6.7.11

Del paroxismo


Para ti.


Pasaron una noche memorable.

Seis polvos.

Cuatro a siete a favor de él que logró tener dos al hilo.

Ella le gustaba.

Desinhibida. Hambrienta. Agradecida. Dispuesta.

Buena conversación.

(Buen trago también).

La invitó a comer.

Ven a las dos. Trae el vino.

Llegada la hora tocó el timbre.

Un desconocido abrió la puerta.

¿La señorita desea un tomar un aperitivo?

Lo midió con ironía. Quiero un Kir Royal, por favor.

El hombre no dijo nada. Dio media vuelta y desapareció.

Se sentó en un puf rojo.

Estrenaba ropa interior y el encaje le rozaba.

Pensó en ir al baño para sacársela pero el hombre volvió con una bandeja de plata.

Sobre la bandeja una flauta de Baccarat.

Su Kir Royal. El Señor viene enseguida.

Y así fue. Tras la huida silente del mayordomo-camarero, él apareció.

Al verle la cara recordó expresiones y gestos de la víspera.

(Sintió en un escalofrío una mezcla de vergüenza y lujuria).

- ¿Has traído el vino?

- Sí. Se lo di al entrar a…

- Lucho, completó él.

- A Lucho. Eso es. Espero que te guste. Conde de Valdemar. Es lo único que conseguí. Busqué un Château Martinet pero fue imposible…

- Lucho, ¿qué te parece la elección de la señorita?

Lucho siguió en lo suyo. Hierático.

- ¿Qué vamos a comer?

- Es sorpresa, querida.

Se sintió extraña, rara, casi incómoda.

Tenían una no relación muy clara.

Ya habían hecho tálamo, no les hacía falta conquistarse, sobraba cualquier preludio que no tuviera que ver con la carne.

A una señal de Lucho aparecieron seis camareros.

Cada uno portaba una fuente con campana.

Al llegar a él la despejaban.

Y tras su aprobación colocaban la campana encima del gueridón y la fuente en el infiernillo para luego emplatar.

Ella pensó, con resignación, que estaba a punto de arruinar veinte días de dieta perfecta.

Sintió un mordisco en la ingle.

Maldijo al inventor de las braguitas de encaje.

Se retorció con disimulo en la silla para reacomodar en su cuerpo la prenda que la torturaba.

Él acercó un tenedor a su boca.

¿Qué es?, preguntó.

Él dijo: Come y calla.

Aceptó el bocado que le ofrecía.

Cerró los ojos.

Así, así... susurró, relájate.

Saboreó el limón, la naranja agria, el pescado, el ají amarillo, la cebolla y el cilantro.

Le pareció que comenzaba a sudar.

- Abre la boca.

- No hace falta, sé comer sola.

- Abre la boca.

- ¿Qué eso? ¿Cómo sé si me gusta?

- Confía en mí, no te va a pasar nada.

- ¿Seguro?

(Sintió cosquillas en el estómago).

- Seguro, tonta. Abandónate.

Una mezcla de picante, queso, leche, nueces, pollo y papas inundó su paladar, su lengua, sus dientes, su campanilla, su nariz.

Un hormigueo creciente la recorría.

Se aproximó hacia él con la boca abierta.

No seas impaciente. Espera.

Pero no quería esperar. Le daba igual lo que él pensara.

Sí. Soy infantil, inmadura, impaciente, glotona, desesperada, quiero más, más, más...

La hizo sufrir unos segundos.

Ella esperó con rabia en los ojos.

Ahora. Ven.

Se abalanzó.

Así, no. Ven. Suave. Despacio.

Obedeció.

Se apoderaron de su voluntad las papas aplastadas, los camarones, el cangrejo, trozos de pulpo, anillos de calamares.

Se llevó la mano al corazón.

Tenía taquicardia.

Él la observaba divertido.

Cuando  supo que él había cocinado le preguntó,

¿Cómo hago para verte siempre?

Él respondió,

Por web cam.

¿Y cómo hago para guardarte en una cajita?

Él respondió,

En cenizas.

Buscó decepción en sus ojos. No la encontró.

Entonces ella soltó,

¿Echamos un quicky?

Vale, contestó él.

(Se partieron de risa).


Esa comida lo cambió todo.

 
 
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16 comentarios:

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Esoes lo que tiene ser tan tajantes.
Besicos muchos.

Genín dijo...

En la sencillez, absolutamente genial!!!
Gracias.
Besitos y salud

Mixha Zizek dijo...

Me divertí con la lectura de tu texto. Los personajes aparentemente extraños pero los sentí al final muy parecidos, correspondidos. Me gusta los elementos de intimidad que pones en tu texto, excelente, besos

Pato dijo...

Lena y sus platos geniales, ideales para glotones =)

(yo le hubiera fallado al señor porque no como nada que no sepa de qué se trata, una vez lo hice y casi muero del picor, me mandé un bocadito interesante de algo que era para comer en cantidades mmmmmuuuuuyyyyyyyyyy pequeñisisisisimas, ay madre mía casi llaman a los bomberos, ajajjaja)

Ahora entre nos, qué es un quicky?

¬¬

Besitos!

Aire dijo...

genial, como siempre!

TORO SALVAJE dijo...

Un quicky?

jajajjaja

Yo hubiera escrito kiki.
Debían ser británicos.

Besos.

carmeloti dijo...

Es la lectura más embaucadora que he leido esta tarde, que mezcla de pasión y placer, no hay nada que pueda iguarse al placer de lo bien hecho.
No es lo mismo comer para alimentarse que degustar el placer de una buena mesa, extrapolado y sin lugar a dudas metaforeado es genial!!!!

la-de-marbella dijo...

Muy bien Amiga Lena, aunque yo al quicky lo llamo kiki jajajaja. Encantador relato. Besos (me acorde de tí en mi cumpleblog)

Caty dijo...

:)

:)

:)


besitos hermosa!

Oswaldo Aiffil dijo...

Dioooossss, ¡yo quiero!

Malvada Bruja del Norte dijo...

Está muy bien, pero el final rompe la tensión sexual no resuelta...pero el resto magnífico, te has superado:poesía-gastronómica-erótica.

xixe dijo...

Bueno, a las mujeres les encantan los hombres que cocinan. Me dio hambre, salgo a comer. Saludos.

Franzl dijo...

Anáfora, catáfora y metáfora.

Sigo vivo, aunque encerrado.

¡Viva Lichtenberg!

Beauséant dijo...

me han dado ganas de aprender a cocinar...

Tarántula dijo...

Me encanta como de desarrollan los acontecimientos y la vacilación de la mujer, parece un baile en la delgada linea del rechazo y la pasión, jajaja, los efectos que provoca la comida.

Leyendo tu post me acordé de esa fantástica película dirigida por por Peter Greenaway, donde actúa Helen Mirren, que se llama "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante" No sé si la has visto, si no, TIENES QUE VERLA HOY!!, una oda maravillosa a la cocina, una película muy original.

Un saludo!

zer0gluten dijo...

El relato me ha encantado, la complicidad, la naturalidad de los pensamientos de ella, pero sobre todo, una palabra:

Abandónate.

Me ha encantado.

Besos.

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