Preparábamos conferencias.
Me tocaba hablar de literatura y hambre.
Escribía a mano algunas algunas ideas y contaba cuencos de panacota.
Tenía más ponentes/comensales que panacotas.
Si fueran tartas, pensaba, podría dividirlas.
Volvía a contar.
El número de ponentes era impar.
El de postres, par.
Eso me desquiciaba.
Miraba mis papeles y tachaba mientras repetía: para hablar del hambre hay que saber de borrones.
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9 comentarios:
Lo normal hubiera sido matar un ponente.
No te parece?
Besos.
Dan ganas de comerse las palabras.
Besos.
No creas, la idea del Toro no es nada mala...
Besos y salud
Hay tantos tipos de hambre...
la otra opción es dejar que hable del hambre el que, obviamente, mejor puede hacerlo : el que se ha quedado sin plato
Ya ha sido dicho todo por quienes me antecedieron ¿En qué terminó todo? Dinos
¿los cuadros eran comestibles?
¿se podrian comer los unos a otros?
¿las panacotas se podrían vender?
panacota blanca sobre panacota blanca.
¿borramos todo y nos lo comemos?
Es reflexivo tu post,da para rebanarse la sesera.
Saludos.
quiero comer ya, y si tengo que pedir un deseo ahora mismo, ir a una de tus conferencias, pero no solo a comer, escucharte siempre será un ejercicio de la imaginación y de la alegría.
un saludo.
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