9.6.09

Spirogyra


Larissa tenía dos hobbies.

Practicar juegos malabares.

Y perseguir mormones.

Ambas aficiones entraron en su vida en la misma época y por casualidad.

Sucedió que un día de clase como otro cualquiera, Larissa fue invitada al pizarrón a resolver un ejercicio de física.

Lo hizo como siempre, con soltura y desgano.

Como era habitual, después de resolver el problema, una lluvia cayó sobre ella.

Lápices, gomas de borrar, reglas, sacapuntas, bolas apretadas de papel y algún que otro zapato.

Sus compañeros no la aguantaban.

Ella soportaba las burlas estoicamente.

Hasta ese día.

Lejos de gritar, llorar e insultar, Larissa movió sus brazos como un ventilador y uno a uno fue recogiendo los objetos que volaban en avalancha hacia su cara.

Recogía, lanzaba, recogía, lanzaba.

Las balas lanzadas formaron en el aire un círculo en movimiento.

Nadie se atrevió a romper el silencio ni a retar a la malabarista sorpresa lanzando más cosas.

Larissa fue deshaciendo el círculo poco a poco, devolviendo a los agresores sus pertenencias de la misma forma en que le habían llegado a ella: arrojándolas.

Cuando se quedó con las manos vacías, cogió sus libros, dio un portazo y abandonó el aula.

Caminó sin pensar en nada.

Se compró un granizado de tamarindo, arrancó tres hibiscos para adornar sus cabellos, se pintó los párpados con lápiz labial escarlata y cantó a viva voz una canción caribeña que se oía a todas horas en la radio.

Aún así seguía sintiéndose gris.

Hasta que lo vio.

Un chico de cabellos pulcramente cortados, de camisa planchada e impoluta, corbata sobria, con andares flotantes y mirada a ras del suelo.

Guapísticamente correcto y gris en perfecto degradé, lo supo hombre de su vida.

Aguardó mirando sin saber muy bien cómo acercarse, cuando de pronto, su cenizoso comenzó a multiplicarse.

Veinte o treinta copias de su chico caminaban en una fila india que él encabezaba.

Observó al grupo.

Eran muy parecidos entre sí.

Ninguno salía del tono.

Jugó al tin marín de do pingüé para escoger con cuál se quedaría y sonrió cuando ganó su primer candidato.

Se sumó a la fila de hormigas y se fue colando desde atrás hasta llegar a su chico.

Durante la caminata le hizo preguntas.

Se ofreció acompañarlo a dónde él quisiera.

Le contó chistes.

Le dijo piropos rosas, verdes y rojos.

Su chico permaneció dentro de sí.

Impávido, incólume, hierático.

Larissa, que había caído rendida, decidió que se casaría con él.

De nada sirvió que su hermana le dijera que los mormones eran polígamos.

No le importaba compartir su corazón, su mesa, su cama .

Descubrió el lugar exacto del hormiguero de hombres gríseos y se aplicó como la gota que horada la roca.

Lewis dejó de mirar al piso para mirarla a ella la tarde en que apareció vestida con una falda a cuadros hasta los tobillos, una blusa nívea abrochada al cuello, los cabellos largos besando su cintura y las manos haciendo malabares con veinte bebés de juguete.

Se casaron.

Lewis y Larissa.

(Y Fiona, Mary, Emily, Sue Ann, Linda, Joan, Susan).

Formaron una bonita familia.

Se organizaban para todo con un sistema inalterable de turnos.

Larissa sabía que el corazón de Lewis le pertenecía sólo a ella.

(Él se lo confesó en un arrebato que luego pagó con largas penitencias).

Pero ella quería más.

Quería que la mesa y la cama también fueran su exclusiva.

Logró la mesa haciendo de cada comida un espectáculo.

Rescató recuerdos de sus visitas a restaurantes japoneses y a bares temáticos y los sumó a sus conocimientos malabares.

Pelaba calabacines y patatas en el aire.

Desarmaba cebollas en aros que barajeaba como naipes antes de pasarlos por pan rallado y freírlos.

Cortaba el pavo tan rápido que con el impulso las lascas volaban del cuchillo al plato de cada comensal.

Hacía un arcoíris de frutilla que lanzaba como confeti sobre un gran bowl lleno de tizana fresca.

Calentando el brazo como un jugador de baseball para enfrentarse a cuatro kilos de tomates, descubrió que su familia estaba en sus manos.

Los ojos de Lewis, Fiona, Mary, Emily, Sue Ann, Linda, Joan, Susan y de los niños de cada unión perseguían los movimientos de los dedos que asían el tomate.

Funcionaba como un imán.

Si movía la muñeca a la derecha, las pupilas dirigían una mirada vacía a la derecha.

Probó izquierda, arriba, abajo.

Llevó el movimiento más lejos y la obedecieron los ojos y los cuellos.

Experimentó ejercicios individuales.

Con un puerro en la mano derecha dirigió al grupo a la mesa y con el tomate en la derecha, llevó a Fiona a dormir.

Funcionó.

Administró el péndulo vegetal a cada miembro del matrimonio múltiple para llevarlos a dormir.

Dejó a Lewis de último.

Con el tomate lo llevó a la cama.

Y con el puerro despertó el apéndice amatorio.

Lo hizo bailar al ritmo de su batuta.

Desde entonces las sabanas grises fueron sólo para Larissa y Lewis.

Y una que otra vez algún invitado de la huerta.

52 comentarios:

elshowdefusa dijo...

¡¡Me encanta esta gastroficción con toques de originalidad y humor sutil!! Lo primero que queremos, que nos cuenten cuentos, lo segundo, el papel. ¿Y qué me dices de lo que hace Lena?
Un beso, reina de la fantasía.

elshowdefusa dijo...

Vaya. Dije el papel. Quise decir papeo.

cielo azul dijo...

Muy buen escrito aunque me quedé con una duda quien es Walter, no se supone que se casó con Lewis o también ella se casó otra vez?

jejejeje no creo q eso lo permitan los mormones verdad...

saluditos desde mi cielo!

Consue mas tangerine que lime green hoy dijo...

Me gusto taaaaaaaanto que,

1) Voy a obviar mi stalker-ismos (cause they're disturbing and beside the point).

2) Me vi de 16 a#os, con una amiga del cole en Valencia, ambas en uniforme y cazando a los misioneros mormones (exactos a los de tu descripcion) que buscaban convertir catolicos en el tropico (pobres).

3) Voy a pretender que no se que el grupo mormon que practica la poligamia es chiquitico, porque la buena ficcion demanda que uno olvide esos detalles. (Es que soy fan de los mormones, no como religiosos evidentemente, sino como personas, porque tienden a ser buenos como el pan - parecen ficcion).

Te superas cada vez - no te duele la cabeza por ser tan genia? ;)

Besos grandes!!!

Pura dijo...

Que quieres Lena, tus cuentos son siempre una alegría, será uno de los buenos recuerdos de este año...prometo burlar la censura de internet de China (no es personal es todo blogger) solo para leerte...seré menos legal, pero estaré más contenta...gracias por seguir escribiendo!!

Ariadna dijo...

Fantástico Lena. Me ha encantado el tin maringüe dos pingüe, ya no me acordaba!!!

Besitos

Ariadna dijo...

Fantástico Lena. Me ha encantado el tin maringüe dos pingüe, ya no me acordaba!!!

Besitos

Roberto dijo...

No me lo explico...tus historias giran alrededor de un universo particular, muy tuyo y muy hermoso, que de cuando en cuando, nos dejas entrever...que privilegio!

me encanta tu escritura, muchísimo

un beso

Dante B. dijo...

hola Lena...manipuladora, cuentista, cuentera...
anduve por aquí.
y te dejo un abrazo

mia dijo...

Ay amiga Lena!!!

Si la vida fuera

una sopa,sería

toda tuya,y

sólo la beberían

dioses,poetas,

y con suerte,

alguna vecina tuya!

besos

Ego dijo...

Ummm...
La huerta en casa.
En Atenas, la esencia permanece. Se está de puta madre, a pesar de la campaña de las europeas.
Un (b)eso de vuelta

Nancy dijo...

Lena, me he saboreado la historia como el platillo fuerte de mi peregrinar por los blogs que visito.
Aquí me detuve para leer y releer. Para saborear toda la historia de esta huerta tan especial.
Apapachos desde este puntito del universo.

Marcelo dijo...

"Logró la mesa haciendo de cada comida un espectáculo" No es moderno pedirle eso a una mujer. Pero es lindo. Como vos.
Un beso Ch. P.

Francisco Pereira dijo...

Buen Mormón ese chico...

giovanni dijo...

Dos preguntas:

Por qué ella no pensaba en nada después de su triunfo? (no necesita respuesta, es más bien una pregunta retórica, aunque yo pudiera haber escrito exactamente lo mismo porque expresa muy bien su estado de ánimo después del triunfo)

Como logras a proteger tu texto que no se deja cortar y pegar? Qué es el truco?

El cuento es magnífico.

Un beso

Soledad Sánchez M. dijo...

¡Qué relato más fresco y original! Una forma deliciosa de conquista -siempre se nos tachó de poder llegar al corazón del hombre a través de su estómago-... absolutamente original.

Me encantó.

Un beso.

Soledad.

(* dijo...

Ay, Lena, de verdad que últimamente cada vez que vengo me entra tanta hambre... jajaja... que hoy he sido precavida y me estoy comiendo una zanahoria de almuerzo. :) Me encantan tus gastroficciones. Me han gustado mucho los piropos de colores.

Un dulce beso.

Belén dijo...

Como decía mi abuela, siempre hay un roto para un descosido ;)

Besicos

Una Zamorana y un Sallentí dijo...

Me alegra taaaaaaaaaaanto que hayas vuelto a deleitarnos on/line con tus historias.

Deseando leer el de papel me tienes

Besos

Conchi

Lali dijo...

Me encanta!!!! Yo tambien perseguia mormones...no para casarme mas bien para liberarlos de tanto gris...eres maravillosa!!
Buena historia paraun dia triste.
TQM

mc dijo...

No puedo culpar a Larissa por enamorarse de Lewis y quererlo para ella sola... Esos chicos mormones son tan buenmozos con sus trajes! A veces me tocan la puerta y tengo que hacer esfuerzos por no invitarlos a tomar algo.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Puerros para apéndices? Probaré de restregarme uno por….... la naríz. Y sí, no cabe duda, para ser la reina de la huerta hay que blandir la batuta.
Precioso cuento, Lena.
Besos

gloria dijo...

Vale, Lena, hoy voy a confesarme porque ya no puedo más: no sé hacer ni un huevo frito, pero es que nada... y mira que me encanta la comida, que la degusto como nadie, que disfruto de cada plato como si fuera el último, pero de cocinar, nada de nada... y tampoco me llama ponerme no sé por qué.

La cuestión es que hubo un tiempo en que hacía malabares y no se me daban mal, y quizá ha tenido que venir Larissa a descubrirme cómo deshacerme de los enojosos arrojadizos, y mira por dónde, a animarme a probar de una vez por todas con la cocina... no sé lo que me durará (te aseguro que a mi madre va a darle algo de la emoción) pero seguro que habrá oportunidad de contarte el resultado.

A cambio, si no te importa, me gustaría pedirte que por favor no dejes tu gastronomía de palabras, que no dejes de cocinar cuentos para nosotros... siempre es una delicia saborearlos, siempre.

Un abrazo enorme, Lena

(es que toda la entrada está llena de señales: a mi pueblo lo nombraron capital europea del tomate hace unos años, y ¿qué imagen pones tú? señales, son señales)

mas de mi que de... lirio dijo...

Paso, te leo, sonrió, te admiro, disfruto, te envidio, te siento y me voy.

Eso si, nunca antes de dejarte mil besos desde mi alma.

MAREADEMOCIONES dijo...

mi querida Lena.....que hago contigo??? te mando un beso?? no,
te digo que tu forma de narrar me mata???? no, te digo que me cautivan tus historias y esa imaginación tan maravillosa que me deja lela, no....entonces que hago con esto que acabo de leer.....sabes que?? me lo quedo pa volverlo a leer en la nochecita, antes de irme a la cama con el aroma de mis velas de vainilla.

Freak dijo...

Qué historia tan tierna, Lena. Me ha parecido muy bonita. El principio, en clase, superándose, y después de eso cuando ya encuentra su camino y se afianza.
Tienes mucho talento para transmitir muchas sensaciones y sentimientos con tus cuentos. Aparentemente sencillos, son exquisitos. Felicidades.

el olvido imposible dijo...

Eres simplemente sorprendente. Una cajita de música. Me gustan, me fascinan, me imnotizan, me transportan, cada una de tus historias. Todo lo que he leído de ti lo recopilaría en un libro que siempre tendría a mano. No suelo ser tan exagerada, pero es lo que siento ahora mismo.

Genín dijo...

Cuando sea grande quiero ser mormón!
¿Como se lo montarán los mormones pobres para mantener a su prole?
Besos y salud

Kira dijo...

Me he imaginado todo este texto como si fuera una película muda pero en technicolor... Guao qué maravilla la capacidad para hacernos ver todo tan claro. Una abrazo Lena

La Gata Insomne dijo...

Estuve tratando de imitar a Larissa en la cocina y he puesto..no la torta: la tortila!!!!

mientras que los ojos escrutadores de mi hijo mormón-chefse clavaron sobre mí, como los más afilados de sus cuchillos!!!

Besos, besooos y más besoooos

La Gata Insomne dijo...

Estuve tratando de imitar a Larissa en la cocina y he puesto..no la torta: la tortila!!!!

mientras que los ojos escrutadores de mi hijo mormón-chefse clavaron sobre mí, como los más afilados de sus cuchillos!!!

Besos, besooos y más besoooos

Bolboreta dijo...

¡Qué buen relato! Prodigioso, aparte de lo bueno, me ha recordado mis travesuras de adolescentes con los mormones.
Un saludo!

Vivian dijo...

Jajajaja!! Cómo lo haces??? Eres increíble!

yurenaguillen dijo...

Vaya Gastroficción... Me he quedado embobada leyendo.
Eres increíble. Siempre me sorprendo sonriendo con tus textos.
Un beso grande, guapa.

BEATRIZ dijo...

Lena,

La soltura del texto lo hace más exquisito, dan ganas de disfrutar más de la comida y hasta perseguir mormones,jajaja.

Muy bueno,

Saludos

Malvada Bruja del Norte dijo...

Jajajaja, ¡qué buena la estrategia de Larissa.

Te noto muy irónica y divertida, sobre todo en estas últimas entradas :-)

Madeja de Palabras dijo...

Es bueno-buenísimo.

Un beso admirado

Nómada planetario dijo...

Pues como tenga que conquistar mormonas a base malabarismos, como tu prota, voy a tener menos éxito que el fotógrafo del BOE.
Manía que tienen de ir tapados en pleno mes de agosto.
Muy bien cocinado el relato.
Besos de cocina llevadera.

patxi dijo...

Buen escrito....saludos.

ANABEL dijo...

¡Madre mía!, malabares, mormones y comida, jamás pensé que una historia de amor pudiera salir de ahí. De hecho, si no fuera porque lo acabo de leer, no me lo habría creído.
Muy buen relato, sí señora.
Besos

AlmA :) dijo...

Es increíble... siempre llego aquí... y despiertas una espectacular sonrisa de colores... tus historias me fascinan... puedo verlas... sentirlas... olerlas... el poder de esa mujer malabárica...


simplemente... me encantó... como el encantador de serpientes... al son... de la flauta mágica...

un beso...sincero... profundo... para tí... para pez fruta... :)

La sonrisa de Hiperión dijo...

Porque las mejores siempre tiene que acabar en boda.... no pueden acabar en una marisquería?
jajajaja

Saludos!

[ [EBP]] dijo...

Mujer, me enamoré de esta frase..

"Guapísticamente correcto y gris en perfecto degradé, lo supo hombre de su vida."

Que bello que escribes por dios, gocé el cuento de principio a fin, y me dio ganas de escribir algo así tan ameno y tan fresco, fue como tomar un vaso de limonada heladita en pleno calorsaso.. y te quiero por eso.. besos desde Lima

siempreconhistorias dijo...

Estupendo, Lena. La descripción de Larissa lanzadora en clase me puso una sonrisa dulce en la cara. El guapísticamente correcto me cautivó y la filita de mormones me dejó frita. Con la apropiación de la casa y la vida a base de malabares gastronómicos caigo rendida.
¡Exquisito!
Un saludo.

NuNú dijo...

Amo tus personajes, son únicos, geniales, luchadores, simpáticos, extraños, amados...

Y mira tú que Larissa consiguió con un mormón polígamo lo que muchas mujeres no consiguen con un católico monógamo.

Quizá tengamos que adentrarnos en esos mundos mormones de vez en cuando...

Besos deseosos de cervecita y conversa, cuando quieras

Dara Scully dijo...

Sabanas grises, cómo no.
Qué bien supo hacerlo Larissa.




¡Miau!

Capochoblog dijo...

Me encanto. Super visual, es que la veía con la rebanadera y los malabares, que genial :)

Besos.

Marta dijo...

Jajajajaja "veinte o treinta copias de su chico"... que genial! que correcto! que real!!!!!! Me fascina esta historia, es viva, es vibrante y es muy humana. Creo que porque todos tenemos un poquito de Larissa dentro :)

Codorníu dijo...

Increíble. Cuando pienso que ya no puedes superarte, vas y subes un peldaño. En fin, mira que te digo:

Me ha gustado mucho...
Me ha gustado mucho...
Me ha gustado mucho...
Me ha gustado mucho...
Me ha gustado mucho...

Un beso, otro, otro, otro y otro.

Pepe C.

Oswaldo Aiffil dijo...

Las cosas que hace el amor. Los comentarios lo dicen, todo un cortometraje esta historia Lena. Belleza! Bacione!

PIZARR dijo...

Lo que te dice Izaskun, es perfecto, es exactamento lo que te quería decir.

Eres genial Lena, pasar una velada contigo contando historias tiene que ser algo fuera de serie.

Un abrazo inmenso de naricilla... jajaja

Paco dijo...

Magnífico.