10.6.12

Retrospectiva palermitana y un adiós en parábola.



Antes de la actividad un almuerzo neorrelista.

Vespas, mesa en mitad de la calle compartida con el equipo del Instituto Cervantes...



                                                 Foto: Lena Yau


y con los músicos favoritos del Pez*.


                                                 Foto: Lena Yau


La conversación va de Caracas a Los Roques a la sierra madrileña a esquiar en las faldas del Etna para luego cabalgar a pie del volcán.

¿Dónde aprendiste italiano?

En el escenario, dice el músico. Y luego me cuenta del pescado prodigioso que cenó la noche anterior. De la cerveza ilegal/legal que consumimos en ese instante.


                                                 Foto: Lena Yau



Quiero saber más pero somos muchos. Hablamos y comemos. Reímos e intentamos saltar por encima del ruido de la calle. Un camión arenero fuerza un resquicio entre las mesas y exhibe un cartel en su parte trasera que me devuelve a Saussure.


                                                      Foto: Lena Yau.
                          Se lee: Le persone civili cercano i comtemtori

Volver al hotel sin maleta. Descansar el almuerzo. Comprar unos zapatos piadosos. Regresar al Instituto para conversar con la traductora. Hablar. Tensar a los ruidosos con la mirada. Aflojar con la sonrisa. Extender la red con un chiste suave. Pescar desde la complicidad. Cambiar de rumbo en plena conferencia. Girar el timón con la intuición como mapa. Ver en los ojos del público vectores que hacen la ruta. Escuchar. Recordar a Swift para encauzar. Contestar preguntas fáciles, difíciles, extrañas, no aventuradas. Concluir. Atender. Sonreír. Asentir. Ver en la distancia a los asistentes comer y leer.


                                   Foto: Belén Fiallos.

                                                 Foto: Belén Fiallos.
.

(Las tapas fueron preparadas por voluntarios del Cervantes. Los cuentos asociados a ellas son los publicados en las entradas precedentes).
La vuelta entre tenderos y botellón canalla. Pensar: me tomaría siete cervezas aquí, entre esta gente, en la calle. No hacerlo. Disfrutar de la fantástica conversación de mi anfitrión: Caracciolo, virrey italiano en Perú, cepas australianas, chilenas, toledanas, la muerte de José Enrique Rodó en una habitación del hotel que miramos, la gestualidad de los niños de la zona, despedirnos y saber que mi maleta apareció, festejar, irme a celebrar cenando conmigo misma.

Saboreo la cassata.

Remato con Zibbibo.

Y pienso en tu último trazo: el arco que pintaste en el aire para el adiós.

                                                                                    Foto: Gustavo Acevedo


In memoriam. Juan Rodríguez. (1958-2012)


(¿Cuántas tapias trepaste en Italia mi querido gato sorpresa?)


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4 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Otro que se ha ido?
Y no vuelven eh...
No vuelve ni uno.

Besos.

Genín dijo...

El contraste es la nota luctuosa...
Besos y salud

Beauséant dijo...

hatsa que te conocí no había identificado la comida con un acto social :)

Dante Bertini dijo...

demasiadas muertes, demasiadas crisis...cuesta soportarlas.

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