15.4.09

Café para un erizo y otras canciones

Para Marcelo , que escribe cuentos de dragones rojos, en dos partes...



La primera mañana que bajé a desayunar, escuché a dos comensales pedir café.

Los escuché con claridad.

No dijeron coffee.

Dijeron café.

Agucé el oído para oír al resto de personas que estaban en el comedor.

Pronunciaban Ca-fé e inmediatamente aparecía una camarera con una cafetera.

Recordé que, hace unos años, una fiebre muy alta, me llevó a urgencias.

Esperaba a que el médico me atendiese, cuando, sin más, todos los que me rodeaban pasaron del español al inglés.

Mi delirio duró fracciones de segundos pero no lo olvido.

Para disipar dudas, me llevé la mano a la frente.

No tenía fiebre.

En ese comedor se pedía café.

Pronuncié la palabra mágica y llenaron mi taza.

Y es que café en chino se escribe Kafei y suena muy parecido a café.

Ese fue mi primer mareo lingüístico.

Tuve muchos.

En China me asaltó constantemente una sensación de irrealidad que aún intento desentrañar.

Me sentí dentro de la película Lost in Translation, más que por los vacíos en las traducciones, por la atmósfera.

Percibí a Pekín como un entorno en el que un ir y venir entre dualidades opuestas me dejaba sin asidero.

Cuando creía entender dos segundos después ocurría algo que me devolvía a la confusión.

Así fui, de mareo en mareo, de confusiones verbales y no verbales.

Tuve tres choferes.

El primero me recibió con una sonrisa amable y un cartel con mi nombre.

Lo saludé en inglés y me dijo en perfecto español: Hola, Lena ¿cómo estás?
Respondí en mi lengua materna: Bien gracias ¿y usted?

Por contestación obtuve dos botellines de agua que agradecí infinitamente y, otra vez, la sonrisa amable.

De camino al hotel me dio su móvil porque alguien me llamaba, me mostró en el periódico local una foto de la selección española acompañada de caracteres chinos, me señaló con sus manos, blancas y pulcras, el cielo, los árboles, los edificios.

Todo sin intercambiar palabras.

El segundo chofer me recogió en el aeropuerto de Shanghai.

Un chico joven que me saludó efusivo y que no paró de hablar hasta que me dejó en el hotel.

Me enseñaba la soleada ciudad, me contaba chistes, me hacía multitud de preguntas que él mismo contestaba entre risas.

Nunca entendí nada porque hablaba en chino, pero fue grato.

El tercer chofer parecía un príncipe manga.

(Algo así como el Terry de Candy Candy).

Estilizado, de cabello largo y brillante, educadísimo, no abrió la boca.

Se comunicaba conmigo a través reverencias elásticas y elegantes .

Estoy segura de que en el maletero guardaba un florete y camisas de largos puños de encaje.

Mis anfitriones me dotaron de excelente material escrito con información de cada ciudad y me ofrecieron la compañía de guías turísticos para hacer un tour.

Les agradecí el gesto pero rechacé cualquier ayuda, quería hacerlo sola, integrarme, mimetizarme con el sitio.

Es lo que hago cuando viajo.

No me interesa hacer una carrera contra reloj tachando en una lista monumentos imprescindibles.

Si la ciudad es segura me gusta tomar el metro, alquilar una bici, caminar, sentarme en un café, ir a los automercados para tener idea del consumo, deambular.

A primera vista no me pareció complicado.

Ya sabía decir café y los letreros de la calle estaban escritos en pinyin.
Pregunté al conserje del hotel como llegar al centro (downtown) y no me entendió.

Saqué mi mapa bilingüe mandarín-pinyin, apunté la Ciudad Prohibida y me indicó que estaba a 15 minutos de distancia caminando.

Así me fui, a pie, por la ruta que me marcó.

El primer choque con la realidad fue al intentar cruzar la calle usando un paso de cebra.

Acostumbrada a que en España, si no hay semáforo, los coches se detienen cuando hay un peatón cruzando el paso, puse mi pie en la primera raya blanca.

Los conductores, veloces, me ignoraron.

Retiré mi pie de un salto, recuperé la seguridad de la acera y esperé el momento adecuado para cruzar.

Como pájaros en vuelo enloquecido, coches, buses, taxis, motos híbridas, bicicletas, patinadores, eran los dueños de la vía.

Me resguardé tras un pelotón de ciclistas que iba en mi dirección y a su amparo crucé.

Consulté el reloj, llevaba 30 minutos de caminata y no aparecía ninguna señal que indicara que la
Ciudad Prohibida quedaba cerca.

Pregunté a los transeúntes haciendo uso de mi mapa mágico.

No nos entendimos.

Decidí regresar.

Faltaban tres horas para la ponencia pero tomando en cuenta que mi astrolabio de papel era inútil, no me quise arriesgar.

Pensé en tomarme un café mientras hacía tiempo repasando lo que había escrito para la charla.

Me detuve y oteé el horizonte.

Colores chillones, vidrios, espejos, neones, letras titilantes, vallas dinámicas.

La sensación de irrealidad bostezó una luz mortecina.

Sentí el latir de mis carótidas, el silencio se hizo columna agua ascendente, un torrente de mil zumbidos taponó mis oídos, percibí cada parpadeo de mis ojos como un clic, mis pulmones se inflaron sin parar, pensé que todo reventaría, que yo reventaría.

Un ataque de tos me devolvió a la realidad.

Le vi la cara al estruendo.

Ruido visual, ruido auditivo, ruido sensorial.

Los coches pitaban, las calles sonaban, la multitud hablaba y yo no entendía, las letras exponían y no descifraba.

La única persona sin emitir ruido era yo.

Yo: El silencio en el estridor.

Insomne y sonámbula a la vez, con tres idiomas pero muda, incapaz de integrarme e invisible.

Al borde del naufragio, tenía que achicar mi bote y encontrar una isla que me permitiera serenarme y comprender.

Sólo identificaba los símbolos del mundo globalizado.

Los arcos de Mac Donalds, el sombrero de Pizza Hut y los colores del Starbucks.

Entré en la cafetería como una ciega, desorientada, sin saber qué pedir o qué hacer.

Compré un agua mineral, me senté en un sillón e intenté calmarme pero mi corazón era una locomotora.

Recordé que traía conmigo el ipod.

Pinché Lou Reed.

La disparidad entre mi ánimo sulfurado y la suave ironía de Reed acentuaba mi angustia.

Necesitaba ir al ritmo de la ciudad.

La cura fue The Cure.

Poco a poco fui sintonizándome, acoplándome a las paradojas de Pekín.

Me tranquilicé y cogí fuerzas para regresar, protegida con la música que salía de mis audífonos.

En la primera esquina, tuve que prescindir de ellos.

Para cruzar la calle hay que tener los oídos puestos en ella.

Llegué al hotel y vi esto:
Foto: Lena Yau


La metáfora de esta cultura está en la imagen.

El vértigo y lo tenue,

lo futurista y lo atávico,

lo supersónico y lo zen,

lo trepidante y la pausa,

el caos y la armonía…

Todo esto en marejada.

Mis ojos no podían procesar tanta información simultánea.

Necesito que lo visto y lo vivido hagan un poso para aprehenderlo.

Por eso pienso que José Luis tenía razón cuando me dijo que a China hay que ir muchas veces para entenderla.

Yo creo China es un aleph que crece y se devora a la vez.


______________
Notas:

1. Del sabor no sé qué contestar pues no soy experta.
No suelo tomar café pero cuando lo hago, no soy muy exigente, me da igual que sea de máquina o de sobre, con o sin cafeína. Lo único que me importa es que sea suave y que esté servido en una taza de loza.
Sea Urchin querida, ya sabes que para tomar café en China, sólo tienes que pedirlo!

2. Pinchen la foto de la ciudad. El Edificio grande era mi hotel.

3. La foto de la gorra no es mía.

4. No se pierdan el hermoso cuento de Marcelo.

5. Y lean también al dragón de NuNú !

55 comentarios:

Nancy dijo...

Lena, ¡Qué magnífica experiencia! y qué forma de contarlo. Parece una película, un libro. No sé...
Y por supuesto que iré a leer los cuentos de dragones, son mis mascotas favoritas, después de los unicornios.
Besitos y apapachos

cecita dijo...

todas las ciudades tienen algo de esa contradicción, no?
en mi buenos aires, hermosos caserones coloniales conviven con torres de vidrios espejados, un mercedes benz que pasa apurado por un charco salpica a un indigente que duerme en la vereda, al lado de un macdonalds una señora de pelo blanco y espalda doblada vende bandejitas con paciente comida casera de abuela...
sí, yo creo que las ciudades viven en contradicción.

besos besos, lena!

alfaro dijo...

Ya lo tengo, esto será tu libro de viajes, es divertido, sí, es ameno, es descriptivo sin llegar a ser aburrido y es gráfico, sin llegar al estereotipo de la tarjeta postal.
Esta crónica tiene tres: el café chino, los taxistas chinos y la búsqueda de la Ciudad Prohibida...
Gracias por el café, si me pierdo en China algún día ya no me sentiré tan perdida, al menos tendré una bebida de referencia.
Ahora me voya leer el cuento por 2ª vez.
Gracias, y un abrazo.

Una Zamorana y un Sallentí dijo...

Es un placer leerte.

Llegaste a ver la ciudad prohibida? Me quedó la duda, después de tanta explicación.

Por cierto, el cuento del dragón rojo es una maravilla.

Conchi

Lena dijo...

Conchi!

No, ese día no fui. Visité la Ciudad Prohibida al día siguiente!

Capochoblog dijo...

Tengo un pana, el mejor amigo de T; que habla 6 idiomas y me dice que cada vez que va a China (por negocios) se siente perdido. Muere por el país y le atrae la cultura, pero si tiene que ir solo, dice que se sobreestimula y no se encuentra.

Yo por mi parte, lamentablemente, sin guía y sin gps soy el ser mas cero a la izquierda del mundo, con lo desorientada que soy, digo ir al super y termino en groenlandia :S y por alguna razón, los países asiaticos no me llaman la atencíon, quien sabe si cambie de opinión pero jamas me ha atraído nada de ellos. Su comida quizás, pero muy poco la verdad.

Besos!

mc dijo...

Oh Lena, que buen relato!! Siento mucho que te hayas sentido angustiada en un punto, pero de una forma egoista disfrute mucho tu descripcion de ese sentimiento. Confieso que lo que mas me gusto fue la referencia a Terry y sus camisas con punnos de encaje! Si, eso me hizo reir mucho.

Margot dijo...

Así se narra, Lena mia, palabrita que acabé escuchando a Lou Reed para tranquilizarme porque estaba tan atacá como tú... jeje.

Fijate que China no me llama la atención, no sé. Creo que me volvería loca, la sensación de intemperie allí se transformaría en perpetua, es una intuición y a lo mejor errónea, como tantas otras, pero...

Y aún así disfruto con tus ojos y manos sobre todo lo vivido allí.

Besos y no pares tus crónicas!!

Catalina dijo...

que valiente Lena!

(menos mal que un dragon rojo te cuidaba!):)

interesante lo de los choferes....yo soy el segundo...queriendo ser el tercero...y tratando solo llegando al primero...jajajajajajajajaja!

BESOS

BEATRIZ dijo...

Wow!...que yo tengo una tendencia obsesiva por lo oriental, pero tu narración me ha hecho sentir el vertigo cultural, el shock de lenguas.

También me gusta deambular por todo rincón de cualquier ciudad, no sé porque lo urbano me asusta menos que la interperie natural que simplemente me abruma con su grandeza.

Un abrazo Lena

Camille Stein dijo...

... y menudos cuentos de dragones escribe el señor Marcelo... toda una maravilla


hay dos viajes, el que viviste y el que cuentas

del que cuentas puedo decir que desearía ser quien vivió esto que narra... punto por punto, coma por coma, café a café... incluido el silencio estridente... toda esta amalgama de sentidos y percepciones...

en tus palabras hay vida... hay la vida


muchos besos chinos, Lena

F. & R.

Billy MacGregor dijo...

Que bien seguirte en tu viaje. La foto es muy explicativa. Imagino la desorientación que pueda sentirse en un marco ajeno al tuyo, como una película, sí. Y al mismo tiempo apasionante, novedososo, páginas nuevas y limpias en tu vida.

PuntoPuntoPunto dijo...

Ya pero noto que el insomnio me hace ver el mundo de una manera más fría, aunque sinceramente, eso me hace poner un poco los pies en el suelo, si no soy una persona muy pasional entregada a la mente y acabo viviendo más en mi cabeza que en el mundo que me rodea.
¿Que crees que será lo que no nos deja dormir?

IMAGINA dijo...

Quiero más y más.

Hasta ahora parece Japón y no China, pero es que el mundo ya no es lo que era.

Genín dijo...

Lo del sistema del PINYIN me parece muy interesante, no tenia ni idea, luego dicen que en los blog no se aprende...jajajaja

Que fantástico lo de esa especie de vértigo, de máquina que acelera el tiempo dentro de tus percepciones, esa adaptación a la ciudad china para adecuarte a s ritmo...
¡Que interesante!
Besos y salud

Fanmakimaki ファンマキマキ dijo...

HE sentido esa sensación....la de lost in translation. Mira http://fanmakimaki.blogspot.com/search/label/Singapur

gloria dijo...

Lena... como siempre no sé ni por dónde empezar. Lo que sí sé es que si hay una forma de intuir China desde tantísima distancia, la mejor es a través de tus ojos y tus palabras. He disfrutado tanto del café, de la compañía de los choferes, he permanecido al borde del infarto... todo, Lena, de verdad, hasta llegar a la armonía, hasta llegar a la reflexión, hasta comprender la suerte que tenemos de que tú hayas viajado hasta allí para traernos tanto.

Sólo una palabra: gracias.

Te beso, y mucho.

P.D.1 Tengo la convicción de que a Marcelo le va a encantar.

P.D.2. The Cure me ha salvado tantas veces... (¿recuerdas qué canción era?)

NuNú dijo...

Creo que nunca he sentido algo tan estremecedor en mi vida... Sigo leyendo tus cuentos chinos con ojos de mocosa expectante que siempre quiero más y seguro que eso pasa quizá no sean siempre cuentos chinos de la China pero bueno, feliz, contenta, totalmente achinizada y dándote las gracias por tu mención de honor...

Beijinhos

Magah dijo...

Linda!! Hiciste que sintiera que estaba tomando un café en China.
Habrá ue empezar a ir por ella para entenderla.

Besos mágicos!!

Magah

Consue Gleen dijo...

Provoca salir corriendo a Heathrow a tomar el proximo avion a Pekin.

Que bien lo cuentas!

Que panico perderse en chino!

Que aventura, Lenusky :)

Mil besos!

Marcelo dijo...

Nancy: ¿fuiste?
Alfaro: espero que la segunda parte no te haya defraudado...
Zamorana: ¡muchas gracias!
Camille: te agradezco una vez más tus palabras...
Gloria: tenés razón, claro...(¿qué ocurre Gloria? ¿Que estoy adonde? En Mil qué? ¿Serán las mil perdices de mi cuento? ¿No estoy en La Menor Idea?
¡Es que mis ojos no pueden procesar tanta información simultánea!)

Lena: me encantó tu relato. Pensé que tal vez viniste a Buenos Aires con el asunto de las rayas peatonales. Aquí hubieran atropellado también al pelotón de ciclistas... Y está claro que el aleph lo tienes tú.

Y no digo más porque ahora mismo tengo el corazón hecho agua chapoteante...

Mil besos

Javier dijo...

Lena, amiga... a ningún lado me voy... a estas alturas ando con el jamelgo cansado... y estoy atado con él al palenque. Gracias por tu mano.
Ahora solo viajo leyendo, en este caso, tus relatos.
Beso

caramelo dijo...

doble lectura para tu narración; tantos detalles, tantas cosas, tan dificil comunicarse y además te habrá pesado el jet-lag...

Aquí en Santiago el peatón tiene preferencia para pasar por la linea de cebra y me ha sucedido lo que dices, en otros sitios, la costumbre juega en contra.

Un ex amor se pasó viajando todos los meses, por cinco años, a Hong Kong por trabajo, y hacía lo que tu, se perdía en la ciudad y sin embargo no logró entender ni la mitad de sus códigos, por más que es una ciudad bastante occidentalizada. Hablaba siempre de los olores de la ciudad (y de todas las otras que recorrió).

Un beso,

Soledad Sánchez M. dijo...

Un relato electrizante, Lena, he sentido tu aislamiento -lo he sentido alguna vez- y comparto tu opinión de que es necesario dejar posar tantas emociones para ser capaz de "digerir" una experiencia como ésta.
Y un placer esa "colaboración" con mi querido Marcelo.

Un beso.

Soledad.

Troba dijo...

Te has convertido en mi mapa....

besos!!!

DaliaNegra dijo...

Eres realmente mágica.He devorado tu post,nunca un relato de viaje me había gustado tanto.No exagero.
El cuento de Marcelo es precioso.Muchos besos***

yurenaguillen dijo...

Sí, Lena... Pekín es una ciudad que se devora a sí misma para lanzarse de nuevo al vacío. Esa continua contradicción la has relatado perfectamente. Has vivido una gran expericencia y, tus apuntes sobre el entorno hacen que, tus lectores empaticemos perfectamente con tus emociones.

Un beso.

Belén dijo...

Yo he notado hasta el olor del café!!!!

Besicos

-Pato- dijo...

Tu relato está tan bien hecho que casi me da un ataque de pánico, por suerte pusiste música y eso me tranquilizó, como a vos, pero estaba que me traspiraban las manos del horror y la ansiedad.

Un dato, los argentinos con las calles y el paso peatonal somos como los chinos, un horror cruzar las calles aquí ¿Viste la Pantera Rosa que pone un pie en la calle y aparece de la nada un auto? ¡¡Igualito!!

Yo tambien te quiero y me hace feliz leer estas crónicas de viajes que nunca haré, ja!

Besos para vos y para el Pez Piruleta :))

Marta dijo...

Lena! Que suerte has tenido de tener todas estas experiencias. Gracias opr llevarnos de la mano contigo y compartir ese maravilloso mundo al que estas siendo expuesta!
Abrazos,
M

Georgia dijo...

Que experiencia tan magica...y la forma de contarla nos invita a todos a vivirla...hasta me parecio ver mi nombre en el cartelito de bienvenida

un abrazo querida

Nómada planetario dijo...

La barrera idiomática siempre me ha dado un poco de reparo, aunque no saltado tan lejos como tú he tenido anécdotas para hacer alguna que otra entrada, como la maleta y yo perdidos en Frankfurt, sin hablar ni papa de alemán.
Aún así comparto contigo que es mejor conocer las ciudades sin agencias venga, venga.
Besos sin traductor.

Ego dijo...

Necesito poner un príncipe manga en mi vida. Aunque sea para hacerle la foto y que se vaya.
Es bueno saber lo del café. En Grecia se dice 'jocafé', se pronuncia así, con lo cual también vale el 'café' en español.
Si al final me veo en China. Si es contigo, me voy fijo. Allí no me buscarían mis patrones ni mis dioses.
Un (b)eso

CONSCIENCIA dijo...

Oh mujer como me encanto. Escribes de maravilla entre la musica y el cafe me he perdido por favor sigue contandonos tus experiencias te juro que me encantan.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amiga Lena,

Pasearse por tu espacio es como viajar a China de gratis. Muy interesante el relato que haces con el Café y todo eso. Poco a poco me van entrando ganas de irme una temporada a la China. Si no estuviera tan lejos...

Me encanta la forma de ser de los Chinos.

Gracias por visitar mi espacio y por el comentario elogioso que haces.

Un beso,

Antonio

Kiko dijo...

Uf, es que es completamente otro universo... Alcia al pais de la China, hehe

algun dia a ver si me atrevo a la aventura

Besos!

La sonrisa de Hiperión dijo...

Llevaba tiempo sin pasar por esta tu casa.

Saludos y buen fin de semana.

elshowdefusa dijo...

Me encanta, Lena, todo este viaje que nos estás haciendo hacer. Además es volando por tus palabras, volando, sí, porque se vuela aquí, en las mil orillas, en vez de nadar. Me hace mucha gracia lo de café y me encanta cómo has descrito a los chóferes. ¿País para la confusión? Aquí Fusa.

Un abrazote, reina.

Fogel dijo...

Querida Lena. Preguntaré en casa dónde estuve estos días, pues tengo mis dudas, luego de leerte siento como si yo mismo hubiera estado recorriendo las calles de Pekin...

UN abrazo desde el ojo del Aleph

Mixha dijo...

Excelente historia me dejaste pegada hasta el final, caminando contigo de la mano a través de tus ojos pude ver todo lo que te fue pasando, me encantó, un beso

Marsu dijo...

Lenita, en yiddish tambien se pronuncia "cafei"..

Me transporté con tu relato, fui caminando a tu lado.. Que amreo!
Y viste la ciudad prohibida al final o no?

MentesSueltas dijo...

Hola, paso a saludar, vuelvo con mas tiempo para leerte.

Te abrazo
MentesSueltas

Oswaldo Aiffil dijo...

Hola Lena! Eso que relatas es juso lo que se siente, luego decides respirar profundo, muy profundo, y no dejarte dominar, aunque la sensación de desasosiego nunca desaparece, a veces se hace más leve y es como si te dieran un poco más de aire. Eso es embriagante, y si vuelves disfrutarás mucho más que la primera vez, y así por el estilo. Lo que si es cierto es que nunca vuelves a ser la misma, eso jamás...besos Lena!

Malvada Bruja del Norte dijo...

Lena, Gracias, Gracias por poder viajar contigo a través de tus ojos, de los sabores olores y sensaciones. La foto donde conviven CAOS y ORDEN me parece sublime, digna del comienzo de un cuento, de traspasar el umbral de una realidad a otra, de un tiempo a otro tiempo...

Te sigo leyendo! Aunque más que leerte me dan ganas de ir para allá!

Madeja de Palabras dijo...

Inmensísimo aleph!!! Qué de todo en medio de todo y suma y sigue!!

Inmensa realidad.

Gracias por tus letras. Se agradecen, mientras me invento un café que suena de forma aprecida al otro lado del mundo.

MUchos besos

Alleta dijo...

No puedo creer que me habia estado perdiendo estos post!!!. Eso me pasa por reservar tu blog para cuando puedo leerlo con calma y dedicacion, para disfrutarlo como se debe!!! Me encanto lo del dragon rojo y quiero ir a China a montarme en el taxi de Terry (mi 1er amor). Besos

nano dijo...

.:.

sabes lo que mas me gusta de ti? que pasas de un tema al otro como si nos llevaras de tu brazo, es decir, con seguridad, confiados de ti...

que pasó con la gente que pedía el café en castellano??? no nos importa porque nos metiste en tu recuerdo de cuando delirabas en el hospital...

me sentí que me llevabas de la mano (y acaso la metafora no va acorde con el relato? también necesitabas una guía (en tu recorrido) y de guía nos llevastes por tu relato)...

.:.

Eduardo Galván dijo...

desde mi castillo encerrado te entiendo en parte, por supuesto, a mí, para entender adonde va china me sirvió mucho la película "El baño" o "la ducha" no sé como lo tradujeron exactamente de Zang Yang, toda una delicia para aprender de china y los chinos, y además te emociona mucho, que eso está genial.

besos.

Ariadna dijo...

Hola linda,
Te lei esto hace unos días pero no tuve tiempo de comentar. Gracias por llevarnos contigo a China. Leyéndote me he transportado, he sentido el vertigo del aleph, el terror de caminar por un abismo insondable de signos que no conoces, el alivio de encontrar un asidero por endeble que sea.

Esta tarde me cuentas más...

Un abrazo

MAREADEMOCIONES dijo...

Tomarme un cafecito un domingo por la mañana mientras leo parte de tu bitácora de viaje, se convierte en un buen comienzo del último día de fin de semana.
Resulta delicioso leerte!
Besosss!

(* dijo...

Lena, qué rico todo esto que nos estás cocinando después de tu viaje... Me gusta. Aprender para, más tarde, aprehender.

Un dulce beso.

montse dijo...

Ya he dado otro paseo, de tu mano, por este viaje tuyo por la China.Me vas situando perfectamente en cada anécdota que me cuentas y me ha gustado mucho tu apreciación de que "la metáfora de su cultura está en la imagen" y ésta la veo en las contraposiciones que me detallas.
Estoy disfrutando mucho de lo que me llega a través de tus palabras.
Seguiré en otro momento.
Un fuerte abrazo.

la-de-marbella dijo...

No me creeras, pero he paseado a tu lado por China desde la primera linea. Me encanta tu viaje y tus letras. Besos

mas de mi que de... lirio dijo...

------> y sigo bajando.

vfedor dijo...

me imagino esa primera sensación de "perdidos en tokio". Los miles de colores y la velocidad que describís. Me imagino esa ciudad con miles de secretos guardados.Tantos como aquellas flores de papel que en la película, guardaban sus visitantes en un árbol.
Conclui el relato de ese viaje que describis, y ahora que lo pienso, la película también tenía música del estilo de The Cure.

...Próximo al aeropuerto, sobre una avenida llena de gente, él se vuelve unos pasos para decirle algo al oído....nadie los escucha. Quizás todas las ciudades que no conocemos tienen ese encanto....

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