Mesa Redonda "Venezuela en la distancia".
Será el cierre del III Congreso del Caribe: Nuevos sujetos y subjetividades en el Caribe Hispano.
Será como dije el Viernes 28 de noviembre, 19.00 hrs en la Librería Iberoamericana Vervuert (c/ Huertas 40)
Los esperamos para participar en esta mesa y conversar luego con los autores, acompañados de una copa de vino.
Entrada libre hasta completar aforo.

MESA REDONDA: VENEZUELA EN LA DISTANCIA


Estimados amigos:
Del 26 al 28 de noviembre se celebra en la universidad Carlos III de Madrid el Congreso Nuevos sujetos y subjetividades en el Caribe Hispano. Librería Iberoamericana ha querido colaborar con este evento ofreciendo su espacio para celebrar la actividad de clausura. Se trata de la mesa redonda:
Venezuela en la distancia: literatura y experiencias de/desde la diáspora
Intervienen: Juan Carlos Chirinos, Eduardo Sánchez Rugeles y Lena Yau
Modera: María Teresa Vera-Rojas (Universitat Barcelona / YoSoyElOtro)
Viernes 28 de noviembre, 19.00 hrs
Los esperamos en nuestra librería para participar en esta mesa y conversar luego con los autores, acompañados de una copa de vino.
Entrada libre hasta completar aforo
Saludos cordiales,
Librería Iberoamericana

Juan Carlos ChirinosJuan Carlos Chirinos vive desde 1997 en España. Estudió literatura en Caracas y en Salamanca. Ha publicado los libros de relatos Leerse los gatos(1997), Homero haciendo zapping(2003) y Los sordos trilingües (2011); las novelas El niño malo cuenta hasta cien y se retira (2004, Finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos), Nochebosque(2011) y Gemelas (2013); y las biografías La reina de los cuatro nombres: Olimpia, madre de Alejandro Magno (2005), Miranda, el nómada sentimental (2006), Alejandro Magno, el vivo anhelo de conocer (2004) y Albert Einstein, cartas probables para Hann (2004). Colabora regularmente con diarios y revistas de Venezuela y España. Sus relatos han sido inluidos en numerosas antologías publicadas en Venezuela, España, Estados Unidos, Francia, Canadá, Cuba y Argelia. Es profesor de creación ilteraria en Madrid.
Eduardo Sánchez RugelesEduardo Sánchez Rugeles ha publicado las novelas Blue Label/Etiqueta azul (Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri, 2010/Finalista del Premio de la Critíca de Venezuela, 2010); Transilvania, unplugged(Alfaguara 2011. Finalista del Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri, 2010), Liubliana (Ediciones B, 2012, Premio Letras del Bicentenario, Sor Juan Inés de la Cruz, México, 2011/Premio de la Crítica de Venezuela, 2012); Jezabel (Ediciones B, 2013) y Julián (Ediciones B, 2014). Licenciado en Letras (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2003), Licenciado en Filosofía (Universidad Central de Venezuela, 2005), Magister en Estudios Latinoamericanos (Universidad Autónoma de Madrid, 2010) y Magister en Estudios Literarios (Universidad Complutense de Madrid, 2011). Mantiene la página web: http://sanchezrugeles.com/
Yau LenaLena Yau es Licenciada en Letras y Máster en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas. Periodista, investigadora, especialista en el vínculo entre literatura e ingesta. Asesora literaria de El sabor de la eñe. Glosario de literatura y gastronomía, publicado por el Instituto Cervantes. Columnista del diario El Nacional. Ha dictado conferencias sobre literatura digital y sobre ficción e ingesta en las sedes del Instituto Cervantes de Pekín, Shanghai, Beirut, Utrech, Palermo y Madrid. Autora del blog Mil Orillas. Autora participante en la muestra colectiva Manifiesto País. Autora del libro Hormigas en la lengua, que será publicada este año por Sudaquia. Reside en Madrid.



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10.11.14

Un círculo de sal



                                           Imagen: László Moholy Nagy


A Corina Michelena.



Transito en Madrid una calle comercial.

Entre tiendas y avisos luminosos veo una trampilla.

Halo un cordón entorchado y la trampilla baja haciéndose escalera.

Subo y al atravesar el umbral piso un jardín que no parece tener fin.

A mi derecha descubro un castillo de piedra oscura y con légamo.

Poso la mano sobre el muro y siento un cosquilleo.

Son voces traspasando mi piel.

Acerco la oreja.

No comprendo el barullo.

Entro.

El castillo es una biblioteca.

Abro un libro.

Sobre mi lengua hormiguean las letras que leo.

Traduzco a viva voz páginas escritas en idiomas que jamás he pronunciado.

Las piedras del castillo me imitan.

Recuerdo el cosquilleo bajo mi mano.

Pienso: aquel barullo era mi eco interior.

Corro hacia el muro.

Es un espejo.

Miro al suelo.

No hay jardín.

Tampoco trampilla.

Bajo mis pies un círculo de sal.


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