30.12.15

11 horas soñando literatura



           Imagen de El Ávila. Llega a mí vía twitter y por generosa cortesía de Miguel Bracho.





1. Iba en un coche por los Andes.

La carretera estaba esculpida en la misma cordillera, era muy estrecha y no tenía tierra o asfalto, no estaba apisonada, era de la piedra misma de la montaña, piedra negra, piedra madre. 


A diferencia de las paredes escarpadas de la montaña el camino era liso. 
Llegué al final. 

Una pared de la cordillera, una especie de pico, cerraba el camino. 

Bajo del carro y me asomo a un agujero de esa pared. 

Abajo veo un glaciar bellísimo. 

El contraste de colores y la sensación térmica y táctil de los colores era abrumadora: negro, blanco, rosa, turquesa. 

El silencio era milagroso. Se podía apresar con las manos. Un silencio que era tan o más bello que el paisaje. 
Bajo la mirada y descubro un pequeño hotel encriptado en la piedra. 

Las paredes transparentes se ajustaban al paisaje respetándolo.

______


2. En Lanzarote con Gaby y Eli. 


Los llevo para que conozcan. 

Se quedan alucinados con la belleza. 

Nos movíamos en una especie de yates pequeños que acomodábamos en el agua remolcándolos con cabos. 

Era como llevar barcos perritos. O tablas de surf. 

Cae la tarde y el mar reverbera en plata. 

Nos sentamos sobre colchonetas flotantes a conversar. 

Alguien le dice a Eli y a Gaby: no busquen a belleza en otra parte. Está aquí. Hay quien viene nostálgico buscando lo que recuerda de una olla marina en los 80. Cuando ven esto, lloran, perplejos. 

Le digo a Gaby y Eli: otra día vamos a los volcanes y al lago verde. 

En Famara tenemos que disfrutar desde la orilla. 

Señalé el horizonte: en él se mecían las dunas de Fuerteventura.


______



3. Palo de agua caraqueño. 


Conduzco por Altamira. 

Voy en mi corolla con Luz Elena. 

El agua corre alto por la calle, empieza a entrar en el carro. 

Pienso que El Guaire nos queda a la espalda pero no estamos a salvo: la montaña y sus ríos nos miran de frente. 

Recuerdo el deslave. 

Me digo a mí misma: esta vez toca de este lado. Si sigue lloviendo así el agua y el barro van a borrar a Caracas. 

El agua sigue subiendo y la corriente va fuerte. 

Luz, le digo, tenemos que bajar. 

Miro mis pies: se van a estropear mis zapatos, son de gamuza lila, los adoro. Recuerdo que tengo un par de botas de goma color naranja en el carro. 

Busco debajo de mi asiento y encuentro seis pares de zapatos, todos  bellísimos y poco apropiados para la lluvia.

El agua baja repentinamente y una especie de chica- mimo se acerca al carro. 


Luz le pregunta: 

- ¿cómo se dice tiza en tu idioma? 

- Táfara, contesta.

Luz se baja y se va con la chica y yo me voy hacia la tienda de Eli. 


Una tienda enorme y a todo dar de artículos deportivos de grandes dimensiones. Venden desde windsurfs hasta caballos de salto. 

En cada sección y con cada producto hay una puesta en escena. 

En él aérea de deportes náuticos hay un mar que expone los artículos. 

En la esquina derecha olas de tubo muestran las tablas de surf de última generación. 

Al medio una lancha lleva a un kitesurf. 

En el extremo derecho están los veleros láser y los buzos.


La mini playa se alarga para acoger la sección de Equitacion. 

Sobre la arena galopa un conjunto de caballos vestidos con los mejores aperos.

Pregunto si hay escuela, amo galopar sobre la arena, me dicen que sí, que hable con Eli para los horarios. 


Al final de la playa hay una especie de castillo medieval. 

La edificación es original y se trajo ladrillo a ladrillo desde Andalucía. Responde a la sección escalada. 

Subimos unas escaleras largas, quizás una altura de 15 pisos. Según subo, las paredes se estrechan. 

Al llegar al final hay una ventana minúscula, una especie de rendija. 

Me dan cuerdas, crampones, piolines, ropa de frío, una botella de aire, un equipo de campaña: al salir de la ventana caigo en uno de los 8 K. 

Hay ventisca y tengo dificultad para respirar. 

Un sherpa me dice que todavía es pronto para usar la bombona. 

Unta crema en mi cara y me pide que lo siga.

Despierto.


________

2 comentarios:

Genín dijo...

jajajaja Estaba esperando que dijeras que lo soñaste, tantos pares de zapatos debajo del asiento del carro, no puede ser real...
¡Feliz salida y entrada de año!
Besos y salud

h.j.s. dijo...

Me encantan los Andes, los amo, extraño, busco.

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