18.6.15

Hay mucho lejos siempre.





                           Imágenes: Julianne Swartz


1. De niña vivía en una zona de edificios de baja altura, creo que el más alto alcanzaría cinco pisos. 
Los edificios de mi calle guardaban acentos y sabores. 
Cada apartamento era un cuento. 

Así lo veía yo y al llegar de clases pedía permiso para visitar a las solteronas catalanas del 19, por ejemplo.
Ellas llenaban mis tardes de historias contadas con un dejo que sentía más francés que español. 
Tenía más libertad que la que tiene mi hijo, salía a la calle a comprar baratijas, a darle la lata a los gallegos del aparcamiento, a investigar sobre cayenas y trinitarias y a hacer excursiones en la urbanización fronteriza. 
Allí no había edificios. 
Las calles tenían casas bellísimas con una arquitectura fascinante. 
Me enamoré de una casa que tenía buhardilla. 
Siempre que pasaba por allí me decía:
- Cuando sea grande viviré en esa buhardilla. Seré una mujer bella y solitaria. Seré escritora. No tendré mascotas. 

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2. Hace días soñé que estaba en Gijón. 
La ciudad quedaba a los pies de un peñón parecido al de Calpe. 
- ¡Qué bueno que estoy aquí!, pensé. Despierta nunca he podido venir. Es la oportunidad perfecta para vivir el "fenómeno". 
El "fenómeno" consistía en un golpe de agua pulverizada que superaba el risco, pasaba sobre la ciudad sin mojarla y empapaba a quien miraba el horizonte. 
- Me encantaría vivir esto a diario, le dije a alguien que pasaba. 
Ese alguien contestó: 
- Imposible. Lo vives únicamente porque no eres de aquí. 
Una segunda ola de rocío le dio la razón a mi interlocutor, avanzó sin tocarlo y me arrastró. 
- Esto es delicioso, suspiré cerrando los ojos y dejándome llevar por la corriente. 
Unos silbatos sonaron. 
Una voz ordenó: "¡Suéltala ya!". 
El agua perdió el movimiento y se precipitó sobre la arena dejando un espejo que duró pocos segundos. 
Miré mis brazos, mis manos, mis pies: estaban llenos de hielo escarchado.

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3. Hago una lista de cosas que quiero hacer. 
Mis deseos se mueven como el juego de los aros que flotan en un recipiente con liquido y que con el impulso que da un botón y la maña de un movimiento de muñecas, debes insertar en un palo. 
No logro ordenar los regresos. 
Llevo semanas durmiendo poco, agitando el agua, acertando disparos. 
Pero la nostalgia de lo que fui se mueve sin descanso. 
Me miro al espejo para fijar. 
No me reconozco en la imagen. 
Hay mucho lejos siempre.


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1 comentario:

Genín dijo...

Como te diría...
A mi, es que me gusta todo lo que escribes... :)
Besos y salud

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