
22. La carta que MEC escribió al hombre ubicuo.
Ahora que no estás no sé qué hacer con mis manos, acostumbradas a moverse hacia, por y para ti.
Si subo al metro, por ejemplo, las guardo en mis bolsillos.
Ellas te necesitan, te buscan y se confunden.
Escapan del encierro y tocan a hombres que visten tus polos aburridos, que llevan tu corte de pelo, que desprenden el aroma de tu gel de ducha.
Y es complicado porque eres tan standard, tus patrones de consumo tan masivos, tus rutas tan predecibles que te haces ubicuo.
Mis manos, desorientadas y llenas de amor se mueven espasmódicas en el aire, buscándote, buscándonos, yo las fuerzo en un puño que cierro apretado, las uñas me hieren, sangro pero no me importa, tienen que aprender a vivir sin ti.
Como yo.
Intento comprender por qué te quise tanto.
Disecciono recuerdos, regreso al principio, busco las claves para desmantelar esta historia.
Hacer con ella como con un mecano.
Desarmar, guardar las piezas en la caja original, regalarlo a una persona que viva lejos, lejos.
Pero nuestra historia es un gato listo.
Siempre vuelve.
Por eso cuando viene el hombre del butano lo miro y me digo que es más guapo que tú.
(Mis manos protestan y no atinan a coger los billetes para pagarle)
Veo su mono y pienso que no te gusta el zumo de naranjas, que tienes carencia de vitamina C, que quizás tendrás gripe, que otras manos estarán exprimiendo naranjas para ti, que otros ojos sonreirán al ver tu gesto de niño malcriado, la boca torcida, el puchero, que otro corazón estará llenándose con tu piel de estadística.
(Mis manos vomitan monedas que caen lentas, casi flotando).
Le ofrezco un zumo mientras firmo la factura.
El hombre lo rechaza y yo siento que él eres tú.
(Mis manos se desmayan. Yo descanso).
Salgo a la calle por un poco de aire.
Llega el 11 y subo para huir de ti.
Suena una canción machacona.
Música rara que te gusta.
Música de molde, de serie, de recopilatorio cansón, de emoción fácil, de tienda por departamentos, de sala de espera.
Estás allí.
Me enchufo a la radio del móvil.
El locutor anuncia tu restaurante favorito.
Esa franquicia hispano italiana falseadora de platos.
Perfecta para ti, tiquismiquis militante.
Sólo comes camarones al ajillo y pasta carbonara.
Tierra segura y sin sorpresas.
Estás de nuevo.
Miro a mi compañero de asiento.
Lee un libro de autoayuda.
La mente me lleva a tu librería de cabecera.
Otra franquicia inmensa.
Lees veinte libros al mes.
Los diez más vendidos de ficción.
Los diez más vendidos de no ficción.
Una lista que vas tachando.
Deglutes las páginas sin entrar en ellas.
(Como para nutrirme y leo para matar el tiempo. El placer no existe).
Eso decías y te quedabas tan ancho.
Mis manos idiotizadas te aplaudían.
(¿Cómo que el placer no existe? ¿Y esto qué es?)
Mis dedos acercaban a tu boca picotas frescas que luego eran pezones, bajaban cremalleras, exploraban temperaturas, texturas, densidades, ahogos.
Perdías por segundos tu mirada de robot.
Pero luego volvías a ti.
(Esto es estar en celo, responde al instinto, no al placer).
También encelado perteneces al percentil medio.
Normalito, tu ejecución no es para tirar cohetes.
Naufragas si hay novedades en el guión.
El 11 sigue su trayecto.
Entra una mujer con su marido.
Lucen bolsas bajo unos ojos que no cuentan historias, llevan el uniforme de la ciudad.
Mis manos viven un síndrome de abstinencia.
Tamborilean ansiosas.
Saco mi mini del bolso y comienzo esta carta.
Querido hombre ubicuo:
Si subo al metro, por ejemplo, las guardo en mis bolsillos.
Ellas te necesitan, te buscan y se confunden.
Escapan del encierro y tocan a hombres que visten tus polos aburridos, que llevan tu corte de pelo, que desprenden el aroma de tu gel de ducha.
Y es complicado porque eres tan standard, tus patrones de consumo tan masivos, tus rutas tan predecibles que te haces ubicuo.
Mis manos, desorientadas y llenas de amor se mueven espasmódicas en el aire, buscándote, buscándonos, yo las fuerzo en un puño que cierro apretado, las uñas me hieren, sangro pero no me importa, tienen que aprender a vivir sin ti.
Como yo.
Intento comprender por qué te quise tanto.
Disecciono recuerdos, regreso al principio, busco las claves para desmantelar esta historia.
Hacer con ella como con un mecano.
Desarmar, guardar las piezas en la caja original, regalarlo a una persona que viva lejos, lejos.
Pero nuestra historia es un gato listo.
Siempre vuelve.
Por eso cuando viene el hombre del butano lo miro y me digo que es más guapo que tú.
(Mis manos protestan y no atinan a coger los billetes para pagarle)
Veo su mono y pienso que no te gusta el zumo de naranjas, que tienes carencia de vitamina C, que quizás tendrás gripe, que otras manos estarán exprimiendo naranjas para ti, que otros ojos sonreirán al ver tu gesto de niño malcriado, la boca torcida, el puchero, que otro corazón estará llenándose con tu piel de estadística.
(Mis manos vomitan monedas que caen lentas, casi flotando).
Le ofrezco un zumo mientras firmo la factura.
El hombre lo rechaza y yo siento que él eres tú.
(Mis manos se desmayan. Yo descanso).
Salgo a la calle por un poco de aire.
Llega el 11 y subo para huir de ti.
Suena una canción machacona.
Música rara que te gusta.
Música de molde, de serie, de recopilatorio cansón, de emoción fácil, de tienda por departamentos, de sala de espera.
Estás allí.
Me enchufo a la radio del móvil.
El locutor anuncia tu restaurante favorito.
Esa franquicia hispano italiana falseadora de platos.
Perfecta para ti, tiquismiquis militante.
Sólo comes camarones al ajillo y pasta carbonara.
Tierra segura y sin sorpresas.
Estás de nuevo.
Miro a mi compañero de asiento.
Lee un libro de autoayuda.
La mente me lleva a tu librería de cabecera.
Otra franquicia inmensa.
Lees veinte libros al mes.
Los diez más vendidos de ficción.
Los diez más vendidos de no ficción.
Una lista que vas tachando.
Deglutes las páginas sin entrar en ellas.
(Como para nutrirme y leo para matar el tiempo. El placer no existe).
Eso decías y te quedabas tan ancho.
Mis manos idiotizadas te aplaudían.
(¿Cómo que el placer no existe? ¿Y esto qué es?)
Mis dedos acercaban a tu boca picotas frescas que luego eran pezones, bajaban cremalleras, exploraban temperaturas, texturas, densidades, ahogos.
Perdías por segundos tu mirada de robot.
Pero luego volvías a ti.
(Esto es estar en celo, responde al instinto, no al placer).
También encelado perteneces al percentil medio.
Normalito, tu ejecución no es para tirar cohetes.
Naufragas si hay novedades en el guión.
El 11 sigue su trayecto.
Entra una mujer con su marido.
Lucen bolsas bajo unos ojos que no cuentan historias, llevan el uniforme de la ciudad.
Mis manos viven un síndrome de abstinencia.
Tamborilean ansiosas.
Saco mi mini del bolso y comienzo esta carta.
Querido hombre ubicuo:
serás ese señor del abrigo gastado que miro pasar mujer en brazo
(la de toda la vida, la que te aguanta)
serás una mirada marchita que las gafas de edad intentan escudar
(descascarillada montura de ocasión que imita al oro)
serás calva forzada, antiácidos y café sin cafeína
(mus con amigos que odias)
Y yo viviré por siempre en la cárcel que eres.
Corrijo, salvo y envío.
(Mis manos quieren llorar).
(la de toda la vida, la que te aguanta)
serás una mirada marchita que las gafas de edad intentan escudar
(descascarillada montura de ocasión que imita al oro)
serás calva forzada, antiácidos y café sin cafeína
(mus con amigos que odias)
Y yo viviré por siempre en la cárcel que eres.
Corrijo, salvo y envío.
(Mis manos quieren llorar).





















49 comentarios:
¿No existirá algún ritual (de esos de brujilla) para "matar" a los hombres ubicuos?? (esos que están en casa detalle que pasa en la vida):...:)
Un beso, Lena. Y otro por tus palabras. Brillantes. Y otro grande para el pez....
¡Que bueno! Siento como si hoy me regalaras la parte que faltaba o simplemente todo lo que ella concentraba ¿Lo recuerdas? Hasta sentí inquietud pero ahora entiendo algo mas de como creas tanta belleza. Ahora tiro del hilo de aquellas palabras y encuentro la respuesta que por cierto me recuerda a mi y a muchos de mis pensamientos.
Como siempre me saco el sombrero frente a tus letras. Como siempre leo, siento, disfruto y te dejo los besos desde mi alma.
(Y si que te creo... hay tantas anécdotas que vamos guardando mientras ellos nadan...)
No me gustan los hombre ubicuos.
Son aburridos y predecibles
Conchi
Me ha encantado, es suave, es algo triste al final, es irónico,
tod@s somos carceleros de alguien en algún momento y a la vez estamos dentro de una jaula de alguien.
Tienes una imaginación increible,y qué modo de utilizar las palabras...
Un beso.
alguien que se respira en cada rinconcito... del montón... nada del otro mundo... aunque...cuando las manos quieren llorar...es porque es mas grande y menos normal... es...simplemente especial...
como tu
como tus relatos
como cada una de tus palabras...
un beso gigante
otro para pez fruta...
de colores
y otro para su dragón rojo de mi dragón azul
Carajita, me acabas de conmover... y si te has dado cuenta, eso lo digo muy poco.
Un beso y un abrazo grande.
Ay guapa, hay que resignarse cuando una ama a un hombre así... o tal vez rebelarse?
Una cosa está clara, están por todas partes o como dice mi abuela "Hombres, cómo los de antes, ya no hay" (y yo luego pienso "afortunadamente")
Besitos
Amores viejos pequeñas cárceles son donde solemos quedarnos para siempre... o un pedazo nuestro al menos...
Un abrazo
Hay muchas cosas de MEC que se parecen a mí. Al menos ella las dice como a mí me gustaría.
Apapachos dulces, leerte en una tarde de lluvia ha sido un verdadero placer.
Es la historia de muchos...besos Lena!
Nuestra historia es un gato listo.
Y tú eres más lista todavía, que escribes cosas como ésa.
Un beso, querida Lena.
"normalito".
Ay consue.
Este me conmovio un monton y me dieron ganas de llorar.
Mi abuelita decia que lo que cambia no es el amor, sino el objeto amado. Es por eso que la increible M.E.C. puede desperdiciar tanto amor en un grisecito normalito, no? Porque no se trata de el, sino de ella.
Menos mal que ella no es 'normalita' :)
Me matas del gusto siempre, pero con Juan mas.
Gracias!!!
Muacatanes miles :)
Hola, solo quiero decirte que estuve apunto de llorar, es genial..
Pero mujer, es imperioso que des total libertad a tus manos, que tengan vida propia, que hagan lo que les plazca...
O lo que les de placer...jajaja
Besos y salud
"Pero nuestra historia es un gato listo.
Siempre vuelve."
lena, me has matado. como siempre. creo que le voy a decir eso a alguien...
(corriendo silenciosa, calladita, muy sin palabras y sin tiempo, pero nunca dejo de leerte)
besO!
¡Qué bien escrito, Lena! Magnífica expresión la del gato listo, las manos se me rebelan y quieren buscarte para halar de ti hacia la callel y correr a otros sabores. Déjalas llorar su pena que cuando estén limpitas tocarán sin repasar.
Un beso fuerte fuerte.
¿Puedo enlazarte?
Muac.
Ay, Maga... si te hubieras dedicado a la arquitectura te
confundiría con Gaudí cuando viese tu obra.
Increíble.
Besos ubícuos.
Codorníu.
Lena...
Al principio me dije no puede ser MEC no pudo enamorarse, porque iba de dura...pero sí, sí...precioso y original perfil psicológico del desamor.
Inmesa Lena, como siempre, pero hoy más.
Un poco triste pero muy bonito. Felicidades, Lena.
He visto que estás preparando un libro con todas estas historias. ¿Están todas enlazadas entre sí?
Un abrazo.
MO, se que te he dicho esto antes en otros post pero.... esta es mi cosa favorita absoluta total completa de todo lo que te he leido.
Creo.
Es que escribes tantas cosas buenas, que tengo que renovar mis favoritas constantemente, pero es que hoy... es que hay lineas aqui que me llegaron como un dardo, como una flecha.
Beso.
Jo, no había caído nunca en que unas manos puedan echar de menos, la verdad...
Besicos
Ayy... como entiendo a esas manos que lloran. Como me gustan tus textos. Besos guapa.
De este misil, de este torpedo, de este obús, de esta metralla, hay que agacharse, esconderse, sumergirse y enterrarse. Porque puede que pase demasiado cerca y nos suene a música conocida. Y nadie, pero nadie de nosotros, querrá admitirlo.
Un beso Divi
:)
tantos lugares comunes en la vida de todos...
y otros tan únicos, propios (menos mal! jajajajajja!)
magistral
como siempre
Te quiero enorme
Besos
Esto se me parece tanto a alguien... pero mejor te lo cuento en persona ;)
Genial, Lenita. Como siempre. Muchos besos!
Cómo se pudo enamorar de alguien así?
En fín,los extraños caminos del amor.
Muchos besos y un vaso de jugo de parchita,Lena bonita!
Mer
Amiga:
Que pasé por aquí, te leí y me hice pana de Pezfruta. Es insaciable, comió cuatro raciones y todavía se quedaba viendo al bote allá arriba como diciendo: "otra".
Le di la quinta, sí ya sé, soy un manipulable, un blandengue, un sensible. Hasta las mascotas virtuales se aprovechan.
Un beso y un abrazo.
Lena, este texto es un poema bellísimo a la decadencia y al amor rutinario. Al hombre gris... y al amor ciego, que no distingue mas allá de un envoltorio. ¿Por qué se ama? Ahhh!!!!
Me ha emocionado, sobre todo el final (y un poco de susto, porque son muchos los hombres no-grises que terminan anti ácido en mano).
Me encantan tus letras.
Un beso.
Soledad.
Lena, le podés decir a MEC, vos que la tenés mas cerca, que su carta me ha dejado sin aliento?
Ah y le decís lo de genia y todo eso, que ella se va a poner un poco colorada, pero le vas a sacar una sonrisa.
Besos.
Bella historia, de amor sutil, de vida cotideana! Siento como que hay algo debajo de la superficie de la historia, como agua a punto de hervir y comenzar a burbujear violentamente...
Pasando a temas mas mundanos y culinarios: yo tampoco soy muy carnivora, siempre he preferido el pollo y los vegetales a la carne. Pero una punta trasera es irresistible. Y hablando de quesos: recientemente mi abuelita vino de Vzla a visitar a mis padres en Toronto, asi que yo vole para alla a verla. Me trajo una bandeja contrabandeada de queso telita, otra de queso de mano, y como 1 kg de queso blanco duro... chama, que te puedo decir! El queso telita me lo comi a cucharadas, sentada enfrente del pote, hasta que se acabo. Las consecuencias estomacales valieron la pena 100%!!!!!!!!
Hay una canción por acá que se llama "todo me recuerda a tí", vos sí que has dado detalles!
Me encantó, Lena.
Besos de colectivo.
!Ay Lena! Que manera de escribir... que gozada de letras.
Comparar esa historia de amor con un gato listo que siempre vuelve me parece genial...
Y esas manos que se desmayan y viven síndrome de abstinencia... no hacen sino evocar lo que siente todo su cuerpo.
Me encanta haber descubierto a la escritora MEC. Que por cierto ha escrito unas "curiosas novelas"...
Lástima no poder dejarle un comentario...
Pero como te dice Pato, tú le transmites cuantísimo me ha gustado su carta y dile que les diga a sus manos que no deben de llorar.
Un abrazo Lena mientras la naricilla espera al cristal.
Por sus gustos, me ha recordado al hombre gris, serio y sin expresión.
Impresionante.
Acabo de llegar a tu rinconcito por casualidad, y me ha encantado. Te sigo.
Un beso MUYGRANDE :)
Un lujazo leerte...sin palabras.
Besos.
É sempre um prazer! Beijo bom.
¿No será que la separación te hace ver ubicuidades donde antes no las había? ¿Será posible que tus manos se percataran antes que tú de esa ubicuidad que tal vez negaste durante el tiempo que permanecisteis juntos?.
Sinceramente, un texto maravilloso (por no perder las costumbre)
Besito rockero
Es lo que tienen las manos acostumbradas... pardiez! qué vicio de buscar!
Aunque yo, a un tío así, le había ahogado con esas mismas manitas... bruta que es una. O que lo ubicuo me agobia y lo aburrido más, y ya todo junto... ni te cuento.
Tú si que no me aburres, cuentista de manos largas.
Besos manuales, Lena!
Eso es lo que echo en falta a veces la ubicuidad, en otras todo lo contrario desaparecer.
Toda una destilación de sentimientos engarzados en esta entrada.
Un abrazo en ninguna parte o en todas.
Lo que viene siendo una auténtica declaración de amor.
Juer, qué románticas nos ponemos, con San Juan en to lo suyo.
Un bexo
Hay palabras que encierran connotaciones muy alejadas de su significado. Ubicuo es una de ellas. Leo entre lineas la otra historia, la que provoca esta y me admiras, mucho, muchisimo.Besos a Juan
Después de toda la frialdad que puede llegar a caber en las palabras, la imagen de unas manos que quieren llorar y no sé si saben cómo hacerlo es tan natural que es la consecuencia, palpitan los dedos a esperas de las lágrimas. Eres increíble, Lena.
Un dulce beso.
.:.
que linda metáfora: "nuestra historia es un gato listo"
.:.
Poco a poco, tus manos aprenderán a tocar y tus ojos a ver. Dolerá menos.
Beso.
Lena, que bien, pero que bien escribes niña. Un placer que ningún hombre debería perderse, sea ubicuo o no.
A tus pies.
Gracias por este buen momento que he pasado leyéndote y disfrutando de todo el ingenio de cada una de las frases!!
Un abrazo muy fuerte!!
MO, es simplemente muy bueno. De pana. Valio la pena esperar para leerlo. Tenia ganas de tiempo y lo tuve. Llevo dias que solo se de mi y del sol jeje. Un besito. TQM
A veces las manos no responden, y cuando tienen que llorar aplauden y cuando tienen que aplaudir lloran.
Pero escriben y nos enseñan lo que nuestros ojos no ven.
Un texto muy bueno. Me gusta especialmente la carta que escribes en el autobús.
Un aplauso, un abrazo
Alma
chiquitina.....me enfado conmigo cuando eso que llaman trabajo me absorbe tanto que me aleja de mi rico paseo por mis blogs preferidos......y cuando hago un saltito y me digo...apaga todo y dedícate un ratito a lo que tanto te gusta....vengo a visitarte y me vuelvo a deleitar con tus letras.... estas que leo hoy me gustan más que muchas de las que mucho me encantan.
besos a ti....
aprovecho para desearte éxito en esas jornadas bloggeras......me encantaría estar ahí y escucharles.... el Atlántico me lo impide, otro día será.
besos otra vez...
hacìa rato que no pasaba por aca...., la puta cotidianeidad, nomás... la que te lleva del hombro por donde a veces no quieres ir...
y me he vuelto a encontrar con la mina con la que quiero compartir un vino y unas tapas allá o un vino y unas empanadas acá y charlar de las mil orillas, de la brisa de la vida, de los amores que se enlunan...
te dejo un abrazo volador que llegue justo al vèrtice de tu alma
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