
A Camila le talaron el romero.
Helga dice:
Podado. No Talado.Y mal disimula una sonrisa.
Camila mira de arriba hacia abajo.
Ni rastro del arbusto que de tan preñado de hojas y flores parecía una promesa.
Ni sombra del tronco que se abría en ramas que saludaban.
Sólo quedó un tocón chamuscado.
Había un nido de bichos. Quemé un poco. Retoñará.
Incrédula y furiosa buscó una bolsa de tela para recoger las ramas que se salvaron de la quema.
Helga hizo el amago de ayudarla pero la mirada de su nuera la paralizó.
Podado, no talado, volvió a decir.
Y también volvió a mal disimular, esta vez el miedo.
Los ojos de Camila eran los de una Valkiria que ya había decidido la suerte de alguien.
Ahogaste las bromelias porque para ti son feas.
Regalaste las orquídeas porque se casaba la hija de tu mejor amiga.
Pisaste los rosales porque te bebiste cuatro vodkas y te pareció gracioso.
Arrancaste los girasoles porque querías cosechar las pipas.
Destrozaste la lavanda porque te olía a muerto.
Desapareciste el tomillo porque trae mala suerte.
Y ahora esto.
Tendrás que acarrear con las consecuencias.Helga se asustó un poco.
Nunca había visto a Camila así.
Le encantaba porque con ella podía ejercer de suegra de la mejor de las maneras:
jodiendo,
echando varilla,
metiendo cizaña,
intrigando,
obstaculizando,
tocando los quecos,
envainando,
todo esto vestida de frufrú, con sonrisa de colibrí y hablando en arrullos para no molestar.
Su nuera era la compañera de juegos perfecta.
Le daba holgura. Estiraba la cuerda todo cuanto podía y Camila allí, al pie del cañón, enterándose de todo pero sin decir ni ñe.
El sumun del deleite era cuando Elías, derretido por la concordia, las abrazaba a las dos a la vez, conformando un trío en el que su mirada era de miel y la de ellas de azufre.
Tenía la sensación de que esta vez no había calculado bien,
tal vez lo del romero fue mucho.
Pensó en Elías y recuperó la confianza en sí misma.
Él es un inocente, un ingenuo, un buenote.
Me adora por encima de todo.
Y de todas.
Nada me puede pasar.
Estoy a salvo.
Es que madre, sólo hay una.
Pensó en tejer un contraataque.
Dos segundos después rechazó la idea.
No pasaría nada.
Porque nunca pasaba nada.
Camila callaría como siempre.
Helga sonreiría.
Elías las abrazaría.
Y así fue.
O casi.
Camila no dijo nada.
A la hora de la cena se limitó a servir la comida.
De primero sopa de cebolla y romero.
Elías tomó una cucharada y levantó una ceja.
- ¿Quién cocinó hoy?
- Yo, cariño, ¿pasa algo?
- La sopa no está como siempre.Pero se la comió.
De segundo sirvió conejo.
Elías se entusiasmó al verlo.
Era su plato favorito.
Trinchó con alegría un trozo y se lo llevó a la boca para escupirlo inmediatamente en el plato.
- ¿Qué pasa aquí?Las paredes retumbaron.
Elías estaba rojo de la ira.
Helga se llevó la mano al pecho.
Y Camila siguió comiendo como si nada.
Cuando acabó su plato dijo:
A ver cariño, es el romero. No pasa nada si un día dejas de tomarlo. A decir verdad, será más de un día. Es que hemos tenido un pequeño problemilla con el árbol. Nada que no se pueda remediar.
Con tiempo y paciencia…¿Verdad, Helga?Los ojos de Elías se inyectaron en sangre.
- ¿Qué le ha pasado al romero?
Nada, hijo. Lo podé y se me fue la tijera. Tenía un nido de bichos y se me fue el fuego. Total, que no hay romero. Bueno, no hay ahora, pero habrá. Con tiempo y paciencia como dice Camilita.Camila habló para decir que no todo estaba perdido.
Que pudo salvar algunas ramas.
Que estaban un poco quemadas.
Por eso el sabor ahumado de la sopa y del conejo.
Hubo permuta de miradas.
Él las miraba con azufre.
Ellas lo miraban y se miraban con miel.
Ambas echaron el resto.
Helga buscó su arrullo más dulce:
-
¿Quieres que te cocine otra cosa hasta que se compre romero en el híper?...Ya sé, unas barritas de pescado. Te gustaban mucho.
Camila retrucó. Subió su falda hasta las ingles y, partiendo de la rodilla, leyó su pierna:
Oleré tu cuerpo.
Perfumaré mi piel contra tu piel
Me mojaré de ti
(en ti)
Y besaré cada punta
cada extremo
cada margen
cada brecha
Asaltaré tu centro
decidida
dedicada
(paciente)
Intentaré doblegarte
Vuelta sorpresa
(esto sólo comienza)
obligarás a mi boca
someterás mis extremos
resisto/me puedes
detenido buscarás en mis ojos
inmóvil buscaré en los tuyos
los cuerpos
que se intuyen desde siempre
se reconocerán
y librarán una batalla
jugarán a la derrota
para vivir una fiesta
Las pupilas de Elías se dilataron.
Ciertas venas también.
Helga se supo vencida.
Besó a su hijo para despedirse.
También a su nuera.
Mientras la besaba le dijo:
Eso es trampa, zorra.
Camila, una vez más, se hizo la sorda.
Con el tiempo los volvió a visitar.
Nunca más pisó el jardín.