16.8.17

Romántico


                                              Foto de Miguel Vallinas


Ciegos de hambre pidieron, con la amabilidad que la urgencia les permitía, una mesa.

El maître iba a despacharlos sin miramientos cuando reparó en el amor que proyectaban sus ojos extraviados, en el sudor frío de la mano del chico y en la tormenta de truenos del estómago de la chica.

Ella jugaba al equilibrio sobre sus tacones de aguja para así poder simular que tropezaba.

Era una excusa para dejar caer sus pechos tibios sobre la espalda de su novio.

Él buscó su mano, la apretó fuerte, exhaló un ¿estás bien? casi inaudible.

Estamos completos. Pero tengo un reservado, una mesa para dos. Es muy íntimo y poco iluminado, añadió con un guiño cómplice.

Noche romántica para dos amantes de verano.

Por orden del maître no se encendieron las velas de la mesa.

Retiren las briseras, tomen nota y no los molesten.

Ordenaron ensalada de bogavante, fondue de carne y champagne rosado.

Él pidió descorchar.

El mesonero trajo la comida, la bebida y los dejó a solas.

Ella tanteó el aire buscando su mano.

Él agitó la botella para que el corcho saliera con arte.

Tras el plop de costumbre se escuchó un sonido mullido seguido de un sollozo.

¿Qué tienes, gatita?

Estoy un poco emocionada, dijo entre lágrimas.

Trenzaron sus brazos y brindaron. 

Él mojó su piel en la de ella. Esa humedad lo confundía, ave de vuelo desorientado, derrotado apenas por un roce. Pero el hambre…

Ella se hizo con el bogavante.

Separó la cola y las pinzas.

Tomó las tenazas y atacó el caparazón.

Le pareció que estaba suave.

Tal vez no era bogavante sino cangrejo de concha blanda.

Decidió callar. La velada seguiría siendo perfecta.

Escarbó el interior de las pinzas con la espátula y trinchó lo que pudo de la carne del bogavante/cangrejo. 

Sintió que su novio se estremecía.

¿Qué tienes, brujete?

Muero por tus huesos, rubia, le dijo con voz atiplada.

Ciegos de amor comían desde el otro y en el otro, se tocaban, tragaban, se decían y bebían, se leían con las yemas de los dedos, con la respiración, con la punta de la lengua. Se nutrían mutuamente, alternaban bocados, besos y mordiscos.

Un sonido les indicó que el aceite hervía.

Ensartaron la carne en los pinchos y la sumergieron en la cazuela.

Un olor muy dulce invadió la mesa.

Les gustaba poco hecha.

Cada quien tomó su pincho, liberó la carne cocida en el plato y la salseó.

Ella en Dijon para él, él en finas hierbas para ella.

El tenedor de él apuntó hacia ella, el de ella hacia él.

A cada bocado un gemido, un escalofrío, una caricia líquida, ahogos, susurros gangosos que acabaron en el silencio más puro.

Cuatro horas más tarde, Isidoro, el maître, gritaba a la policía su inocencia. Sólo quiso hacerlos felices, se veían muy enamorados, ¿cómo iba a saberlo?

Mi único pecado es ser un romántico.

Los encargados taparon los cuerpos con una sábana.
A ella le faltaba un ojo.
En su lugar había un corcho Dom Ruinart Rosé del 96.
Tenía el rostro y el cuello perforados.
Un tenedor se había clavado innumerables veces.
Tocó la yugular en cuatro ocasiones.

Él tenía los dedos de las manos destrozados.
Las tenazas para cascar el bogavante los habían triturado.
Estaban descarnados.
Exponían sin pudor sus falanges.
No tenía nariz. Tampoco boca.
El torso de tan agujereado parecía un colador.
La poca sangre que le quedaba en el cuerpo la contenía el pene.
Tenía y mantenía una erección mayúscula.
Los forenses, entre risas, no daban crédito.

Murieron desangrados.

Ciegos de hambre.
Ciegos de amor.
Ciegos totales.

¡Eran ciegos, idiota! ¿cómo no te diste cuenta? ¿a quién se le ocurre dejar cenar a una pareja de ciegos sin supervisión?


A un romántico, contestó Isidoro, el maître, cuando el estupor se lo permitió.



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5 comentarios:

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Impresionante Lena, qué mezcla y que final!! Me ha gustado mucho.
Besicos muchos.

Genín dijo...

¡Que terrible!
¡Genial!
Besos y salud

Beauséant dijo...

Jope, me has descolocado por completo... Me ha encantado :)

Esa fina línea que separa el romanticismo de la estupidez, si es que...

JENNY dijo...

Me has dejado boquiabierta con ese final !!!

poetarte dijo...

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