2.8.14

Isa Dobles

                                  Imagen: Isa Dobles por Rayma.  Prodavinci.





Son muchísimas las anécdotas que guardo de Isa Dobles.

Ella fue de algún modo el deseo de una niña convertido en realidad.

Con Isa viví momentos felices, momentos de enfado, momentos duros.
También momentos muy difíciles en los que tuve todo su apoyo.

En los que me guió.

Nos llevábamos muy bien y de vez en cuando nos tirábamos de los pelos.
Recuerdo una tarde en el Cada de Las Mercedes. 

Habíamos discutido por alguna estupidez (siempre era así).

Isa odiaba manejar y me pidió que la llevara al súper.

Yo estaba furiosa con ella.

En el súper me pidió que le escogiera un kilo de papas.

Me ardían las orejas de la rabia y escogí las más feas.

Sentí alivio inmediato con el gesto.

La bravura se me pasó, devolví las papas pochas y busqué unas bonitas.

De camino a su casa no le dirigí la palabra.

Sube, me dijo.

- Esta me va a dejar trabajando toda la noche, pensé, mientras ponía papeles en la mesa y revisaba pendientes.

Escuché ruidos en la cocina.

Isa salió con una sonrisa y un plato.

Hummus. El hummus de Isa. Lo preparaba con garbanzos y ají dulce y lo acompañaba con casabe.

Ese Hummus era mi perdición y ella lo sabía.

Hicimos las paces.

Era bravía, noble, incondicional.

Trabajaba por vicio, no podía evitarlo, latía periodismo, no se estaba quieta nunca.

Paralelamente era una anfitriona impecable.

Un oído. Un libro. Un hogar.

Isa fue mi día a día muchos años.

Estuvo en mi tiempo antes de yo saberlo.

También en un destino que luego corregí.

Parte de ese paisaje ya no está: mi padre, mi mejor amigo, un ex amor, todos fugados prematuramente.

Ahora ella.

Con la partida de Isa se cierra un círculo.

Y yo tan lejos, con tantas ausencias en mi cuerpo, con tanta gente sin poder despedir.

Me siento en deuda con la tierra, con mis idos.
Isa me conectó con una Venezuela que miraba de lejos.

Una Venezuela que hoy está soterrada.

Necesitaría una barra y tres cajas de vino para contarte, Isa.

He pensado en Margot, en Julieta, en Beatriz, en Alejandra, en Martín, en tus hijos, en tus sobrinos, en tu gente.

Te he pensado.

Como no hay bar 24 horas ni cuerpo que resista tantos riberas, dejo aquí un artículo pequeñito para despedirte o "bienvenirte"...ya no sé.


Isa

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— ¡Tengo 25 años y no he hecho nada!

— ¿Cómo que no has hecho nada? Estás frente a una máquina de escribir. Sé paciente.

(De una conversación con Isa Dobles hace algunos años).


Las letras me han perseguido desde siempre.Y yo, tauro terca, me empeñé en evitarlas hasta que ellas, tercas también, me hicieron comprender que había un camino por escribir juntas.

Mi primer recuerdo de la negación fue una tarde a caballos. Tendría siete años. Pregunté cómo se llamaba un potro. Me contestaron “Canelo”.

Un niño dijo:

—¡Será Canela! ¡Canelo no existe!

Me apresuré a responder:

—¡Claro que sí! ¡Tú acabas de decir Canelo! ¡Si lo dices existe!

Los adultos que nos escuchaban estallaron en risas.

—¿Cómo te llamas?, me preguntó alguien.

—Lena, le dije.

—Lena, tú vas a ser escritora.

—¡No! Yo voy a estudiar derecho.

—Créeme. Vas a escribir.

Me enfadé muchísimo y me fui sin montar a Canelo.

Hay personas que nos anuncian el destino. Hay otras que tropezamos y nos cambian la vida. Personas que sin saber, involuntariamente, nos llenan de enseñanzas, de regalos.

Conocí a Isa Dobles, otra vez, por terca. De pequeña sentía fascinación por esa mujer menuda, rubia, de voz  misteriosa que aparecía en la pantalla. Aunque mi yo niña se veía de adulta vestida con un traje sastre impartiendo justicia, mi otro yo niña se encerraba en el baño para imitar la voz de la señora de la tele.

Esa niña vivía en dos aguas: compraba compulsivamente códigos y leyes orgánicas que jamás abría porque estaba muy ocupada leyendo Julio y Salvador Garmendia, a Miguel Otero Silva, a Ludovico Silva, a Hesnor Rivera, a José Rafael Muñoz, a Teresa de la Parra, a Antonieta Palacios, a Ida Gramcko, a MiyóVestriní. Y también a Kotepa Delgado, a Cuto Lamache, a Igor Delgado Senior, a Tecla Tofano, a Sonia Sgambatti, a Isa Dobles. Las letras y la comunicación siempre me rondaban. Cuando cumplí 18 años supe que Isa iba a dar una charla en el pedagógico de Maracay.

Un impulso me llevó a asistir, a esperarla en la salida, a saludarla, a conversar con ella.

Lo que se suponía iba a ser un encuentro de cinco minutos se convirtió en una charla de horas y luego en una relación laboral y de afecto de muchos años.

Isa me preguntó si quería acompañarla en un proyecto. Dije sí sin pensarlo. Ese proyecto se abrió en racimos. Primero fue un libro, luego llegaron unos guiones sobre la vida de Sucre, después dos programas de radio.

Isa, siempre inquieta, siempre preocupada por lo que ocurría en el país.

Un día se le ocurrió lanzarse al ruedo político.

- ¿Y si inscribo mi candidatura?

Otro le entusiasmó la idea de abrir su restaurante. Las estrellas siempre la complacían. Pasados los años descarté del todo estudiar derecho. Me había licenciado en letras y seguía huyendo de ellas.

En mi cabeza se había metido la idea de ser productora de radio y de televisión.Isa me miraba cuando le contaba mis planes y se reía.

- Hazte locutora y estudia el Master en Comunicación Social pero no dejes de escribir.

Me encantaba visitarla en su apartamento de Cumbres. Las molduras azules de ese hogar me daban tranquilidad. Me gustaba ver a Margot, su mamá, sentadita en el sofá. Tan mayor, tan frágil y tan arreglada siempre. El perrito dando saltos. Las visitas incesantes.

Una tarde vino Trina Araujo.  Qué delicia escucharla hablar de Orlando, de su escritura, de lo mucho que echaba de menos sus manías. Otra llegó Chelique Sarabia.

Yo temblaba de la emoción pensando que tenía delante de mí al autor de la canción con la que aprendí a tocar cuatro y tarareaba Ansiedad mentalmente mientras intentaba tomar el café sin que se me notaran los nervios.

O el día que entró Soledad Bravo, toda batola, sonrisa y voz. Isa me conectaba con una Venezuela que yo había visto de lejos, en los libros, en el periódico, en la radio, en los cuatros, las guitarras y las bandolinas de mi escuela de música en Chacao.

Una tarde le anuncié que me casaba. Me miró cálida y me contestó: tengo el regalo perfecto para ti.

Me casé, volví de la luna de miel, murió mi padre, hubo un cataclismo.

Isa me llamó.

- Supe. Ven a verme.

Conversamos la tarde largo. Agotada por el duelo me despedí.

- Espera.No te he dado tu regalo.

Lo acepté desganada y le di un abrazo. En casa guardé el paquete en un armario y lo olvidé. Meses después tropecé con la caja. Al rasgar el papel que lo envolvía me encontré una grabadora de periodista. Tenía un casette adentro. En la tarjeta se leía: Como verás, no es una licuadora. Dale al play, está a tiro. Obedecí.

La voz de Isa comenzó a sonar. Me habló de lo difíciles que son las pérdidas.
Me explicó lo mucho que enseñan los fracasos amorosos. Me contó de su padre, del padre de Aníbal, del fuego de una avioneta, de las llamas en un coche presidencial. Me dijo de la piel que se nos pone dura para seguir. Y me dio una última instrucción:

Hagas lo que hagas nunca dejes de escribir.

5 comentarios:

Genín dijo...

Cada vez se queda uno sin mas gente, yo sobre todo los amigos de infancia, los de la juventud mas tarde, los de... mejor no sigo,unos se mueren, otros no, simplemente se van, cada vez está uno mas solo :(
Que descanse en paz.
Besos y salud

Solange Noguera dijo...

Isa Dobles es uno de esos personajes que formaron parte de esos afectos televisivos de mi juventud. En casa seguíamos su programa Venezuela Vibra y esa dupla estupenda que hizo con un Eladio Láres que empezaba en el medio televisivo. Siempre insistiré que hay personas que no deberían irse nunca, e Isa calificaba para ese privilegio. Ese escrito, ese último escrito de ella comparando al país con las flores más variopintas, me movió internamente. Lamento que se haya ido sabiendo que ese todo que era Venezuela para ella, esté presa de unos cancerberos que pisotean diariamente los sueños de miles de venezolanos.
Lena, muchas gracias por compartir tus vivencias con tan extraordinario ser humano. Saludos.

Beauséant dijo...

Todas las vidas necesitan alguien así, alguien que sepa empujarte o regañarte en el momento preciso.. por desgracia no siempre lo encontramos..

h.j.s. dijo...

Q bello post!!!
Nunca dejes de escribir
un abrazo

GEORGIA dijo...

No me perdono perderme tanto tiempo de los blogs, suerte que te leo en facebook, realmente es fascinante seguirte, abrazos

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