Mil Orillas

11.11.11

Una entrevista para Granite Rainbow





He tenido la dicha de ser entrevistada por mi querida Fusa para la revista Granite & Rainbow.

También entrevistan a Espido Freire y al equipo de Grundmagazine.


Transcribo el comienzo de la entrevista con la primera pregunta y su respuesta.

Para seguir leyendo, sólo tenéis que pinchar este enlace, buscar la página 49 y voilà: ¡Es gratis!

Podéis leer en línea o bajar la revista...!G&R lo pone papita!

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EL SABOR DE LAS PALABRAS


Fusa Díaz

La primera vez que oí hablar de la gastroficción fue de la mano de Lena Yau: desde su blog, Mil Orillas (http://milorillas.blogspot.com/), me he ido acercando a este comerse las letras y leer los platos. Con historias tiernas y con un gran sentido del humor, donde la comida es un elemento importante, esta venezolana afincada en Madrid se hace un hueco en este número dedicado a la gula. Voraz en su escritura y culta en su alimentación, Lena Yau consigue fusionar bien el papeo y el cuento que cita en su bitácora: ¿Qué es lo más importante para la humanidad después del papeo? Que le cuenten cuentos. Eso reza Tonino Benacquista presentando las Mil Orillas... su autora, entonces, nos ofrece un dos por uno muy apetecible: cuentos y papeo.

F.D.: Como decía en la presentación, la primera vez que supe de la gastroficción fue a través de las historias que aparecen en las Mil Orillas. Después de que algunos de los personajes me hayan acompañado un tiempo y me haya familiarizado con la unión de comida y letras, no me extraña nada, pero en un principio ambas cosas iban por separado. ¿Cómo llega a la gastroficción... se la trae el blog o se la trae al blog?

Llego a la gastroficción por la vía del desconcierto.

Fui una niña pequeña que leía mucho. Cuentos infantiles, biografías, cómics, teatro, todo lo que caía en mi mano. Esas lecturas me hacían sentir muchas cosas: alegría, tristeza, aburrimiento, risa, sueño, ganas de saber más, confusión. Pero hubo un cuento con el que sentí algo diferente. Un cuento que me dejó mirando las páginas del libro, los dibujos, buscando detrás de esas letras y esos colores, algo que no estaba escrito. Pasaba mi dedo sobre los relieves de la tipografía y pensaba: ¿dónde está lo que falta por decir?, pegaba mi oreja pensado que quizás uno de los personajes de la historia me lo susurraría, golpeaba con mis pequeños nudillos el dibujo de la puerta del castillo, creyendo que se abriría, que pasando el umbral, encontraría una pared escrita con las palabras que faltaban.

El cuento iba más o menos así:

Un Rey muy bueno tenía tres hijas.

Le preguntó a la primera: hija ¿me quieres? A lo que la hija contestó: sí, padre. Le preguntó a la segunda: hija ¿me quieres? A lo que la segunda contestó: sí, padre.

Le preguntó a la tercera: hija ¿me quieres?

A lo que contestó: Padre, te quiero como el pan a la sal.

El Rey entró en cólera y desterró a su hija de su reino y de su vida.

Para el rey, esa respuesta, era una muestra de irrespeto.

Para la princesa, la metáfora del amor entre dos que se necesitan, que se complementan, que juntos mejoran.

Para mí, mi primer desconcierto: palabras que me hicieron pensar muchas cosas.

Todo lo que el pan esconde.

Todo lo que la sal soporta.

La hogaza de pan, cofre de cuentos.

El alimento, herramienta de amor y odio.

La comida, filtro, sostén, papel para escribir.

Si el hilo se devana, la comida se cocina.

Si el novelo se desovilla, el alimento se desmiga.

Escribir es igual a esos procesos.

El desconcierto despierta mi curiosidad.

La curiosidad me lleva a observar con detenimiento.

La observación incluye preguntas y las preguntas, posibilidades.

Entonces descompongo lo observado y lo recompongo para entenderlo mejor, para orientarme. Desordeno para ordenar. Abro paso al claro oscuro.

Esas lecturas infantiles y las que siguieron con el paso de los años hicieron un poso que conjugado con experiencias vitales y fijaciones y manías varias conformaron un grueso de ideas que daba vueltas en mi cabeza y que no me dejaba dormir.

Buscaba paz en los libros pero las lecturas alimentaban y engordaban a mi remolino mental.

Viviendo me di cuenta de que filtraba la realidad a través de la comida.

Mis sueños, por ejemplo, siempre tienen un elemento relacionado con ella.

Y más. Leía las cartas de los restaurantes aunque no fuera a comer en ellos, interrogaba a familiares y amigos sobre lo que habían comido, si salían a comer en compañía preguntaba por la elección del resto de los comensales, si era yo quien visitaba un restaurante me fijaba en lo que se comía en el resto de las mesas, en las conductas, en los modos, en las situaciones.

En cada mesa, como mínimo, encontraba la base para un relato.

Dos desconciertos desataron la urgencia de escribir y publicar de inmediato.

El olor de un plato tropical en el invierno madrileño y la foto de una carnicería kosher en pleno centro de La Habana.

Hallé en el formato blog un soporte estupendo para todo aquello que ocupaba mi cabeza.

Comencé a publicar pequeños ejercicios narrativos apoyados con imágenes.

Con el tiempo me di cuenta de que la temática giraba en torno a la alimentación.

Luego observé que no se trataba sólo de gastronomía sino de la vinculación de la misma, del alimento, del hecho culinario, con la palabra.

Y después de ello concluí que era una tríada:

Alimento, lengua y tierra.

(El refugio).

A partir de esas tres cosas surgía el motor de cada historia.

Patologías, emociones, imágenes.

Las pérdidas, los refuerzos, las identidades.

Acuñé el término gastroficción para los textos que observaban las características expuestas.

Siempre me interesó el universo gastronómico.

No el hecho de comer o cocinar sino todo lo que ocurre en el antes, el durante y el después de ello.

Allí se esconden las historias no contadas...

(Más aquí )

6 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

:)

Felicidades Lena.
Vas como un cohete.
Me alegro.

Besos.

Genín dijo...

Serás mucho mas famosa que la de Harry Potter...jajaja
¡Felicitaciones!
Besitos y salud

la-de-marbella dijo...

Lena que BIEN!!!! Me encanta la entrevista,sobre todo tus respuestas. Felicidades!!! y un gran abrazo

LA CASA ENCENDIDA dijo...

De nuevo, muchísimas felicidades.
Besicos muchos.

Marilyn Recio dijo...

Felicidades y éxitos!! Un palcer pasearme por tu blog, he pasado un rato ameno. Te sigo hasta muy pronto!


sawabona!

Tarántula dijo...

Lo que más me gusta es que te guste tanto la combinación de la cocina y la literatura, en el fondo las dos son como una misma cosa.

¡Felicidad!

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