17.12.13

Limbos



                                      Imagen: David Maisel.


1) Siga la línea amarilla, me dijo el hombre, y no pierda el equilibrio.

Pero basta que nos suelten una advertencia para que ocurra el peligro.

Mis brazos extendidos no funcionaron. 

Mi juego basculante con el tobillo de una pierna y la rodilla de la otra fue inútil: todo mi peso se fue hacia el mentón y a pesar de mis saltitos me salí de la línea.

Miré hacia atrás por si alguien me vigilaba. Quizás si lo hacía rápido podría volver a la recta.

El hombre de la advertencia vino hacia mí, me llevó a un andén con vías de lado y lado, me señaló el piso y comentó: ya no hay línea.

Su dedo apuntaba dos palabras. Una estaba a mi espalda. La otra en junto a los dedos de mis pies.

Intente avanzar. Intenté retroceder. Nunca pude.

Un óbice invisible lo impedía. 

Ése es tu sitio: un pasillo de entrevías.

Las palabras a las que no podía llegar eran "allá" y "acá".




                                    Imagen: David Maisel.

2) Elisa. Elisa. 

Era mi voz llamándote mientras daba vueltas y volvía al mismo punto.

Era yo, lo supe cuando grité pidiéndote ayuda, Elisa, yo perdida entre maleza muy alta, girando sin avanzar, cortándome la piel con el pasto, llenándome la ropa de cadillos, temblando al escuchar arrastres que sonaban a culebras.

Soy yo, es mi voz, estoy perdida en la hacienda, ha llovido mucho, necesito salir al camino que rompe a San Gabriel en dos, que lo divide en la tierra alta y la vega, Elisa, habla para saber dónde está el camino, alborota a los mochuelos, haz que vuelen los sangretoros, si hay partida de caza nocturna devuélvelos, quítales los faros para que no me revienten la frente, sácame de esta nada.

Tengo miedo.



                                 Imagen: David Maisel.


3) Ocho años sin ver a mis hermanos.
Ocho años sin ver a mis sobrinos, a mis tíos, a mi gente amada.
Ocho años de historias que se ven en la distancia con una mampara de por medio.
¿Dónde quedó mi voz?
¿La recuerdan?
¿Dónde quedé yo?
¿En fotos?
Esa ya no soy yo.
Una vez que te vas se pasa la página y se escribe otra historia.
Allá sigue la vida.
Acá es este raro limbo.
El país me sobrevive.

Yo soy su muerta.



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2 comentarios:

Genín dijo...

Parece una pesadilla, despierta que las fiestas navideñas ya están aquí y hay que disfrutarlas... :))
Besos y salud

Beauséant dijo...

en el limbo no sólo quedamos atrapados sin mañana ni pasado, estamos, además, condenados a repetir los pasos y los errores que nos llevaron hasta allí...

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