14.8.12

Libro del día



       Jardín de Cactus, Lanzarote.



Paseo mi Lanzarote. 

Mientras regreso, comparto esta entrevista.

Lo que leo, mis placeres culposos literarios, los libros que me han marcado...



¿Cual es tu libro del día?
Leo El esquizo y las lenguas de Louis Wolfson. (Le Schizo et les langues, Louis Wolfson. Preface by Gilles Deleuze. Gallimard). Un libro que más que leerlo se desentraña. Supe de él a partir de una reseña escrita por Paul Auster paraThe New York Review of Books (One-Man Language, 6 de febrero de 1975). Un libro inquietante en el que Wolfson, esquizofrénico y estudiante de idiomas (francés, alemán, ruso y hebreo) crea un lenguaje  cifrado para defenderse de su lengua materna (inglés). Combate el inglés hablado con tapones en los oídos y el inglés escrito con libros en idiomas foráneos que se coloca en la cabeza o que usa como cojines. Esa obsesión lingüística se refleja en su ingesta. La alacena es una amenaza: víveres contenidos en cajas, latas y bolsas que exhiben impúdicamente palabras en el idioma que tanto odia el escritor. Wolfson describe cómo logra entrar en la cocina: grita una suerte de conjuro en el idioma de su invención mientras usa un libro como escudo protector. El autor pasa del atracón al ayuno con la culpa de fondo. El esquizo y las lenguas es una fascinante autobiografía escrita desde el extrañamiento, la distancia y la defensa que otorga el uso de la tercera persona.El libro está escrito en francés y no es traducible. Después de dos años de búsqueda, lo encontré en una librería de la Universidad de Lovaina.
¿Algún placer culposo literario?
Literario, no. Leo con placer y culpa el papel couché, la crónica roja, los obituarios y las esquelas mortuorias. He establecido rutinas para esas lecturas. No puedo evitarlas, las necesito, forman parte de mi día. Intento mitigar la culpa convenciéndome de que son fuentes, espacios que encierran historias no contadas. Y lo son. Pero la culpa siempre está, mientras leo no puedo dejar de pensar: los diez minutos que le estoy dedicando a esto podría invertirlos en el libro de Seamus Heaney que me espera en mi escritorio.
¿Un libro que haya marcado un antes y un después?
Muchos. La obra de Roland Barthes porque me abrió las palabras, me reveló los ríos subterráneos que corren dentro de ella. Barthes por Barthes, especialmente.
La obra de Eugenio Montejo porque es una invitación a la escritura. El cuaderno de Blas Collen particular.
La obra de Juan Gelman porque conjuga lenguas, exilios, hambres, mesas, tierras. Destaco Dibaxu, por el ladino.
Todos los libros Juan Carlos Méndez Guédez porque leerlo es el mejor taller de escritura.
Pero si tuviera que escoger uno solo, diría que el libro que marcó un antes y un después en mí es La tentación del fracaso de Julio Ramón Ribeyro. Leer los diarios de Ribeyro me llena de electricidad, me quita el sueño, me regala ideas, me obliga a escribir. Porque después de cada lectura que hago de él entiendo que la vida es escritura.
Entrevista publicada originalmente en Libro del día
(¡Muchas gracias por invitarme!).

6 comentarios:

xixe dijo...

Qué importante es saber qué libros interesan y han marcado a las personas inteligentes. Saludos.

Genín dijo...

Me ha encantado la foto de los cactus, del resto no me he enterado mucho...jajaja
Besos y salud

h.j. dijo...

Que tengas un hermoso día de verano, ni muy caliente, ni muy frío, y todo lo contrario. Como tu post.
abrazo

TORO SALVAJE dijo...

No puedo resistirme al comentario, lo siento:

Y entre los cactus paseaba la linda flor.

Ya, ya, deberían encarcelarme por cursi pero tenía ganas de escribirlo.

Besos.

Tarántula dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tarántula dijo...

Hola Lena, ha sido un momento exquisito leer esta breve entrevista. Generalmente vengo aquí a enriquecerme y a entender muchas cosas que antes no entendía. "Tentación al fracaso" lo encontré en una biblioteca de Madrid y la verdad no podía dejar de leerlo, pero tenía muchas cosas, muchas cosas encima y tuve que dejarlo, allí mismo, en la mesita al lado de mi silla de lectora en la misma biblioteca. Desde entonces pienso con frecuencia en el libro como el amor que nunca pudo ser, y ya, me has convencido, es hora de comprarlo, porqué no. Besos y buenos días de verano.

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